Barcelona. 20 cm. 190 p. Encuadernación en tapa blanda de editorial ilustrada. Traducción del alemán por Pilar Giralt Gorina. Traducción Meine Schwester Antigone .. Este libro es de segunda mano y tiene o puede tener marcas y señales de su anterior propietario. 8432246964
Grete Weil was born in Munich in 1906, the daughter of a Jewish lawyer. When the Nazis came to power, she emigrated to Holland with her husband, the playwright and director Edgar Weil. In 1941, Edgar was arrested; he later died in a concentration camp. Grete went into hiding, and it was then that she began to write, first theater pieces, then fiction. After the war, she returned to Germany, and eventually settled near her native Munich, where she lived from 1947 until her death, at age 93, in 1996. She was the author of five novels, a memoir, and several collections of short fiction. The German original of Aftershocks was first published in Zurich in 1992.
El día a día de una superviviente judía burguesa que, tras el holocausto y la perdida de sus seres queridos, muestra como esto es una herida que nunca cierra y que se desangra al vivir su vida, su mundo, su vejez (y los años de juventud perdida)… Todo en comparación con Antígona, con quien se identifica. Es perfecta la manera de relatar la aparición de la herida, mezclando imágenes traumáticas con momentos cotidianos.
''Sola como una cualidad. Vivir hacia dentro. Vivirse uno mismo. Buscar contactos pero no estar dispuesto a revelar secretos. Ni siquiera a los hermanos queridos. A ellos menos que a nadie''.
Trista, caòtica, genealògica, introspectiva, breu i una mica postmoderna. Procés de la pèrdua progressiva i lenta: el gos, el marit, la mare, el segon marit, però sobretot de la identitat, la pàtria i la llengua.
Los días ya no tienen sabor, y los pájaros no cantan melodías sino que chapotean; las calles huelen a podrido y la penumbra eriza la piel; el silencio es ensordecedor, lleno de ecos de una voz familiar que recrimina y apuñala los oídos para que sangren. La fealdad se convierte en hogar, en confort. Esa frase de Simone Weil, con la que Kluger abre su novela, y que se asoma entre las palabras de Grete Weil : "decir sufro es mejor que decir este paisaje es feo". El deseo de juventud de alguien a qui le fue arrebatada, para quien no ha pasado el tiempo pero cuyo cuerpo se ha marchitado. Un perro perdido que abre la herida de un muerto desaparecido. Una cobarde que quiere hacerse llamar Antígona, a pesar de haber arrodillado su cabeza, todo un pueblo, frente a su humillación. Antígona pidió un entierro; los campos fueron sacrilegio de los cuerpos. Weil dijo sí al exiolio, sí a acatar las leyes de Hitler, sí a abandonar la identidad, sí a desistir de la lucha. Ese dardo de Wilhem Reich y Lacan de la naturalea humana de sucumbir a los deseos de los demás, y entrar en una naturaleza de perseguir el malestar. La base del poder. Ese "y si" que emana de las tumbas. Esa frase que enmarca la pared del campo de concentración: " si dios existe tendrá que rogar nuestro perdón ". Cómo se sometieron tres millones de personas? Cómo no pudo haber ocasión de imponerse, tal masa? Quizás la resignación frente al creer que nada peor iba a pasar ya, aunque pasó, y pasó, y pasó. El pueblo quedaba en silencio, se dejaba golpear y se dejaba morir; se miraba morir con aceptación. Lo vemos en el informe de ese oficial, que lanza a los niños por los aires, y da muerte indiscriminada a las muchachas, y que golpean a los ancianos, entre las risas y los comentarios juguetones de sus compatriotas.
Una obra que cala por narrar el pasado desde el trauma que acecha diariamente a su víctima en el presente; esa víctima que vive entre el mundo, pero este le susurra cruelmente en cada esquina, le punza cada roce y le perturba cada imagen, que hace que el pasado emerja y recuerde todo aquello que fue, inexplicable con la perspectiva. Escrito con absoluta intimidad, una voz femenina que acaricia las heridas sangrantes, de manera que duele pero es suave. Es triste, pero abraza.
"Comprendí por primera vez que me había dejado eliminar. No era sólo culpa de Hitler. Una cosa así requiere dos partes: una que lo hace y otra que lo acepta. Promulgó leyes erróneas, yo las acaté. No me tomaría en serio a mí misma si adujera que como judía no me quedaba otro remedio. No dije no -negarse, la única libertad indestructible que Antígona utilizó de manera soberbia-, dije sí. Sí, abandono Alemania, sí, dejo de ser alemana, sí, dejo de escribir, sí, me coso en la ropa la estrella amarilla, sí, escribo cartas a máquina en el maldito Schouwburg, sí, adopto un nombre extranjero, sí, desisto de cualquier tentativa de liberar a Waiki del KZ por la fuerza, sí, opto por no matar al Hauptsturmführer de un tiro. Así salvo la vida, así me elimino a mí misma. No hay magia ni perdón que pueda resucitar lo que ha sido eliminado."
Es posible que no pudiera parar de leer porque al día siguiente tenía examen, pero creo que tampoco podía parar de todas formas.
Es un buen libro si consigues alguna forma de encontrarlo... La historia es un poco confusa por la forma en la que mezcla pasado, presente y su propia imaginación pero es muy bonita y fuerte de leer. Te sientes dentro de la cabeza de la narradora y sientes su culpa y como es incapaz de superar todo lo que ha vivido. Es una bonita historia sobre el concepto de "la culpa del superviviente" y como es imposible deshacerse de ella.
Het beste en ook ergste was augenzeuge bericht petrinau van friedrich hellmund Interessant zijn pag 87. 92. 94. 97. 133. 135. 160 Maar ook om te lezen dat de dood zo nabij is en het niet kunnen geloven en blijven dromen