Este es el libro con el que María Elena Walsh se dio a conocer como poeta. Lo publicó en 1947, en una edición que pagó ella misma, cuando tenía 17 años. Recoge una selección de los poemas que venía escribiendo desde apenas entrada en la adolescencia. Llama enseguida la atención la temprana madurez de esta escritora, la destreza a un tiempo conceptual y musical con que maneja las palabras. También se advierte aquí el germen de su imaginería personal, cosechada en el paisaje suburbano, que desbordaría posteriormente en sus poemas y canciones, también en las dedicadas a un público infantil. Y esa difícil sencillez en el armado de las frases, esa fluidez sólo aparentemente natural en la expresión. Otoño imperdonable, cuyo título es en sí mismo todo un hallazgo, atrajo de inmediato la atención de poetas consagrados como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Silvina Ocampo y Juan Ramón Jiménez, y le abrió las puertas de los suplementos y las revistas literarias de la época.
Fue una poetisa, escritora, música, cantautora, dramaturga y compositora argentina, que ha sido considerada como "mito viviente, prócer cultural (y) blasón de casi todas las infancias". Por su parte, el escritor Leopoldo Brizuela ha puesto de relieve el valor de su creación diciendo que "lo escrito por María Elena configura la obra más importante de todos los tiempos en su género, comparable a la Alicia de Lewis Carroll o a Pinocchio; una obra que revolucionó la manera en que se entendía la relación entre poesía e infancia.".
Especialmente famosa por sus obras infantiles, entre las que se destacan el personaje/canción "Manuelita, la tortuga" y los libros "Tutú Marambá", "El reino del revés" y "Dailan Kifki", es también autora de difundidas canciones populares para adultos, entre ellas "Como la cigarra", "Serenata para la tierra de uno" y "El valle y el volcán". Otras canciones de su autoría que integran el cancionero popular argentino son "La vaca estudiosa", "Canción de Titina", "El Reino del Revés", "La pájara Pinta", "La canción de la vacuna (El brujito de Gulubú)", "La reina Batata", "El twist del Mono Liso", "Canción para tomar el té", "En el país de Nomeacuerdo", "La familia Polillal", "Los ejecutivos", "Zamba para Pepe", "Canción de cuna para un gobernante", "Oración a la justicia", "Dame la mano y vamos ya", etc. Entre sus álbumes destacados se encuentran "Canciones para mirar" (1963) y "Juguemos en el mundo" (1968).
La conocida película de dibujos animados "Manuelita" (1999), dirigida por Manuel García Ferré para el público infantil, se inspira en su famoso personaje y reúne sus canciones.
Entre 1951 y 1963 formó el dúo Leda y María junto a Leda Valladares y entre 1985-1989 fue designada por el presidente Raúl Alfonsín para integrar el Consejo para la Consolidación de la Democracia. Entre los artistas que difundieron el cancionero de María Elena Walsh se destacan el Cuarteto Zupay, Mercedes Sosa, Jairo, Rosa León y Joan Manuel Serrat. Fue pareja de Sara Facio desde 1978 hasta su muerte.
Otoño Imperdonable es, probablemente, el poemario más duro, honesto y bello que he leído, así como el que más he disfrutado. Es necesario mencionar -porque me parece muy interesante - que estamos ante poemas escritos en una edad muy temprana, entre los 14 y 17 años, por una muchacha lesbiana de la Argentina de los años 40, nacidos de una madurez poética asombrosa, y que sirven de testimonio del suplicio que puede -o no- soportar una persona joven plenamente consciente de su homosexualidad reprimida.
La obra es muy desoladora y determinista, aunque por instantes se puede atisbar cierta pequeña esperanza, amor y felicidad, pero solo a través del recuerdo de la infancia que, para ser tan próxima a la autora, en sus versos parece muy lejana.
Tuve una imagen mental muy presente durante toda mi lectura: un pequeño árbol, encadenado por sus propias raíces a una tierra desabrida, en el que circulan dos savias: una dulce y otra amarga. La primera proviene de la inocencia y la esperanza, resultando muy escasa; la segunda, de un espíritu mancillado por la profesión del silencio y la angustia.
no voy a mentir, algunos poemas me costaron y otros no terminé de comprenderlos. más allá de eso, a María Elena la AMO y la voy a defender siempre !! me sorprende un montón que haya escrito esto entre los 14 y 17 años, no tiene sentido tanto talento
María Elena, que orgullo haberte tenido ❤. No puedo creer como se puede tener esa cabeza a los 17 años (sin subestimar a nadie, por supuesto). Es increíble, ella, su escritura, su expresión. La admiro mucho, que lindo haberme cruzado con este libro 💐
Después de conocer a María Elena Walsh desde chica por sus libros y canciones infantiles, poder leer esto como una persona adulta (mujer, argentina y queer) es, como mínimo, una caricia al alma. Qué lindo tener sus letras.
