In Auschwitz, memory meant remembering the humanity extinguished by the death camps and hoping to survive to tell what had been endured. Charlotte Delbo, a non-Jew sent to Auschwitz for being a member of the French resistance movement, recalls the poems, vignettes, and meditations that fed her companions' spirits, interweaving her experiences with the sufferings of others and depicting dignity and decency in the face of inhumanity.
This definitive translation is by Delbo's close friend, the author and theater critic Rosette Lamont, an expert on the works of Ionesco and Beckett. Lamont wrote that Delbo was, like Beckett, "a minimalist of infinite pain, a voice of conscience."
Charlotte Delbo was a French writer chiefly known for her haunting memoirs of her time as a prisoner in Auschwitz, where she was sent for her activities as a member of the French resistance. Born in Vigneux-sur-Seine, Essonne near Paris, Delbo gravitated toward theater and politics in her youth, joining the French Young Communist Women's League in 1932. She met and married George Dudach two years later. Later in the decade she went to work for producer Louis Jouvet and was with his company in Buenos Aires when Wehrmacht forces invaded and occupied France in 1940. She could have waited to return when Philippe Pétain, leader of the collaborationist Vichy regime, established special courts in 1941 to deal with members of the resistance. One sentenced a friend of hers, a young architect named Andre Woog, to death. "I can't stand being safe while others are guillotined", she told Jouvet. "I won't be able to look anyone in the eye." Accordingly she returned to Paris and Dudach, who was already active in the resistance as the assigned courier for the internationally famous poet Louis Aragon. The couple spent much of that winter printing and distributing pamphlets and other anti-Nazi Germany reading material. They became part of the group around communist philosopher Georges Politzer, and took an active role in publishing the underground journal Lettres Françaises. On March 2, 1942, police followed a careless courier to their apartment, and arrested George and Charlotte. The courier was able to escape from a back window. Her memoir uses unconventional, almost experimental, narrative techniques to not only convey the experience of Auschwitz but how she and her fellow survivors coped in the years afterwards.
Esta lectura me ha dejado sin palabras. Testimonios reales de las pocas mujeres que sobrevivieron a Auschwitz, recoguas veinte años después de su liberación. Personas que no hablan de cómo vivieron allí, sino de cómo vivieron la liberación. Los problemas que tuvieron para rehacer su vida aún después de darse cuenta de que lod que salieron del campo fueron sus cuerpos, sus vidas se quedaron allí, en Auschwitz. Una lectura muy recomendable. 📖❤️
“Que necesitáramos una voluntad sobrehumana para aguantar y regresar, eso lo entiende todo el mundo. Pero nadie tiene ni idea de la voluntad que necesitamos al volver para revivir” ~ La medida de nuestros días de Charlotte Delbo.
Traducción: Palmira Freixas.
Tercera parte de esta historia autobiográfica en la que la autora narra sus vivencias en el campo de concentración de Auschwitz y su salida. Las otras dos partes de esta historia son “Ninguno de nosotros volverá” y “Un conocimiento inútil”, ambos incluidos en el mismo libro de esta editorial.
En “La medida de nuestros días”, Delbo recoge, precisamente, cómo es vivir tras haber sobrevivido a Auschwitz y lo hace a través de una novela coral escrita veinte años después de su liberación a través de las voces de varios supervivientes. Una línea en común: la dificultad de vivir son el peso de la historia a sus espaldas y cómo Auschwitz marcó una línea en su tiempo vital que impedía evocar el antes. Todo el pasado queda supeditado acampó de concentración que absorbe los pensamientos y la memoria de cada uno de ellos.
He de decir que la novela no habla directamente sobre Auschwitz sino sobre los sentimientos presentes, cómo cada uno de los protagonistas de este libro narra su día a día, cómo fue su lucha diaria tras la liberación, cómo se adaptaron a la nueva vida y cómo se sienten. Es curioso cómo todos les invade un sentimiento de culpa por haber sobrevivido mientras algunos compañeros y compañeras, con más probabilidades de hacerlo, perecieron en el campo.
Me ha gustado el formato utilizado por Charlotte Delbo para plasmar que nadie salió inmune de Auschwitz aunque la forma de lidiar con el dolor sea diferente en cada una de las voces. Y todas las preguntas que se hacen en su interior. “No puedo mirar a la gente sin interrogar su rostro. Así es desde que volví. Interrogo sus labios, sus ojos, sus manos. Cuando conozco a alguien, me pregunto: ¿Me habría ayudado a caminar? ¿Me habría dado un poco de su agua?”.
