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391 pages, Paperback
First published January 1, 2009
Hoy en día no se puede decir eso, hay que decir «tercera edad», como si fuera la cuarta dimensión. Se dice «octos» por octogenarios, la última coquetería de una raza nueva que me parece cobardemente cómplice de estas florituras verbales. Es como si para tener una vejez como debe ser, uno tuviera que vivir una segunda juventud. ¡Qué paradoja más enternecedora! Rejuvenecer o desaparecer, esa es la elección. No les culpo, así son las cosas. Cuando yo era joven, los viejos eran viejos, y hoy que soy vieja, toca sentirse joven.Hay que decidir vivir en un mundo en el cual se valora la edad que tenemos, mientras no la aparentemos. Y claro, cada vez son más los empeñados en ocultarse en franjas de edad que no les tocan. Como una especie de guerra de los vivos, y en cuanto a los demás, los que no pueden hacer trampa, los disimulamos como podemos.
Cuando vuelvo a leer un libro, meses o años después, nunca es la misma frase la que me llama la atención. Como si la lectora de antaño tuviera ahora deseos e intenciones diferentes.
Pero creo que escoger el lugar donde vivir y los seres que nos rodean es la última dignidad que le queda a un anciano, hasta el día en que ni siquiera pueda elegir eso.