Mi primera reseña en Goodreads y el primer libro de Laura Restrep que he leído. Honestamente conocí de ella hace unos meses de paso en Colombia, donde era fácil ver títulos de la autora, tanto en librerías como en la calle. Creo que uno de los nombres que más se repetía junto al infatigable García Márquez y un Mario Mendoza que tenía cabida sobre todo en el comercio callejero.
La novela es breve en su transcurrir –no así estática–; sí bien, no sucede mucho en el tiempo presente, un viaje a argentina, una madre (Lorenza "Aurelia"), un hijo (Mateo), un padre (Ramón "Forcás") ausente casi mitológico entre el espesor de la ideología y el incansable gesto autoral, ficcional, siempre imperfecto de la memoria, la narración cabalga a paso ameno. La historia va y vuelve entre recuerdos, arranca sus primeras páginas en el pasado y con habilidad va transportándonos temporalmente hasta el presente, uno en el que la memoria parece erigirse como una campo en disputa, un gesto de amor, más bien cuidado, precaución en el que la protagonista va sembrando la historia oficial de un padre que la obra termina por presentar de forma caleidoscópica, a través de terceros, familiares, amigos, compañeros, que van haciendo carne la historia de una idea, esa de ser padre. Así mismo podemos ver la evolución o el desarrollo de Lorenza, en deuda con su memoria y Mateo, el adolescente quien al emprender esta búsqueda también pareciera transformarse de pronto en hombre. El final de la obra es repentino, humano demasiado humano, sin ánimo de spoilers, no diré nada más sobre aquello.
Una obra que recomiendo, dinámica en relación a la narración, hermosa en cuanto a los detalles, íntima. De seguro vuelvo a ella.
"Y fue allí, en el departamento de Gabriela, donde Lorenza creyó encontrar el tono que iba a permitirle escribir, ahora sí, ese capítulo de su historia. Necesitaba ponerle por fin palabras a esta historia hasta ahora marcada por el silencio. Siempre había sabido que tarde o temprano tendría que darse a la tarea, no quedaba más remedio, porque pasado que no ha sido amasado con palabras no es memoria, es acechanza. El problema había sido cómo contarlo, y ahora creía descubrirlo: íntimo y simple, como una conversación entre dos mujeres que recuerdan. Sin héroes, sin adjetivos, sin consignas."
(p.234)