El mismo día que un gran empresario llega a lo más alto del poder económico en su región, el cadáver de un indigente aparece flotando en los muelles. Solo el Gordo Castro, un estudiante de periodismo en prácticas, desgreñado, asocial y adicto al café con leche, sabe que ambas noticias están estrechamente relacionadas.
De procedencia humilde y formación autodidacta, (Las Palmas de Gran Canaria, España, 1971) se ha destacado por sus novelas de corte policial, sus colecciones de relatos y sus libros infantiles, pero es autor, además, de seis espectáculos dramático-musicales, los guiones de un programa de televisión, artículos y docenas de letras de canciones para diversos intérpretes. Defiende una concepción artesanal del hecho literario, en la cual se combinan amenidad, reflexión e incomodidad.
Me lo he pasado francamente bien con esta novela que hemos leído en clase. Queríamos leer algo de suspense y misterio con los estudiantes y hemos encontrado una entretenida historia que recorre Las Palmas y Tenerife para denunciar un crimen y, sobre todo, la situación de indefensión frente a los caciques de turno que tenemos en nuestras islas.
Debo agregar que, además, me ha gustado mucho el estilo en primera persona de su narrador, Gordo, que no duda en incluir metáforas que recuerdan al mejor cine negro.
Aunque algunas cuestiones creo que pueden haber envejecido en poco más de diez años desde su publicación, el mensaje final sigue vigente. Probaré con otras obras de Ravelo.
Leíble, entretenido, aunque puede ser algo conveniente en cuanto a la trama a veces. Su personaje principal es entrañable, aunque parece el alter ego de un caballero que le saca por lo menos veinte años: esto último con todo respeto.