Punto mítico de encuentro entre la fuerza olvidadiza del alzheimer y la memoria de un pasado feliz que une a dos mujeres -la madrastra y la hija del marido muerto-, Singapur es la crónica de una mirada pasiva que se hunde en el fantasma de un marido y un padre. Sin casi pensamientos, en la descripción detallada y melancólica de un recuerdo deshilachado que se querría punto de sustentación, esta novela nos va descarnando sus personajes en su declive melancólico, hasta un final que va tomando fuerza con una resolución estilística admirable.
Antoni García Porta (Barcelona, 1954) obtuvo el premio Ámbito Literario de Narrativa 1984 con el libro Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, escrito en colaboración con Roberto Bolaño y publicado por Acantilado en 2006. Esta misma editorial ha publicado sus novelas Braudel por Braudel (1999), El peso del aire (2001), Singapur (2003), Concierto del No Mundo (2006), que ganó el premio de novela Café Gijón 2005, y Geografía del tiempo (2008).
Ha sido traducido a diversas lenguas. En 2012, Acantilado publicó Otra vida en la maleta, escrita con Gregorio Casamayor. A finales de 2015 vio la luz Las dimensiones finitas, que da continuidad a su particular universo narrativo.
Novela sobre la fragilidad humana. Nada se queda quieto cuando intentamos comprender eso que somos. La memoria no es confiable. El pasado se vuelve ficción, el futuro voluntad. El presente no existe. Los otros devuelven distorsiones inconscientes. Lo que queda es un páramo, un caleidoscopio, una película entrecortada que en esta novela se nombra como Singapur. Las imágenes huyen del esencialismo, existen sólo como cruces momentáneos de otras imágenes. Hay una convergencia muy interesante de la literatura con la pintura, la arquitectura y la música. Quizás en esto haya algún exceso del autor. Este texto no es un cuento, sino que parece ser una novela, por lo que Porta se puede dar ese permiso. Pero igualmente menciona demasiados compositores, arquitectos, pintores y escritores. La enfermedad de Alzheimer funciona como azar premeditado para pensar la condición humana. Aunque por momentos hay demasiadas palabras, creo que es virtuosa la modulación de los silencios. El efecto es reflexivo. Porta es un narrador inteligente de estilo cultivado. Esta lectura deja un regusto triste pero luminoso.
Muy bueno, una historia dolorosísima y bellamente escrita, tiene esos toques, esos detalles que revelan que nada ha sido dejado al azar o a la espontaneidad, es perfecta, reflexiva e íntima. Me leí la mitad de la novela en la librería y no me resistí a llevármela. Al autor lo tenía en la mente porque escribió una novela en colaboración con Roberto Bolaño, en los inicios de ambos, de hecho fue la primera producción literaria de ambos, una novela que no he leído aún titulada Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce (acreedora al Premio Ámbito Literario de 1986) le di una oportunidad y no me decepcionó. Fragmento: “Ayer Sonia me preguntó por qué no tengo televisor. Le dije que era una postura radical. Ella dijo: así que no es por falta de dinero. Me puse a reír. Parece que no tener televisor es sinónimo de pobreza. Mi madre dice que eres muy rica, confesó al rato. Más o menos, le respondí aumentando su confusión. Hoy, Sonia me ha preguntado si no me tiño las canas porque soy radical.”