«No estic viva. Observo els que sí que ho estan. Són fútils, ignorants. Segurament és així com s'ha de ser per viure, per anar fins al final del temps de vida. Si tinguessin el coneixement que jo tinc estarien com jo. No estarien vius.»
Un recull de relats testimonials escruixidor per la seva brutalitat i senzillesa. M'imagino que la tornada a casa -que no a la vida, no sempre- va ser necessàriament desconcertant, fins i tot imprevisible. Però la polifania de veus de l'obra posa en evidència que una experiència compartida no sempre implica un dol col•lectiu comú; que no sempre es paeix de la mateixa manera, malgrat ser un punt d'inflexió vital que podria intuir-se alliberador.
Tornar i haver de (re)trobar forces per (sobre)viure, perquè quina putada però la vida era -també- fora, aquella altra realitat somiada a la qual cadascú va haver de fer-hi front com qualsevol altre.
4.5 L’experiència aterradora que la Charlotte Delbo va viure a Auschwitz i les dificultats de reprendre una vida que ja no és teva perquè te l’han arrabassat es recull a «La mesura dels nostres dies», una història de les veus de les dones deportades que t’arrenca literalment l’alè.
«Vaig intentar recordar els gestos que cal fer per recuperar la forma d'un ésser viu en la vida. Caminar, parlar, respondre les preguntes, dir on vols anar, anar-hi. Ho havia oblidat.»
Una gran descoberta com a autora, Charlotte Delbo. Un testimoni dur que alhora et fa entendre que les seves paraules mai no seran suficients perquè ens fem una idea del que Auschwitz va arribar a ser. "Viure en el passat no és viure, és atrinxerar-se dels vius"
Es el libro que más me ha gustado de la trilogía, si es que se puede hablar aquí en términos de que una historia así te haya "gustado". Quizá la palabra exacta no sea "gustar", como ya dije en la reseña del primer libro de Delbo. El primero me pareció muy crudo y poético, contado con mucho arte para describir el horror descarnado de un modo que llegaba mucho. El segundo quizá fue para mí el más angustiante, no tanto por lo narrado (porque era igual de horrible que la historia del primero, obvio) sino por la forma de narrarlo, me angustiaba todo lo que le sucedía a la autora en los campos. Este tercer libro ha sido increíble en cuanto a una libertad que no tiene el sabor de lo que parecía iba a ser, increíble también que ha escrito cada capítulo, en primera persona, desde una persona diferente cada uno de los capítulos, contando historias, contando vidas. Y a mi parecer recupera el espíritu poético que tiene Delbo de narrar lo inenarrable, lo inefable, al igual que en su libro 1 de esta trilogía.
--- Por último, destaco un montón de fragmentos, que pongo a continuación:
*Me acuerdo de todo el mundo, incluso de los que se fueron.
*¿Mi vida de después? ¿Estaba viva para tener un después, para saber lo que es un después? Flotaba en un presente sin realidad. Lentamente, sin saberlo yo, la realidad volvió a tomar forma mi alrededor. Sin saberlo, porque no hice ningún esfuerzo por volver a la superficie de la realidad. No tenía fuerzas ni para hacer el más leve conato de esfuerzo.
*Fuera de lugar. Sí, todo estaba fuera de lugar. ¿Hay algo que no esté fuera de lugar? Me hacía esta pregunta y me desesperaba no poder contestarla. Todo era falso, rostros y libros, todo me mostraba su falsedad y me desesperaba haber perdido la capacidad de ilusión y ensueño.
*Resistí a la muerte con tanta fuerza que no pudo quitarme la vida para vengarse me quitó las ganas de vivir. (...) la vida me fue devuelta y aquí estoy ante la vida como ante un vestido que ya no puedo ponerme. (...) todas las heridas se curan Es lo que me dije aquel día me lo repito a veces no las suficientes para creerlo.
*No veía ni oía nada. Tenía sensación de naufragio. Todo había zozobrado. No quedaba ni una tabla de salvación a la que aferrarme.
*Aprovechando un momento de confusión, pude huir -¿cómo lo logré?: por la audacia que da la desesperación-.
*Mi padre... ¿Seguiría vivo? Tenía miedo de todo. De encontrarlo, de no encontrarlo.
*No prestaba atención a nada. Todo pasaba detrás de una bruma.
*Pero, ¿nos preguntamos alguna vez si somos felices? Me repito, para convencerme, que hace veinticinco años que regresamos; si no me lo repitiera no lo creería. Lo sé del mismo modo que sé que la tierra gira, porque lo he aprendido. Tengo que pensarlo para saberlo.
