PRESENTACIÓN
El hombre no tiene alas; no puede volar como lo haré yo un día.
Me da lástima verle tan pesado y adherido al suelo como una piedra.
JOAQUÍN ANTONIO URIBE
EL LIBRO CUADROS DE LA NATURALEZA de Joaquín Antonio Uribe presenta un mundo que ya no existe. Cierto tipo de lector dirá que ese mundo nunca existió, que fue sólo una bella utopía que ocurrió una vez en la imaginación de su autor. Sea cierto o no, quienes se acerquen de manera desprevenida a esta obra no negarán que en lugar de la ruidosa vida moderna, don Joaquín prefirió poner el soplo de la brisa perezosa, los ecos del rumoroso torrente, el canto de los pájaros enamorados, el zumbido de los insectos y el suave revoloteo de las mariposas. En vez de la polución citadina, Cuadros de la naturaleza optó por revelar detalles acerca de los perfumados limoneros, los fragantes jazmines, las albahacas olorosas, el aromático efluvio del chirimoyo y las emanaciones de los árboles nativos de los Andes colombianos.
Más que una disertación sobre el progreso, Joaquín Antonio Uribe quiso explicar cómo viven las hormigas arrieras, cuál es la estructura social de las abejas y por qué las bacterias son floras semifantásticas que, vistas a través de un microscopio, parecen los engendros de una ilusión (1916, pág. 18). En lugar de exponer un manual de agricultura, nuestro autor optó por revelar su amor hacia las llamadas «flores tristes». ¿Por qué? Porque estas «son como manantiales de aromas que, sólo en la sombra, cuando la naturaleza duerme, los vierten, silenciosas y castas, como un río de afectos» (pág. 34). Así que ni el ruido de la vida moderna, ni la contaminación, ni el progreso, ni el desarrollo están presentes en Cuadros de la naturaleza. Esta es una obra para saborear con tiempo, pues el mundo que revela parece sacado de otro tiempo.