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184 pages, Hardcover
First published December 15, 2008
“Pensó en que le gustaría desaparecer del lugar en ese momento. No pudo pensar en ningún lugar agradable donde aparecer”.
La prosa despiadada de Busqued es como un ladrillazo en la cabeza. Sin ornamento, sin reflexiones, es pura imagen en movimiento. Las imágenes son insoportables pero el autor logra que, pasadas las primeras escenas, la violencia sea algo esperable y natural.
La historia empieza cuando a Cetarti lo interrumpen en medio de un documental para avisarle que a la madre y al hermano los mataron a escopetazos. Desde ese momento su vida empieza a empeorar o a mejorar, parece que a él le da igual. Tiene que hacerse cargo de la inhumación y esto lo relacionará con dos personajes perversos.
Los lugares por los que transita Cetarti son deprimentes, sus días están vacíos, llena las horas con lo que puede. Ese sinsentido es asfixiante, me llevó a preguntarme cómo Busqued llegó a escribir esto y cómo lo hizo tan bien en una primera novela. Busqué una entrevista en la que el escritor cuenta que vivió siempre muy mal y en un momento de crisis se puso a escribir a pedazos esta novela. En uno de esos pedazos se cuelan fotografías de la dictadura y él cuenta:
“…Yo te digo: esto que escribí en una casa, en un barrio en que todo el mundo escucha cuarteto a todo volumen. Ahora está pavimentada mi excasa pero en esa época era calle de tierra. Lo que escribí cuando estaba todo mal, en medio de la desesperación y la soledad… Entonces yo, que sé cómo la escribí, que sé la vacilación, el desoriente, la nada que tenía en la cabeza cuando la estaba escribiendo, que de repente te agarren y te digan: “Noo, acá hablan de una manera original de la dictadura…”. Y no loco, yo no quería hablar una mierda, puse eso porque me pareció que era iluminador y siniestro, y porque hay tipos que secuestraron gente en la dictadura y después tenían una empresa de secuestros, pero yo no quería explicar un orto. Entonces de repente, recién ahora me estoy librando de pensar la cosa en esos términos, viste. Y de vuelta decir: bueno, busquemos qué era. Yo tengo un malestar adentro que no lo termino de definir, y digo, bueno, voy a ir por ese malestar, lo voy a sacar y lo voy a poner ahí. Esa es la única confianza que tengo”.
Entonces, leo esto y veo que no hay que explicar todo, que este libro se siente en el cuerpo. Yo lo sentí.