*Ante cualquiera que encuentre, me pregunto: ¿me habría ayudado a caminar éste?, ¿me habría dado aquél un poco de su agua? Indago en toda la gente que veo (...) No puedo evitar mirarlos e indagar. Así es como divido a la gente desde que regresé. De algunos sé a primera vista que no me habrían ayudado a caminar, que no me habrían dado un sorbo de agua, y no necesito que hablen para saber que su voz es falsa y son falsas sus palabras. Aquellos de los que sé a primera vista que me habrían ayudado a caminar son tan pocos... No son ya esas preguntas las que hay que hacer a la gente con la que uno se encuentra en la vida, pero cuando he visto adelgazarse los labios de alguien, ensombrecerse su mirada, ya no he tenido nada que decirle.
*cuando regresas de allí y tienes que aprender de nuevo qué difícil es regresar cuando has mirado a la muerte de pupilas límpidas qué difícil es aprender de nuevo a mirar a los vivos de pupilas turbias.
*Pasábamos los días contando el tiempo, pasábamos el tiempo contando a los muertos. Que estemos aquí para contarlo desmiente lo que contamos.
*Cuando miro hacia atrás nunca sobrepaso ese hito. Choco con él. Todos los esfuerzos que hicimos para impedir nuestra destrucción, para perseverar en nosotras mismas, para conservar nuestro ser de antes, todos esos esfuerzos solo sirvieron allí.
*Nada puede suprimir la distancia entre los otros y yo, entre mí misma y yo. Nada puede suprimir la diferencia ni reducirla. (...) ¿He sido joven? Cuando tuve edad de ser joven estábamos en guerra. No, no fui joven. Tonta, ingenua, sí (...) por su ley inexorable, en la que el menor error era definitivo y se pagaba de inmediato.
*¿Cómo no estar desengañada cuando, después de haber sufrido lo que hemos sufrido, y de haber sacrificado y esperado tanto, vemos que no ha servido de nada, que continúan las guerras, que amenazan guerras aún más terribles, que reinan la injusticia y el fanatismo, que el mundo sigue igual? Es verdad que se recuperó la libertad, pero sólo en parte, en una parte muy pequeña, miserable.
*No están presentes en el fondo de mí, no forman parte de mí misma. Están fuera de mí, como yo misma. (...) Vive en mí. La gente que me rodea hoy vive a mi lado. Ella vive en mí (...) Vive en mí inútilmente. ¿Qué hacer para que Mounette no haya muerto por nada? Nada.
*No estoy viva. Miro a los que sí lo están. Son frívolos, ignorantes. Sin duda hay que ser así para vivir, para llegar al final del tiempo de vida. Si tuvieran el conocimiento que yo tengo serían como yo. No estarían vivos.
*Mounette, que decía: "si volvemos nada será igual". Todo es igual. Es dentro de nosotros donde nada es igual.
*Mis palabras van por un camino muy estrecho del que no se deben apartar, so pena de adentrarse en regiones en las que se harían incomprensibles. Las palabras no tienen el mismo sentido. Les oyes decir: "he estado a punto de caerme, he pasado miedo". Pero, ¿acaso saben lo que es el miedo? O bien: "tengo hambre". Dicen: tengo miedo, tengo hambre, tengo frío, tengo sed, tengo sueño, me duele, como si esas palabras no tuvieran ningún peso. Dicen: voy a ver a unos amigos. Amigos... Gente con quien se va a cenar o a jugar al bridge. ¿Qué saben ellos de la amistad? Todas sus palabras son ligeras. Todas sus palabras son falsas. ¿Cómo estar con ellos si sólo llevas dentro palabras pesadas, pesadas, pesadas?
*Ser fieles a las compañeras que dejamos allí es lo único que nos queda. No es injusto, es anómalo. No puedo hacer nada para que se forme una idea de cómo era aquello. Sería imposible aunque estuviera hablándole toda la vida. Ésa es la diferencia: para mí, para nosotras, el tiempo no pasa. No difumina nada, no desgasta nada. No estoy viva. Morí en Auschwitz y nadie lo ve.
*...he conservado la facultad providencial que me ayudó a salir de Auschwitz: desdoblarme, dejar de estar.
*era tan largo un día cualquiera que no tendríais paciencia y cuando respondemos seguís sin saber cómo era un día cualquiera y creéis que no sabemos responder.
*sólo habrá que vivir ¿hay algo más sencillo más fácil para quien sabe sufrir para quién sabe morir?
