Todo empezó como un festejo carnavalesco, y a partir de ahí, ya no se pudo detener...
Honesto, erudito y revelador: he aquí las características de este magnífico ensayo sobre una de las leyendas religiosas más arraigadas en la tradición cristiana (para gran pesar de las feministas posmodernas), la de la "papisa Juana".
El autor nos conduce a los orígenes "prehistóricos" de esta leyenda, hallando sus raíces en la antigua celebración de las saturnales romanas, cuando, entre fines de diciembre y principios de enero, se llevaban a cabo festejos de tipo carnavalesco donde las categorías sociales eran invertidas: durante esos días, los amos se permitían volverse esclavos y viceversa, el pueblo tenía permitido reírse y parodiar a autoridades y celebridades, realizar fiestas y jolgorio, todo ello dentro del marco preciso de un festejo de corte religioso.
La celebración es absorbida por la Iglesia (de hecho, todavía se conserva la fiesta de carnaval en el mes de enero, pero ahora como una forma de licencia social permitida en el ámbito religioso previa a la Cuaresma y la Semana Santa), y al menos hasta el siglo IX d. n. e. era común que la curia participase de forma activa, permitiendo al pueblo "parodiar" la toma de posesión papal en San Juan de Letrán, una procesión a lomos de un asno por las calles de Roma con un "doble" del Papa sentado dando la espalda a la procesión.
Cuando la Iglesia debe afianzar su poder ante los reyes europeos (amparada en la -falsa- donación de Constantino), el ceremonial de toma de posesión evoluciona y el Papa va "alejándose" más y más de aquel contacto popular; surgen solemnidades extrañas a los ojos del pueblo (como ver sentarse al pontífice en sillas que representan los poderes espiritual y terrenal), cargadas de simbolismos incomprensibles al vulgo pero evidentes a los ojos de los poderosos de aquella época. Resultado: el pueblo continuó su festejo, pero agregando al mismo ahora nuevos elementos que parodiar, entre ellos, la inversión de sexo de la figura central, el Papa.
Durante algunos siglos el festejo siguió su andadura pero a nivel estrictamente local, sin representar nada más que una fiesta carnavalesca. Sin embargo, a partir del siglo XIII comienza a cobrar vida en las crónicas escritas la "historia" de una mujer que, travestida de hombre, llega a ser Papa. El primer autor es Juan de Mailly, quien, reconociendo que es tan solo una leyenda, deja pendiente el confirmar la veracidad de la historia. Sin embargo, esta escapa a su control y el rumor, la tradición popular, cobra vida en manos de Martín el Polaco; a partir de allí, se vuelve imparable, y cada historiador de la historia de la iglesia va agregando "picos y colas" más y más fantasiosos que legitiman, irónicamente, la "veracidad" de lo que era una parodia. El tiempo borra este elemento y va tomándose "ad pedem litterae", hasta llegar a nuestros días como una historia con santo y seña, ubicación temporal y detalles variados, incluido aquel de confirmar el sexo de los papas, por si acaso... ninguno real, por desgracia.
Un elemento que criticar al autor es que a lo largo de su exposición realiza muchos "altos" para introducir "excursus" o disgresiones para contextualizar este o aquel aspecto histórico, lo que puede provocar cierta confusión o distracción en el lector. Nada insuperable: un poco de exigencia y concentración permiten superar este aspecto.
Vale la pena el tiempo invertido en esta lectura, todo un ejercicio intelectual iluminador y revelador. Quizá decepcione a alguna feminista, que ya ondeaba la leyenda de la papisa Juana como bandera reivindicadora de la capacidad de la mujer y de la opresión masculina. Es una lástima: deberá buscarse otro personaje más cierto, como Hipatia, por ejemplo...
Saludos!!!