Leerlo a el hablando sobre su vida en prosas explicando su propia psiquis y su locura, me enseñó más sobre la vida y la literatura que cualquiera curso universitario. Es una joya de la literatura está libro.
La mañana del 22 de mayo de 1997 Raúl Gómez Jattin murió en Cartagena. En este libro, Heriberto Fiorillo cuenta que un bus de la flota Zaragocilla lo arrolló en la segunda calzada de la Avenida Pedro de Heredia, cerca al monumento de la India Catalina. "El informe del levantamiento del cadáver dice que el accidente se produjo a las 7:40 de la mañana, hora de gran congestión en el lugar. Otros testigos afirman que los hechos se produjeron más temprano, pero que Raúl permaneció largo tiempo desangrándose en la vía". Incluso hay una primera versión, conocida de manera extraoficial, que cuenta que fue una señora quien atropelló al poeta, mientras viajaba con su hija en un automóvil particular, rumbo al colegio de la pequeña. Nadie sabe con certeza qué ocurrió hace veintisiete años. Salvo que murió Gómez Jattin y su poesía, que para ese momento ya era muy conocida, se convirtió en leyenda.
Una leyenda que inició años antes del nacimiento del poeta, el 31 de mayo de 1945. Fue a finales de los años veinte que Lola Jattin (madre inmortalizada en el portentoso poema homónimo) vivía con sus cinco hijos y primer esposo, Abdalá Chadid, en Sincelejo. Joaquín Gómez (padre de Raúl) conoció a Lola en Cartagena, se enamoraron y se fueron a vivir a Lorica, en donde sufrieron el escarnio público por practicar el amor libre. Cansados de ser señalados como concubinos, los Gómez Jattin se mudaron a Cereté, a orillas del río Sinú. Allí se establecieron y tuvieron a sus hijos: Rubén y Raúl. En aquel pueblo el poeta pasó la infancia, la adolescencia y parte de su juventud. Del apareamiento de su alma de naturaleza animal con aquel lugar mítico brotaron los libros: Retratos, Amanecer en el valle del Sinú y Del amor. El famoso Tríptico cereteano, uno de los trabajos más icónicos, intensos y deslumbrantes del autor.
Heriberto Fiorillo compone un perfil extenso construido con archivos de prensa, bibliografía especializada, testimonios y entrevistas a amigos, amigas, familiares, psiquiatras, compañeros y compañeras del poeta, durante las distintas etapas de su vida. Desde la niñez y la adolescencia en Cereté y Cartagena, la aventura como joven estudiante de derecho y destacado actor y dramaturgo en Bogotá; pasando por su nacimiento como poeta en la finca Mozambique en Cereté, el descubrimiento de los alucinógenos, la herida honda y acaso mortal de la muerte del padre, el distanciamiento definitivo y acaso mortal con la madre, el origen de todos sus libros, el descenso a la locura, la visita a sanatorios mentales y cárceles; hasta la consagración, fama, indigencia, adicción y muerte de Gómez Jattin. Arde Raúl es un libro que, como insinúa su título, quema a quien lo lee.
"Estuve loco en el buen y mal sentido de la palabra. En el mal sentido, porque la locura no pudo impedir que me llevaran a las clínicas psiquiátricas; y en el buen sentido, porque la locura me permitió ser artista. La locura deja llegar a niveles de profundización del alma humana. Es una forma de ser en fantasía. Lo diré de otro modo: no estaba en la locura. Estaba en la metáfora de manera consciente".