L'objet absolument singulier est incapable de décliner son identité, puisqu'il n'est rien qui lui soit identique : il est à la fois unique et étrange, et pour la même raison. Tel est le monde dans son ensemble : "un être unilatéral dont le complément en miroir n'existe pas" (Ernst Mach). Et telle est la réalité en général, composée d'objets singuliers, ensemble indéterminé d'objets non identifiables. Objets proprement indescriptibles, mais d'autant plus évocateurs du réel que la description en est plus malaisée. Ainsi, par exemple, les objets du rire, de la terreur, du désir, du cinéma, de la musique donnent-ils lieu à d'étranges et exemplaires appréhensions du réel.
Rosset acá profundiza en la noción de "lo real", que en "lo real y su doble" se atiene a ser simplemente todo aquello que acontece. Más cerca de su noción de filosofía trágica, acá lo real es lo único que es y que por tal, cargando con su singularidad, no puede ser representado. ¿pero como accedemos a saber que existe, sin representacion? Rosset propone que los "dobles" que vanamente intentan reproducir el mundo son nuestra realidad, en la medida que estamos obnubilados por su falso resplandor. Lo real entonces aparece en múltiples experiencias como la alegría, el aburrimiento, la tristeza, pero como tales, sin referir a otra cosa. El saber, por su parte, es un saber tragico de la falta de mundo, de ese mundo duplicado por el que podríamos traducir lo real, y que se ata a la alegría de aceptar sin más lo real, dando vida a una alegría del saber y a un saber alegre, retomando a Niesztche y su placer dionosíaco.
Rosset continúa su tesis de "filosofía trágica" hacia el final del libro la cual establece la imposibilidad de cualquier acontecimiento, puesto que implicaría un corte de lo real, que por definición es continuo. En este sentido, tacha a Hegel y su filosofía de la Historia, por ubicar en ese "otro" del espíritu de la Historia al ser de la misma. Lo mismo con Heidegger y su diferenciación entre ser y ente, dónde el ser permitiría los entes y la entelección del mundo en una retirada permanente, dejando una estela (¿que es una estela sino la huella de algo que no está?) de apertura, como un corte a través de la tela que recubre lo real. La metafísica y su vocación por encontrar la realidad en otro lado de la misma, se extiende a la lógica religiosa donde el mundo (para el cristianismo por ejemplo) es solo un periodo intermedio entre Dios y Dios.
Rosset entonces apela a la noción de alegría para describir un sentimiento que no requiere de apoyatura, de soldadura o justificación. Es también su respuesta ante lo que considera la noción negativa de la realidad que propone la metafísica. Mención aparte se lleva el más denso y hermoso apartado dedicado a la música. Para Rosset la música recrea su condición de "real", sin remitir al mundo real ni suscitando ninguna significación. La música no tiene mensaje para el autor, es solo significante puro que deviene una y otra vez como novedad en tanto no remite a ningún léxico (si a un lenguaje). La música no diciendo nada dice todo y nos introduce en la sensación virtuosa de un dejavu de lo diferente, a pesar de repetir una y otra vez la misma pieza.