“Es verdad que nací para estar triste junto a cualquier ventana, cuando llueve. Pero eso sí: guardadme mi silencio, aquel tan habituado a mis papeles, desordenado como las estrellas, amigo de mi voz, sencillamente.”
Los poemas de este libro María Elena Walsh los escribió en plena adolescencia. Como una (ex) niña que se crió con sus cuentos y poemas me pareció muy interesante ver cómo su estilo ya se notaba desde tan temprano. El contenido es intenso pero maduro. El amor, el miedo y las ganas de vivir son temas muy presentes. Me conmueve todo mucho más cuando recuerdo que no sólo era muy joven cuando publicó esto, sino que era una adolescente lesbiana en Sudamérica en los años 40. Mis favoritos son “Dedicatoria” y “Poemas con razones principales”.
Me encantó acercarme a este lado de María Elena Walsh, sus poemas son distintos y la "elección de palabras" es hermosa. Aún así me costó engancharme, algo que me suele pasar con los poemarios. 2.5⭐
Otoño imperdonable, el primer libro de poemas de María Elena Walsh, es un testimonio conmovedor de una escritora joven y madura que, a los 17 años, ya manejaba las palabras con una destreza impresionante. Publicado en 1947, en una edición autofinanciada, este libro reúne poemas escritos desde su adolescencia, reflejando una sensibilidad inusual para alguien tan joven.
Desde los versos iniciales, como "Es verdad que nací para estar triste junto a cualquier ventana, cuando llueve", se vislumbran la melancolía, el amor y la soledad, emociones que se tejen con una musicalidad única. Walsh ya mostraba el talento de la imaginería que más tarde desbordaría en sus canciones y poemas para todas las edades. Esa fluidez casi mágica con que construye frases aparenta ser sencilla, pero encierra una complejidad llena de significados.
Cuando leo los versos como "Pero si alguna vez te desespera un gran silencio, es el silencio mío", siento que los poemas no guardan secretos, sino que los callan, atrapados en la honestidad de sus palabras. María Elena Walsh, entre los 14 y los 17 años, navegó entre súplicas de amor y arrebatos de inspiración, como si las palabras se le escaparan y ella solo pudiera aferrarse a algunas.
"Verano, clima de ausencia, tiempo de mi soledad" resuena como un eco de su búsqueda interior, esa que, incluso en su juventud, logró traducir en arte atemporal.
Simplemente magnífica, compleja e inolvidable Maria Elena Walsh.
Siempre escuché el nombre de esta mujer y hoy decidí buscarla. Supe que escribía pero nunca leí algo de ella. Estacomo su primer obra que conozco me encantó, en especial la siguiente parte:
Paisaje de elegía
No escuches mi dolor, tú que me heriste.
No te reclama ya ningún acento.
Sólo en mi corazón la sangre es triste.
(¡Oh lentas calles del otoño lento!)
No te requiero un solo mandamiento.
—Tú que me niegas, tú que no me diste—
No sientas esta muerte que yo siento.
(¡Oh tristes voces del otoño triste!)
Que sólo a mis entrañas se refiera
este clamor, este importante frío.
Quiero que no te alcance su lamento.
Pero si alguna vez te desespera
un gran silencio, es el silencio mío.
(¡Oh lentas sombras del otoño lento!)
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《Digo que eres sostén y nervadura de esta riqueza que no llamo mía porque eres la verdad de mi alegría, porque estoy reclinada en tu dulzura.》
《Huyó mi voz de todos sus espejos y renaciendo en floración atávica dijo con el lenguaje del silencio lo que decir no pueden las palabras.
Un ritmo vertical buscó mi sangre, su calidad de lastimada savia, mientras como una firme enredadera la tierra a mi dolor se encadenaba.
[...]
Desde la linde diáfana del aire multiplicados cielos me reclaman. Y mi desolación arborecida busca alcanzarles un montón de llamas.》
《Madurará con pausa y exactitud de necesaria estrella y sólo incertidumbres me probarán su órbita, su doloroso amor, su cumplimiento. Será un desgarramiento elemental, constante. Desesperada espera —lo sé— desesperada.》
《No regresó conmigo la alondra persuasiva porque me desterró de su latido cuando el cielo fue luz de mediodía.》
《Yo sé que estoy en vísperas de lo desconocido: un presagio madura tristemente en mi pulso. Por él ¡oh despiadado! ya imagino las noches en que andaré descalza por pasillos oscuros.
[...]
Todas las cosas deben florecer. Que el augurio se nutra de mi sangre y cumpla su presente. Como él es el paisaje que habitará el dolor yo soy un sitio donde florecerá la muerte.》
《Oh profesión salobre de silencio. Yo lo he callado todo. Las palabras me negaron su tránsito oportuno con un hilo de hierro en la garganta.
