Wilkie Collins tiene un estilo de escritura sagaz, elocuente, extremadamente coherente y con un vocabulario contundente. Es, en esencia, ese trato preferente que le da a las emociones de los personajes -algo casi tan relevante como la historia-, lo que da lugar a personajes que casi no necesitan imaginarse: "hablan por si solos".
En esta recopilación, tenemos dos historias totalmente diferentes: "El hotel de los horrores" y "La confesión del pastos anglicano".
El primer título es la historia de una muerte, una desaparición, un complot, de visiones fantasmagóricas, romanticismo... En definitiva, una historia muy bella e inmaculada en escritura y elegante en hechos, hasta que viene lo terrorífico, los impulsos violentos, la locura -en algún personaje-. Así, debo citar a la que a posteriori será llamada condesa, el personaje que más me asustó antes de los propios "sustos", tan irascible e inestable.
Por otra parte, el que en la propia novela exista un texto teatral que sirve para anular el misterio me pareció una idea sublime y apetecible, además de lo suficientemente ridícula como para respetarla. Aunque el personaje llamara a estas inclinaciones...
En cuanto a la segunda historia, "La confesión del pastos anglicano", mucho más breve, relata la vida de un pastor anglicano cuya última confesión habría podido asegurar el mundo un poco más.
Es muy bello ver como el personaje se desenvuelve en el mundo y adquiere la madurez.
Además de ese toque fantasmal tan raro lo complementa, no lo hace desagradable. Y esto ocurre porque era un escritor muy astuto.
Yo recomendaría leer este primero antes que "El hotel de los horrores" por ser más llevadero e inocente y menos enfocado en la alta esfera de la sociedad.
Definitivamente una novela para deleitarse con cada página, con cada nueva trama, con cada trivialidad. Y aunque no creo que merezca las 5 estrellas, creo que la sensación de saciedad y entretenimiento por un final coherente las merece. Bon appétit.