Diles que no me maten!
Es la segunda vez que leo este cuento, debo decir que “Diles que no me maten” fue lo primero que leí de Rulfo y de manera inmediata quedé encantado con el autor. El cuento relata la persecución que ejercen las consecuencias de un viejo acto sobre un adulto mayor corroído por las mismas. En esta segunda relectura encontré más significativo el concepto de Rulfo sobre la muerte, ya que en este relato se plasma de una manera distinta a los otros, se habla de una muerte consciente (de manera negativa), del constante acecho de esta y del miedo a perder la vida. Un beneficio de las relecturas es que entre cada una hay un espacio para abordar otras obras que ayudan a complementar lo ya visto, en este caso me vinieron a la mente “La muerte de Iván illich” de León Tolstoi y “El idiota” de Dostoyevski.
La primera, sobre todo por la angustia provocada por la realización de la finitud de la vida, la búsqueda de la evasión de la muerte y el tratar de justificar las acciones que perpetraron una vida.
Juan Rulfo: “Ya he pagado, coronel. He pagado muchas veces. Todo me lo quitaron. Me castigaron de muchos modos. Me he pasado cosa de cuarenta años escondido como un apestado, siempre con el pálpito de que en cualquier rato me matarían.”
León Tolstoi: "Qué más daba que fuera por la mañana o por la tarde, viernes o domingo, era todo lo mismo, siempre lo mismo: un dolor sordo y lacerante, que no remitía ni un momento; la conciencia de que la vida se marchaba inexorablemente, pero que aún no se había ido del todo; la cercanía cada vez más angustiosa de la muerte terrible y odiosa, que era la única realidad, y siempre la misma mentira."
La segunda la recordé específicamente por un pasaje de la extensa novela del escritor ruso, se menciona el caso particular de un prisionero condenado a muerte, a quién después de veinte minutos de sentencia se le informa que esta ha sido revocada. El prisionero vivió veinte minutos con la convicción de que moriría, cuando se le pregunta cuales fueron sus sensaciones en ese periodo de tiempo, este responde
Dostoyevski: “¡Si no muriese! ¡Si me perdonaran la vida! ¡Qué eternidad! ¡Y toda mía! Entonces cada minuto sería para mí una existencia entera, no perdería uno solo y vigilaría cada instante para no malgastarlo." Posteriormente se habla de que el prisionero no logró preservar su palabra y no fue tan “eficiente” con aprovechar su vida.
Juan Rulfo: “No tenía ganas de nada. Solo de vivir. Le habían entrado unas ganas tan grandes de vivir como sólo las puede sentir un recién resucitado.”
Observamos a Juvencio “el sentenciado” Nava con un ansía inconmensurable de vivir, pero a pesar de esta, su personalidad remanece igual, en ningún punto se arrepintió de su crimen e incluso observamos cómo lo único que le interesa es perpetrar su existencia.
Tanto Juvencio como el prisionero, muestran una supuesta intención de rectificar y de mejorar su vida, pero esta termina por ser solamente un rechazo a la muerte, un miedo que destaca por sentenciarlos a permanecer como ellos mismos.
Celebro este relato, con tan solo 9 páginas logra crear una historia muy intensa y cruda, la cuál se puede profundizar de buena manera. Grande Rulfo!