Un manga alucinante, que podría ser analizado incluso desde la perspectiva de lo real lacaniano, como la percepción liberada que rompe con todo plano simbólico y deja desprendida la experiencia a si misma, a su propia reproducción inconstante y perenne. Por otra parte, para los lectores argentinos que incurrimos en Keichi Koike, ciertas situaciones pueden remitirnos al cuento el Aleph, de Borges- el individuo se disgrega en una serie de visiones imposibles y continuas, que rompen con la trama e incluso solo pueden ser descriptas mediante una ruptura de la forma, de la viñeta, de los modos en el que la imagen narra lo plural y lo simultáneo.
Utilizando como excusa el universo de las drogas, plasmando la narración en un mundo futurista donde fármacos increibles son utilizados para provocar cualquier emoción, donde sin estos la vida se convierte en una especie de automatismo tedioso e insoportable, Keichi Koike explora no solo la percepción de sus personajes, sino la del lector, unciendo y deconstruyendo los mismos modos narrativos, dividiendo y desglosando la viñeta en combinaciones cada vez mas arriesgadas e impactantes. Por otra parte, posee un estilo que no teme al grotesco, al delineado oscuro y tajante de sus personajes, de la metonimia feroz y cruel, pero aun así estéticamente impecable.
Recomendado para todos aquellos que gusten de la experimentación con la forma y el contenido, con su contaminación mutua, con su crecimiento simbiótico.