Entre las mejores lecturas del año sin discusión alguna.
Si algo caracteriza a la obra de Jirō Taniguchi es esa manera tan única de tratar temas tan cotidianos para el ojo común. Pero de una profundidad considerable para el observador avezado.
En ésta recopilación de historias sobre los propósitos en la vida, la convicción e instinto de supervivencia, el milagro del nacimiento, la rememoranza del pasado, las metas y sueños del porvenir y la muerte misma vista desde una perspectiva más bella que lúgubre. Se le suma a la exquisita narrativa, el extraordinario arte de este notable autor.
Escoger una historia o solo un par sería quitarle mérito a las demás. Debido a que, para mí, a pesar de ser relatos sin ninguna conexión entre sí. Los considero como un conjunto donde se explora la vida misma.
La humanidad con sus vivencias, logros, derrotas, convicciones, cultura, inteligencia, deseos, miedos, romances, ambiciones, creencias, calamidades, pérdidas, tesoros, etc.
Los animales siendo parte primordial del ecosistema. Siguiendo su instinto para sobrevivir, una selección natural, una brújula de peregrinaje, una migración o hibernación, un estilo de cacería, un método de defensa, etcétera.
La naturaleza, a la cual obedecen los elementos, el fuego, el viento, el agua, la tierra; los fenómenos naturales, la ventisca, los aludes, la lluvia, el huracán, los sismos, las sequías; las estaciones, verano, invierno, otoño, primavera; etcétera.
Cómo mencioné al inicio de esta opinión, las historias de Jirō Taniguchi, son más disfrutables para el espectador avezado. Aquél que ve divertimento en una salida a caminar, una tarde en el parque, un momento a solas en silencio para contemplar todo aquéllo servido en nuestro entorno para ser admirado.