No me entusiasmó esta historia de niña, aunque ahora me ha parecido dulce y bonita. Vista desde el punto de vista de los padres, ya como adulta, entiendes cosas como la preocupación o el dolor por una hija, aunque no comprendes tanto por qué la usan como moneda de cambio en su (no) relación... quizá hemos avanzado algo como sociedad.
También me ha gustado mucho la escena en la que abraza a Ofelia como si fuera su madre porque quiere protegerla. Lo encontré tierno. Luego descubres cómo trata al pez y ya no te parece una niña tan maja, eso sí.
En fin, no es un relato memorable, pero entretiene.