Lo primero que quiero destacar de aquí es la romantización de una relación de, como mínimo, manipulación, por parte de los personajes. Por mucho que no se mencione, al ser contada desde los ojos de una Tosca que no lo ha considerado nunca así, la mente de Leo está enferma por haberse como mínimo fijado en una niña que se ha criado como hermana de sus propias hijas.
Leo es un personaje vacío, que no sabe lo que quiere, que se quiere presentar como un príncipe azul de 18 años cuando esa es la edad que le saca a la protagonista. De ahí el rechazo de la hija mayor, que se percató de cómo su padre prefería a una niña, no como hija, sino como novia, antes que a ella.
El resto de personajes sí que parecen interesantes, aunque todos giran, naturalmente, en torno a la historia de la narradora, Tosca, por lo que no sabemos apenas nada de Charlotte, de Cosimo, etc. Es genial que la protagonista consiguiera salir de aquella casa en la que se crió, y considero que Mafalda, otro personaje admirable, no tenía razón en enfadarse, pues por qué debería aquel terrible padre probar a una niña de 9 años que ha pasado de tener que cocinarle a vivir en un palacio junto a las princesas. Ella tenía potencial y es genial que lo acabara usando en crear una casa para mujeres que quisieran vivir en comunidad.
Un punto a favor es cómo se muestra la vida en la isla de Sicilia durante el tiempo de la historia, tanto el aislamiento en la Segunda Guerra Mundial como la vida en el campo, la ciudad y el palacio, así como qué tenían que hacer las personas pobres para sobrevivir, como Mafalda, que no tenía problema en moverse para conseguir trabajo, y que había acabado por acostumbrarse a esa vida compartida con nadie.
No es un libro que te vaya a cambiar la vida, pero te va a dar otra perspectiva de todos los puntos antes mencionados, así que, si estás dudando: sí, léetelo.