Independientemente de la extensión de los varios cuentos en este libro, sean de una página o treinta, todos tienen una forma deliberadamente asimétrica. Las narraciones se detienen y ahondan en momentos, circunstancias, objetos, pensamientos, emociones, etc., solo para después concluir con un giro súbito que parece suprimir de golpe todo lo que vimos anteriormente. Igualmente, los más extensos tienden a ser un tanto fragmentarios, es decir, que van avanzando a través de imágenes y circunstancias dispersas. Los temas son casi siempre trágicos: violación, síndrome de Estocolmo, bebés abandonados, incesto, incendios, despojo, etc. Sin embargo, todo esto siempre es tratado desde un punto de vista liminal, donde lo que va sucediendo nunca pertenece del todo ni al sueño ni a la vigilia, por lo que la mirada de la narración nunca es morbosa ni moralista, sino de una confusa nitidez, avanzando de manera firme pero como sin saber por dónde.