El autor ha publicado ya cuentos Matando enanos a garrotazos, 1982; Poemas chinos, 1987 y las novelas Su turno paramorir, 1976, Aventuras de un novelista atonal, 1982; y La hija de Kheops, 1989. Esta novela es la historia del Emperador que construyo la Gran Muralla China.
Alberto Laiseca nació en Rosario el 11 de febrero de 1941, pero pasó su infancia en Camilo Aldao, un pueblo ubicado en el límite entre las provincias de Córdoba y Santa Fe. Tras abandonar sus estudios de ingeniería química, trabajó en diferentes oficios en distintas provincias: fue cosechero, empleado telefónico y corrector de pruebas en un periódico. En 1976 publicó su primera novela, «Su turno para morir», y seis años después su segundo libro, «Aventuras de un novelista atonal». A partir de entonces, escribiría y publicaría un libro cada dos o tres años. La década de los noventa es considerada por críticos y lectores una clave de la producción literaria de Laiseca, pues termina de delimitar una zona de interés y donde la escritura hace cumbre: «La hija de Kheops», «La mujer en la muralla», «El jardín de las máquinas parlantes» y, sobre todo, «Los Sorias», uno de los proyectos más vastos y vigorosos de la literatura argentina.
Su obra completa es extensa y compleja: más de veinte libros en varios géneros, del cuento a la novela, pasando por el ensayo y por textos de género más híbrido. Sus ficciones, que inventan mundos singulares y apelan a la imaginación y a la desmesura, han suscitado la admiración incondicional de numerosos escritores, críticos y lectores.
Con motivo del que habría sido el 75 aniversario del maestro Laiseca, decidí leer el último de sus libros que me traje de Argentina y aún aguardaba en mi montón de pendientes.
Hacía algunos años que no leía al "Mostro" y, tan pronto como me adentré en el primer capítulo, sentí que volvía a tenerlo delante, pertrechado tras un humeante cigarrillo y una taza de cerveza, con toda su inmensidad de forma y de fondo.
Y es que, quienes le conocimos en vida, podemos constatar que tanto sus ficciones como, en este caso, sus personalísimas novelas históricas, se nutren de las obsesiones más íntimas del autor. En los delirios, desmesuras, perversos despliegues de crueldad y profusión de datos enciclopédicos de este 'La mujer en la muralla' hay más humanidad de la que puede encontrarse en la mayoría de autores pretendidamente humanistas.
En esta ocasión, Alberto Laiseca decide cubrirse con los ropajes del astuto Consejero Lai Chú y, acompañado por una ristra de personajes tan entrañables como odiosos, relatarnos las intrigas palaciegas que delimitaron el auge y caída del joven príncipe Chöng, impulsor de la Gran Muralla y figura histórica primordial en la configuración del Imperio.
Pero ante todo esta es su historia, la crónica de sus anhelos, miedos, fantasmas y obsesiones que, como todo lo que tiene que ver con él, cobran dimensiones tan absurdamente grotescas que ni los límites geográficos ni los vastos siglos pueden contenerlos y cuyo eco seguirá reverberando mientras tengamos a bien leerle.