Aunque me gusta mucho más su poesía en prosa, vale la pena indagar en los versos que escribió Juan Ramón Jiménez. A continuación mis partes favoritas:
“¡Y cómo huelen las flores,
cuando una mujer se ha ido,
cuando todo (alma, jardín,
casa) se queda vacío!...”
“¡Qué de cosas que fueron
se van… más lejos todavía!”
NOSTALJIA
En la frescura de la tarde melancólica,
quiero cantar, y no sé qué… Todo estoy lleno
de ritmos perfumados, de letras sin idioma,
que no sé cómo, hablan de ti, ¡que estás tan lejos!
¡Oh, yo no sé! Un aroma de sueños en flor, entra,
en la brisa de agua, al corazón abierto:
notas de flores músicas, oídas ¿cuándo, cuándo?,
tornan, no sé de dónde, en un compás eterno.
¡Quiero cantar, y no sé qué! No es de palabras
esta esplosión aguda que en el corazón siento;
son aromas que suenan bien, llantos que huelen
bien, son májicos ojos que se expresan con ecos…
-
Para dar un alivio a estas penas,
que me parten la frente y el alma,
me he quedado mirando a la luna
a través de las finas acacias.
En la luna hay algo que sufre,
entre un nimbo divino de plata:
hay algo que besa los ojos
y que seca, llorando, las lágrimas
Yo no sé lo que tiene la luna,
que acaricia, que duerme y que calma
y que mira en silencio al rendido
con inmensas piedades de santa.
Y esta noche que sufro y que pienso
libertar de esta carne a mi alma,
me he quedado mirando a la luna
a través de las finas acacias.
-
Por el jardín florecido,
ella reía y cantaba,
cojiendo rosas y rosas,
en el sol de la mañana.
Yo, ansioso, toda mi frente
llanto sin salir, miraba
el cielo azul del rocío
que aún temblaba de las ramas
-consuelo para mis ojos
locos,que se imajinaban
que aquellas gotas del cielo
caían de su nostalgia-;
y para que ella no viera
la tristeza de mi alma,
intentando ahogar sus voces,
también reía y cantaba.
¡Y ella se fue con sus rosas,
y yo me fui con mis lágrimas,
detrás de ella, en la gloria
de aquella mañana májica!
EL MAR LEJANO
La fuente aleja su cantata.
Despiertan todos los caminos…
¡Mar de la aurora, mar d eplata
qué limpio estás entre los pino!
Viento del sur,m¿vienes sonoro
de soles! Ciegan los caminos…
¡Mar de la siesta, mar de oro;
qué alegre estás sobre los pinos!
Dice el verdón no sé qué cosa…
Mi alma se va por los caminos…
¡Mar de la tarde, mar de rosa;
qué dulce estás entre los pinos!
-
Amo el paisaje verde, por el lado del río.
El sol, entre la fronda, ilusiona el poniente;
y, sobre flores de oro, el pensamiento mío,
crepúsculo del alma, se va con la corriente.
¿Al mar? ¿Al cielo? ¿Al mundo? Qué se yo… Las estrellas
suelen bajar al agua, traídas por la brisa…
Medita el ruiseñor… Las penas son más bellas,
y sobre la tristeza florece la sonrisa.
EL POETA A CABALLO
¡Qué tranquilidad violeta,
por el sendero, a la tarde!
A caballo va el poeta…
¡Qué tranquilidad violeta!
La dulce brisa del río,
olorosa a junco y agua,
le refresca el señorío…
La brisa leve del río…
A caballo va el poeta….
¡Qué tranquilidad violeta!
Y el corazón se le pierde,
doliente y embalsamado,
en la madreselva verde…
Y el corazón se le pierde…
A caballo va el poeta…
¡Qué tranquilidad violeta!
Se está la orilla dorando…
El útlimo pensamiento
del sol, la deja soñando…
Se está la orilla dorando…
¡Qué tranquilidad violeta,
por el sendero, a la tarde!
A caballo va el poeta….
¡Qué tranquilidad violeta!
PRIMAVERA AMARILLA
Abril venía, lleno
todo de flores amarillas;
amarillo el arroyo,
amarillo el vallado, la colina,
el cementerio de los niños,
el huerto aquel donde el amor vivía.
El sol unjía de amarillo el mundo,
con sus luces caídas;
¡ay, por los lirios áureos,
el agua de oro, tibia;
las amarillas mariposas
sobre las rosas amarillas!
Guirnaldas amarillas escalaban
los árboles; el día
era una gracia perfumada de oro,
en un dorado despertar de vida.
Entre los huesos de los muertos,
abría Dios sus manos amarillas.
-
Señor, matadme, si queréis…
¡Pero, Señor, no me matéis!
¡Oh, Señor!, por el sol sonoro,
por la mariposa de oro,
por la rosa y por el lucero,
por los vilanos del sendero,
por el trino del ruiseñor,
por los naranjales en flor,
por la perlería del río,
por el dulce pinar umbrío,
por los suaves labios rojos
de ella, y por sus grandes ojos;
¡Señor, Señor, no me matéis!
…Pero matadme, si queréis…
NADA
A tu abandono opongo la elevada
torre de mi divino pensamiento.
Subido a ella, el corazón sangriento
verá la mar, por él empurpurada.
Fabricaré en mi sombra la alborada,
mi lira guardaré del vano viento,
buscaré en mis entrañas mi sustento…
Mas ¡ay!, ¿y si esta paz no fuera nada?
-nada, sí, nada, nada!... -O que cayera
mi corazón al agua, y de este modo
fuese el mundo un castillo hueco y frío…-
Que tú eres tú, la humana primavera,
la tierra, el aire, el agua, el fuego, ¡todo!,
…¡y soy yo sólo el pensamiento mío!
SOLEDAD
En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante,
cual mi frente
tus olas van, como mis pensamientos
y vienen, van y vienen,
besándose, apartándose,
en un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late, y no lo siente…
¡Qué plenitud de soledad, mar solo!
-
Yo no seré yo, muerte,
hasta que tú te unas con mi vida
y me completes así todo;
hasta que mi mitad de luz se cierre
con mi mitad de sombra
-y sea yo equilibrio eterno
en la mente del mundo:
unas veces, mi medio yo, radiante;
otras, mi otro medio yo, en olvido-.
Yo no seré yo, muerte
hasta que tú en tu turno, vistas
de huesos pálidos mi alma.
Otros grandes poemas más largos son:
VELANDO A CLARA
GENERALIFE
CON LA CRUZ DEL SUR