*Que apartaran a las mujeres y a los niños no me inspiraba confianza. No me preguntes por qué. Yo no sabía nada. ¿Quién sabía en aquella época? Aunque dentro del campo las cosas se aprendían poco a poco, no me llevó mucho tiempo comprender que nunca volvería a ver a mamá. Mamá es ahora más joven que yo. Es extraordinario, si uno lo piensa: que tu madre sea más joven que tú.
*En fin, tan tontos como todos los padres.
*Pero es difícil de explicar. Yo era doble y no conseguía reunir a mis dobles. Éramos yo y un espectro de mí que quería unirse a su doble y no lo lograba nunca.
*Ahora ya no volveremos a ir de vacaciones a casa de Alice. Se ahorcó el invierno pasado. Una noche, en su cocina. Los inviernos en el campo son muy tristes.
*Con los papeles se puede hacer cualquier cosa si se quiere. (...) Cuando uno está veinte años en un sitio por fuerza tiene que tomarle apego.
*-Estaremos los siete. -Siete, ¿de cuántos...?
*Mira, uno siempre cree que tiene tiempo. Nunca has ido a verme aunque entre tú y yo sólo había unas horas de tren, nunca has ido a verme porque tenías el propósito de visitarme y creías que disponías de tiempo para aplazarlo. No hay que hacer eso. Hay que hacer las cosas en su momento.
*Es difícil decir lo que sentía. Había esperado encontrar las cosas y la gente tal como eran cuando me fui, y sin embargo me asombraba que todo siguiera igual. Estaba asombrado y confundido. Resulta extraño ser el único que ha cambiado. (...) ¿Moría la gente también fuera? Lo evidente siempre desconcierta.
*Demostrar. La sinceridad hay que verla, sentirla. "No -dijo Denise-. No te creerán".
*¡Qué tenaz puede llegar a ser la esperanza! ¡Qué desesperada! Hasta que ese compañero vino a vernos mi madre persistía en su esperanza. Y cuántas veces le repitió la misma pregunta: "¿Pero usted lo vio muerto? ¿Lo vio usted muerto con sus propios ojos?". Para el pobre hombre fue un suplicio.
*¿No sería mejor olvidar lo largo que se hacía el tiempo, puesto que todo el mundo se dice ahora que veintisiete meses no son tanto en una vida y yo no puedo hacerles comprender la diferencia entre el tiempo de allí y el de aquí...?
*En la cárcel piensas contra los muros. Yo pensaba en Paul. Sólo pensaba en Paul. ¿Cuántos muros entre él y yo? ¿Qué le están haciendo? Lo torturan. Paul aguantará pero su cuerpo estará cubierto de magulladuras (...) y me dolían las zonas del cuerpo de Paul sobre las que se abatían los golpes, las articulaciones, los labios, esos labios que yo rozaba con tanta suavidad para no despertarlo porque quería que descansara y al mismo tiempo no podía resistir el deseo de acariciar sus labios. Se había dormido enseguida porque había vuelto tarde, cansado de sus largas diligencias por la ciudad, con todos los rodeos que daba para burlar a sus perseguidores antes de encontrarse con los compañeros de lucha.
*Hubo que aguantar mucho tiempo, mucho más del que creía la mañana en que dije adiós a Paul. Me devolvieron a la celda. Mi pensamiento no chocaba ya contra los muros, había muerto contra ellos. Hubo que aguantar más tiempo del que yo creía. Auschwitz se hacía muy largo. Aguanté porque había que aguantar, y era difícil y se hacía muy largo. Pero aunque era tan largo y difícil, no quería que terminara. Mientras estuviera en Auschwitz no tendría que tomar ninguna decisión. Prefería no imaginar el momento de mi regreso porque no podía imaginar cómo iba a vivir sin Paul. ¿Cómo iba a vivir sin él? Sigo sin poder imaginar cómo vivir sin él. (...) Rehacer mi vida... Cuando Paul no es más que una sombra en mi memoria. Si yo muero, ¿quién recordará el fuego con el que quería iluminar el mundo para que surgiera una nueva aurora? He perdido la ilusión por esa nueva aurora. ¿Para qué, sin él?
*Paul murió. Me lo repito para hacer lo que debes hacer cuando ya no tienes al ser por quien vivías. Vivo como una sonámbula a la que nadie despertará. Rehacer mi vida, qué expresión...
Un llibre molt bo que narra el retorn d’alguns supervivents dels camps de concentració nazis. És el tercer de la trilogia però el primer en publicar-se (igual fa l’ordre, he vist a xarxes, posa al final del llibre i m’han confirmat des de l’editorial, Club Editor). Molt interessant perquè explica l’aïllament del retorn i com de difícil és iniciar una nova vida. No és una novel·la. De fet, alguns capitols estan escrits en primera persona en nom dels supervivents i d’altres, Charlottw Delbo és un personatge més del que descriu, cosa que m’ha tornat un poc boig (tot i que cada capítol porta per nom el personatge, açò m’ha costat d’assimilar: la narradora canvia segons el capítol).
