Es el libro que más me ha gustado de la trilogía, si es que se puede hablar aquí en términos de que una historia así te haya "gustado". Quizá la palabra exacta no sea "gustar", como ya dije en la reseña del primer libro de Delbo.
El primero me pareció muy crudo y poético, contado con mucho arte para describir el horror descarnado de un modo que llegaba mucho.
El segundo quizá fue para mí el más angustiante, no tanto por lo narrado (porque era igual de horrible que la historia del primero, obvio) sino por la forma de narrarlo, me angustiaba todo lo que le sucedía a la autora en los campos.
Este tercer libro ha sido increíble en cuanto a una libertad que no tiene el sabor de lo que parecía iba a ser, increíble también que ha escrito cada capítulo, en primera persona, desde una persona diferente cada uno de los capítulos, contando historias, contando vidas. Y a mi parecer recupera el espíritu poético que tiene Delbo de narrar lo inenarrable, lo inefable, al igual que en su libro 1 de esta trilogía.
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Por último, destaco un montón de fragmentos, que pongo a continuación:
*Me acuerdo de todo el mundo, incluso de los que se fueron.
*¿Mi vida de después? ¿Estaba viva para tener un después, para saber lo que es un después? Flotaba en un presente sin realidad.
Lentamente, sin saberlo yo, la realidad volvió a tomar forma mi alrededor. Sin saberlo, porque no hice ningún esfuerzo por volver a la superficie de la realidad. No tenía fuerzas ni para hacer el más leve conato de esfuerzo.
*Fuera de lugar. Sí, todo estaba fuera de lugar.
¿Hay algo que no esté fuera de lugar? Me hacía esta pregunta y me desesperaba no poder contestarla.
Todo era falso, rostros y libros, todo me mostraba su falsedad y me desesperaba haber perdido la capacidad de ilusión y ensueño.
*Resistí a la muerte
con tanta fuerza
que no pudo quitarme la vida
para vengarse
me quitó
las ganas de vivir.
(...)
la vida me fue devuelta
y aquí estoy ante la vida
como ante un vestido
que ya no puedo ponerme.
(...)
todas las heridas se curan
Es lo que me dije
aquel día
me lo repito a veces
no las suficientes para creerlo.
*No veía ni oía nada. Tenía sensación de naufragio. Todo había zozobrado. No quedaba ni una tabla de salvación a la que aferrarme.
*Aprovechando un momento de confusión, pude huir -¿cómo lo logré?: por la audacia que da la desesperación-.
*Mi padre... ¿Seguiría vivo? Tenía miedo de todo. De encontrarlo, de no encontrarlo.
*No prestaba atención a nada. Todo pasaba detrás de una bruma.
*Pero, ¿nos preguntamos alguna vez si somos felices? Me repito, para convencerme, que hace veinticinco años que regresamos; si no me lo repitiera no lo creería. Lo sé del mismo modo que sé que la tierra gira, porque lo he aprendido. Tengo que pensarlo para saberlo.
*Ante cualquiera que encuentre, me pregunto: ¿me habría ayudado a caminar éste?, ¿me habría dado aquél un poco de su agua? Indago en toda la gente que veo (...) No puedo evitar mirarlos e indagar. Así es como divido a la gente desde que regresé. De algunos sé a primera vista que no me habrían ayudado a caminar, que no me habrían dado un sorbo de agua, y no necesito que hablen para saber que su voz es falsa y son falsas sus palabras.
Aquellos de los que sé a primera vista que me habrían ayudado a caminar son tan pocos...
No son ya esas preguntas las que hay que hacer a la gente con la que uno se encuentra en la vida, pero cuando he visto adelgazarse los labios de alguien, ensombrecerse su mirada, ya no he tenido nada que decirle.
*cuando regresas de allí
y tienes que aprender de nuevo
qué difícil es regresar
cuando has mirado a la muerte
de pupilas límpidas
qué difícil es aprender de nuevo
a mirar a los vivos
de pupilas turbias.
