En este libro, Ralph P. Martin nos brinda un estudio exhaustivo que abarca aspectos bíblicos, teológicos e históricos de la liturgia en el primer siglo. A lo largo de sus páginas, se realiza un análisis profundo y, al mismo tiempo, accesible, explorando el origen, el desarrollo y la finalidad de la adoración en el cristianismo. A continuación, compartiré tres aprendizajes clave derivados de esta obra.
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En primer lugar, aprendemos que la adoración correcta es la consecuencia de nuestra comprensión de Dios y, por supuesto, de su obra en nosotros. Un dicho popular y técnico señala que “a mayor teología, mayor doxología”, es decir, que si deseamos intensificar nuestra adoración, debemos comprometernos a estudiar la Escritura, ya que en ella se nos revela quién es Dios y qué espera de nosotros.
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En segundo lugar, aprendemos que la adoración en el culto público es un acto corporativo. Todos los creyentes deben participar en la oración, la adoración y la predicación, así como en el servicio mutuo, las ofrendas y los sacramentos; algunos dirigirán, mientras que otros corresponderán. Por tanto, recordemos que Dios estableció un pueblo y una adoración para sí mismo, y no hay manera de que una funcione sin la otra.
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En tercer lugar, aprendemos que Dios participa activamente en su propia adoración. En el cristianismo, no solo se destaca la iniciativa divina para relacionarse con los seres humanos, sino también su presencia especial en medio de su pueblo. Dios ha prometido descender en la congregación de sus santos, una realidad que a veces pasamos por alto. Sin embargo, es crucial recordar que Dios nos asiste y, por tanto, podemos rendirle culto.
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En conclusión, el trabajo de Ralph P. Martin nos ofrece una detallada exploración de la liturgia en el primer siglo, al mismo tiempo que nos anima como iglesia a rendir culto a nuestro Dios de manera apropiada. En este sentido, es esencial comprometernos con el estudio de las Escrituras, colaborar activamente en cada segmento de nuestra liturgia y disfrutar de la presencia asistencial de nuestro Dios.