Un llibre intens i necessari per donar veu als testimonis d'un dels horrors més grans patits per la humanitat. A través d'unes quantes dones (i algun home) que van formar part de la Resistència francesa i van tenir relació amb la Charlotte, coneixem com és tornar a construir una vida després de sobreviure als camps de concentració nazis, un camí que no va ser fàcil en cap cas. Escrit de manera senzilla, les dones protagonistes ens expliquen directament la seva experiència. T'atrapa i et corprèn i fa que no puguis parar de llegir.
“No puedo mirar a la gente sin interrogar su rostro. Así es desde que volví. Interrogo sus labios, sus ojos, sus manos. A sus labios, a sus ojos, a sus manos, les hago preguntas. Cuando conozco a alguien, me pregunto: ¿me habría ayudado a caminar? ¿me habría dado un poco de agua? Interrogo a todos los que veo -transeúntes, desconocidos; al cartero, a los amigos de antaño, a la dependienta- los interrogo a todos, en todas partes, donde sea, a todos los que rozo o trato o frecuento a lo largo de la vida.”
Boníssim però molt molt dur. Charlotte Delbos descriu perfectament l’experiència desprès dels camps de concretració.
«¿Por qué no olvidar cuánto duraba el tiempo, cuantísimo duraba?, dado que ahora todo el mundo dice que veintisiete meses no son tanto en una vida y dado que no puedo hacerles comprender la diferencia entre el tiempo de allí y el tiempo de aquí, entre el tiempo de allí que estaba vacío y que estaba cargado por todos esos muertos, porque por mucho que los cadáveres fueran ligeros, cuando hay miles de cadáveres esqueléticos, eso pesa y te aplasta bajo su peso (…)»
Amb una simplicitat extrema i punyent, Charlotte Delbo impugna el relat hegemònic de la tornada de milers de persones deportades pel nazisme. Ho fa amb ulls de dona, i ho fa, com diu l'editora, "convertint el trasbals en experiència comuna".
Un llibre molt recomanable i corprenedor per empatitzar amb la duresa de la "tornada a la vida" de dones (i algun home) franceses supervivents dels camps nazis. Narrat d'una manera senzilla i fins i tot entendridora.
“Els que ens estimen volen que oblidem. No entenen que és impossible, i, a més, que oblidar seria atroç.”
Colpidor. La forma com narra les vivències de diferents dones supervivents d’Auschwitz després d’haver estat al camp d’extermini. De com es pot tornar a viure, si es que és possible.
Relat cru sobre la vida de les persones que tornaven dels camps de concentració. Normalment hi ha llibres sobre la vida als camps però aquest ofereix una nova visió. Es narra a través de diferents cartes, personatges, que tenen un lligam comú.
El post-holocaust, la vida despres d'haver estat en un camp de concentració nazi sent dona, emocions i sentiments de varies d'elles i adaptacio a una vida "normal". Et fa reflexionar de lo dificil que ha de ser
Brutal i històricament necessari per aproximar-nos al dolor d’aquells que van sobreviure l’horror nazi però des del llenguatge poètic per parlar de la quotidianitat, que ha deixat de ser quotidiana.
Llibre excel·lent. De 10. Explica la part que menys s'ha explicat: el després de les persones que van sobreviure els camps d'extermini nazis. A vegades, una etapa tan dura com l'anterior.
el llibre tracta de diferents històries relacionades de dones que han tornat dels camps de concentració d'auschwitz però estan una mica massa desordenats
This is a beautiful, moving book of poetry and prose written by a woman who survived Auschwitz. "How can we unlearn?" It is compelling reading and her spirit comes through on the pages. An important book.
I believe this is a very important book for people to read to learn about the horrors that often get brushed aside in history.
Charlotte Delbo is a Holocaust survivor that dedicated herself to telling not only her story, but those of the women she was imprisoned with (survivors and deceased) as well as victims of other genocides all over the world. She interviewed and collected stories and poetry for years for all the world to read. She was not one to shadow the horrors within her story and the others, but wanted the world to face it head on. I think several of the events covered in this book remain unknown or feel so far away but this is happening in our world today and this is a beautiful representation of the change we need to be in this world.
Delbo's first-hand experience with the Holocaust is captured in the poetry and prose contained here. I found her writing to be more compelling than any other Holocaust writer I have read.