Esta es una historia real y conmovedora de amor incondicional. Es el encuentro de dos almas, la de un gato y la de un humano, que se inspiran, confortan, ayudan y aman. El gato Émile, que es un prodigio de sabiduría, sensibilidad, ternura y entrega, se convierte en un maestro para Ramiro Calle y no hay día que no aprenda a través de él esenciales enseñanzas y pautas para la vida, y todo ello mediante una profunda y rica conexión que se celebra más allá de las palabras y los conceptos. De las más de 200 obras de Ramiro Calle, ninguna resulta tan intimista y sensible como ésta, poque no está escrita desde la mente, sino desde el ser. Este libro es asimismo un canto de inmenso cariño a todos los animales, a los que el llamado ser humano tanto ha explotado, menospreciado y maltratado. A través de la presencia y actitud de Émile en su vida, el autor abre de par en par la puerta de su corazón.
Ramiro Antonio Calle Capilla (Madrid, 1943) aka Ramiro A. Calle, es un maestro de yoga y escritor. Ha escrito más de un centenar de libros de diversas temáticas, en su mayoría filosóficas o espirituales, aunque también recopilaciones de cuentos y guías de viajes. Desde 1971 dirige el centro de yoga Shadak, por el que han pasado más de trescientas mil personas. También ha impartido clases en la Universidad Autónoma de Madrid, y ha dado conferencias en otros lugares.
Este es un libro muy especial, profundo, conmovedor e íntimo, pero probablemente sólo pueda entenderlo alguien que convive o ha convivido con gatos en relación estrecha. Es básicamente una carta de amor del maestro de yoga, Ramiro Calle, a su gato Émile, con quien convivió más de once años. En un estilo cercano, honesto y sin imposturas, el texto se centra en la relación de Calle con este especial felino, las circunstancias en que llegó a su vida, cómo envejecieron juntos y finalmente cómo debió despedirse de él. Al leerlo se percibe en detalle cómo se enamoró perdidamente de Émile y lo mucho que aprendió de él en todas las áreas... Es un libro bello y realmente conmovedor, e inevitablemente arrancará más de una lágrima a aquellos lectores que han tenido la suerte de compartir una relación así de cercana con algún gato.