*Pasábamos los días contando el tiempo, pasábamos el tiempo contando a los muertos.
Que estemos aquí para contarlo desmiente lo que contamos.
*Cuando miro hacia atrás nunca sobrepaso ese hito. Choco con él. Todos los esfuerzos que hicimos para impedir nuestra destrucción, para perseverar en nosotras mismas, para conservar nuestro ser de antes, todos esos esfuerzos solo sirvieron allí.
*Nada puede suprimir la distancia entre los otros y yo, entre mí misma y yo. Nada puede suprimir la diferencia ni reducirla. (...) ¿He sido joven? Cuando tuve edad de ser joven estábamos en guerra. No, no fui joven. Tonta, ingenua, sí (...) por su ley inexorable, en la que el menor error era definitivo y se pagaba de inmediato.
*¿Cómo no estar desengañada cuando, después de haber sufrido lo que hemos sufrido, y de haber sacrificado y esperado tanto, vemos que no ha servido de nada, que continúan las guerras, que amenazan guerras aún más terribles, que reinan la injusticia y el fanatismo, que el mundo sigue igual?
Es verdad que se recuperó la libertad, pero sólo en parte, en una parte muy pequeña, miserable.
*No están presentes en el fondo de mí, no forman parte de mí misma. Están fuera de mí, como yo misma. (...) Vive en mí. La gente que me rodea hoy vive a mi lado. Ella vive en mí (...) Vive en mí inútilmente. ¿Qué hacer para que Mounette no haya muerto por nada? Nada.
*No estoy viva. Miro a los que sí lo están. Son frívolos, ignorantes. Sin duda hay que ser así para vivir, para llegar al final del tiempo de vida. Si tuvieran el conocimiento que yo tengo serían como yo. No estarían vivos.
*Mounette, que decía: "si volvemos nada será igual". Todo es igual. Es dentro de nosotros donde nada es igual.
*Mis palabras van por un camino muy estrecho del que no se deben apartar, so pena de adentrarse en regiones en las que se harían incomprensibles. Las palabras no tienen el mismo sentido. Les oyes decir: "he estado a punto de caerme, he pasado miedo". Pero, ¿acaso saben lo que es el miedo? O bien: "tengo hambre". Dicen: tengo miedo, tengo hambre, tengo frío, tengo sed, tengo sueño, me duele, como si esas palabras no tuvieran ningún peso. Dicen: voy a ver a unos amigos. Amigos... Gente con quien se va a cenar o a jugar al bridge. ¿Qué saben ellos de la amistad? Todas sus palabras son ligeras. Todas sus palabras son falsas. ¿Cómo estar con ellos si sólo llevas dentro palabras pesadas, pesadas, pesadas?
*Ser fieles a las compañeras que dejamos allí es lo único que nos queda.
No es injusto, es anómalo.
No puedo hacer nada para que se forme una idea de cómo era aquello. Sería imposible aunque estuviera hablándole toda la vida.
Ésa es la diferencia: para mí, para nosotras, el tiempo no pasa. No difumina nada, no desgasta nada. No estoy viva. Morí en Auschwitz y nadie lo ve.
*...he conservado la facultad providencial que me ayudó a salir de Auschwitz: desdoblarme, dejar de estar.
*era tan largo un día cualquiera
que no tendríais paciencia
y cuando respondemos
seguís sin saber cómo era un día cualquiera
y creéis que no sabemos responder.
*sólo habrá que vivir
¿hay algo más sencillo
más fácil
para quien sabe sufrir
para quién sabe morir?
*Que apartaran a las mujeres y a los niños no me inspiraba confianza. No me preguntes por qué. Yo no sabía nada. ¿Quién sabía en aquella época?
Aunque dentro del campo las cosas se aprendían poco a poco, no me llevó mucho tiempo comprender que nunca volvería a ver a mamá. Mamá es ahora más joven que yo. Es extraordinario, si uno lo piensa: que tu madre sea más joven que tú.