[...]
Tal vez es una herencia de crepúsculos en que el mutismo fue horizonte y gracia, que revive en sajonas precauciones y caldea mis venas en su fragua.》
《Bajo la risa del verano giraban mundos de colores. Entonces era yo tan niña que no sabía el nombre de las flores.》
《soy forastera en el ámbito de esta dulzura sin par. No sé que hacer con mis ojos inmigrantes. No sé ya cómo habré de repetirme de silencio tan fatal, de mi bautismo de sombra frente a tanta claridad.》
《Un día —no sé cómo— me di cuenta que amaba este cielo encauzado en dosel de follaje, que amaba este silencio iluminado en trinos, este paisaje triste que casi no es paisaje.
Por aquí pasé un día con el primer asombro, con el ardiente asombro de saber ya pensar. Y, vírgenes los labios de palabras lejanas, hablaba con los árboles mi voz elemental.》
《Y gracias a una tierna hechicería la noche prodigaba su consuelo con tanta caridad que uno veía las estrellas tiradas en el suelo.》
《Ya preguntaba por el mundo mío, por la calle sin voz, por el pausado retorno de la noche en el rocío y por el aldabón desmemoriado.》
《Los árboles huyentes y casi minerales imaginaban órbitas de cercanos zodíacos y un silencio salobre se helaba en la estatura del aire en el ramaje plural estremecido.
El agua de la noche trazaba en mis pupilas acuáticos senderos, tréboles cristalinos. Qué pleamar, qué alarma: vertientes verticales y páramos de sombra que llevan a un abismo.》
《Se inauguraba la fisonomía adormecida de la primavera en la celeste voz de las glicinas y en el turismo de las golondrinas.》
《Es verdad que nací para estar triste junto a cualquier ventana, cuando llueve. Pero eso sí: guardadme mi silencio, aquel tan habituado a mis papeles, desordenado como las estrellas, amigo de mi voz, sencillamente.》
《Creo que todavía no he nacido y hace mil años que me desconsuelo. Contemporánea de las hojas, pido un poco más de tierra para el cielo.
[...]
Enumero verídicas arenas, lo que a orillas del tiempo he recogido: montones de estropeadas azucenas, algunas caracolas sin sonido.
Pero digo: —No importa que estén rotas, que se hayan muerto todas estas flores. Ya volverá la música a sus notas, ya Dios inventará cosas mejores.》
《Y menos mal que ya la enredadera azogada de lluvia, merecía pecíolos de luz, mientras la era bajo el silencio azul reverdecía.
Un capricho de nubes sólo fuera aquella negación del mediodía, abierto luego en un portal de espera y en una ingenuidad de celosía.》
Primer poemario de María Elena Walsh, lo escribió a los 17 años. Ya apuntaba a ser una de las grandes voces de la literatura argentina.
"Balada triste" fue mi favorito, me recordó los domingos a la mañana cuando la lluvia nos corre a los feriantes en el monte:
"Era el otoño y era la llovizna, la inicial certidumbre del poniente. Mis pasos desandaban su tristeza mientras sobre la tierra conmovida era el otoño y era la llovizna."
Verdaderamente no es un poemario para todo público , no porque trate algo que alguien no deba saber sino que siento que para entenderlo hay que tener cierta madurez y por desgracia siento que eso hizo que no me encante , sumado al hecho de que notaba un deje muy anticuado , cristiano pero a veces lesbiano , reiterativo .
En fin algunas frases me gustaron y mucho pero es un 1.5 ✨👉🏻👈🏻
Es muy difícil puntuar un poemarío e incluso reseñarlo. Estos poemas de Maria Elena Walsh escritos en su temprana adolescencia son crudos y duros, por momentos pesimistas, tristes pero a la vez conmovedores. Demuestra desde los comienzos un talento innegable para las palabras. Me ha gustado mucho conocer esta otra faceta y será un libro para volver y releer.
Me cuesta creer que sean poemas de adolescencia y autopublicados a los 17... es increíble. Una poeta extraordinaria. Aparte de la madurez y modestia de la sincera instancia poética, la métrica se cuida muy bien.
Poemas autopublicados a los 17 años de la autora. Se vislumbra el talento que se expandida luego. Un referente literario para muchas generaciones de niños argentinos. Sus canciones nunca pasan de moda.
Un poemario muy triste, no es de mis favoritos, el espiritu de la angustia te persigue cuando lo lees, pero siento las palabras tan miticulosamente elegidas, que siento que sólo es el aliento fantasmal de la angustia.
Yo nunca tuve edad. Por eso entonces crecí en la medida de mi muerte ante la certidumbre del dolor y la presencia de lo inexistente y esa frialdad de las antiguas voces sólo atentas a sus atardeceres.