*En fin, tan tontos como todos los padres.
*Pero es difícil de explicar. Yo era doble y no conseguía reunir a mis dobles. Éramos yo y un espectro de mí que quería unirse a su doble y no lo lograba nunca.
*Ahora ya no volveremos a ir de vacaciones a casa de Alice. Se ahorcó el invierno pasado. Una noche, en su cocina. Los inviernos en el campo son muy tristes.
*Con los papeles se puede hacer cualquier cosa si se quiere. (...)
Cuando uno está veinte años en un sitio por fuerza tiene que tomarle apego.
*-Estaremos los siete.
-Siete, ¿de cuántos...?
*Mira, uno siempre cree que tiene tiempo. Nunca has ido a verme aunque entre tú y yo sólo había unas horas de tren, nunca has ido a verme porque tenías el propósito de visitarme y creías que disponías de tiempo para aplazarlo. No hay que hacer eso. Hay que hacer las cosas en su momento.
*Es difícil decir lo que sentía. Había esperado encontrar las cosas y la gente tal como eran cuando me fui, y sin embargo me asombraba que todo siguiera igual. Estaba asombrado y confundido. Resulta extraño ser el único que ha cambiado.
(...) ¿Moría la gente también fuera? Lo evidente siempre desconcierta.
*Demostrar. La sinceridad hay que verla, sentirla. "No -dijo Denise-. No te creerán".
*¡Qué tenaz puede llegar a ser la esperanza! ¡Qué desesperada!
Hasta que ese compañero vino a vernos mi madre persistía en su esperanza. Y cuántas veces le repitió la misma pregunta: "¿Pero usted lo vio muerto? ¿Lo vio usted muerto con sus propios ojos?". Para el pobre hombre fue un suplicio.
*¿No sería mejor olvidar lo largo que se hacía el tiempo, puesto que todo el mundo se dice ahora que veintisiete meses no son tanto en una vida y yo no puedo hacerles comprender la diferencia entre el tiempo de allí y el de aquí...?
*En la cárcel piensas contra los muros. Yo pensaba en Paul. Sólo pensaba en Paul. ¿Cuántos muros entre él y yo? ¿Qué le están haciendo? Lo torturan. Paul aguantará pero su cuerpo estará cubierto de magulladuras (...) y me dolían las zonas del cuerpo de Paul sobre las que se abatían los golpes, las articulaciones, los labios, esos labios que yo rozaba con tanta suavidad para no despertarlo porque quería que descansara y al mismo tiempo no podía resistir el deseo de acariciar sus labios. Se había dormido enseguida porque había vuelto tarde, cansado de sus largas diligencias por la ciudad, con todos los rodeos que daba para burlar a sus perseguidores antes de encontrarse con los compañeros de lucha.
*Hubo que aguantar mucho tiempo, mucho más del que creía la mañana en que dije adiós a Paul. Me devolvieron a la celda. Mi pensamiento no chocaba ya contra los muros, había muerto contra ellos. Hubo que aguantar más tiempo del que yo creía. Auschwitz se hacía muy largo. Aguanté porque había que aguantar, y era difícil y se hacía muy largo. Pero aunque era tan largo y difícil, no quería que terminara. Mientras estuviera en Auschwitz no tendría que tomar ninguna decisión. Prefería no imaginar el momento de mi regreso porque no podía imaginar cómo iba a vivir sin Paul. ¿Cómo iba a vivir sin él? Sigo sin poder imaginar cómo vivir sin él. (...)
Rehacer mi vida... Cuando Paul no es más que una sombra en mi memoria. Si yo muero, ¿quién recordará el fuego con el que quería iluminar el mundo para que surgiera una nueva aurora? He perdido la ilusión por esa nueva aurora. ¿Para qué, sin él?
*Paul murió. Me lo repito para hacer lo que debes hacer cuando ya no tienes al ser por quien vivías. Vivo como una sonámbula a la que nadie despertará.
Rehacer mi vida, qué expresión...