Tras leer Basilisco y quedar fascinado con el juego literario que proponía Jon Bilbao, tenía ciertas dudas sobre Araña. Me preguntaba si sería capaz de llevar aún más lejos esa mezcla entre autoficción y novela, si seguiría jugando con la ambigüedad entre relato y compendio de cuentos, y si exploraría con mayor profundidad la conexión entre sus dos mundos.
Me equivoqué al dudar.
Araña no solo expande los universos que Bilbao construyó en su libro anterior, sino que los entrelaza con mayor precisión y los vuelve aún más densos y significativos. La historia de Jon, el escritor contemporáneo, y la de John Dunbar, el Basilisco del western, comienzan a solaparse de formas inesperadas. Lo que en Basilisco podía parecer una dualidad más marcada entre dos líneas narrativas aquí se disuelve hasta volverse más ambigua, más inquietante.
Uno de los mayores aciertos de Araña es la sensación de que ambas historias están destinadas a conectarse de manera definitiva. Bilbao no solo juega con la literatura, sino que la convierte en un juego de espejos en el que el propio acto de contar historias se vuelve parte del relato. Jon, el protagonista contemporáneo, narra a sus hijos las historias de Basilisco, pero dentro del western también existe un escritor que documenta la vida de Dunbar. Y por encima de todo esto, el propio Bilbao, como autor real, parece tejer una metanarrativa que atrapa a lector y personajes por igual.
Pero si hay un elemento que domina la novela, ese es la figura que da título al libro: la araña. A medida que avanza la historia, esta presencia se vuelve cada vez más relevante, adquiriendo una fuerza simbólica que afecta tanto a Jon como a Dunbar. No es solo un nombre, ni un personaje más; es un eje que conecta ambos mundos y que parece encarnar el destino inevitable de los protagonistas.
Además, la atmósfera de la novela refuerza esta sensación de tensión y extrañeza. Hay algo en la forma en la que Bilbao construye las escenas que genera la impresión de que en cualquier momento puede estallar el conflicto. La cotidianidad de Jon está impregnada de un suspense casi imperceptible, mientras que el mundo de Dunbar, con sus tintes de western y realismo mágico, se siente cada vez más onírico y perturbador.
En definitiva, Araña es un paso adelante respecto a Basilisco. Bilbao no se conforma con repetir la fórmula, sino que la amplía, la retuerce y la lleva a un nivel superior. Es una novela que desafía al lector, que juega con los límites de la ficción y que nos sumerge en una historia que parece expandirse más allá de sus propias páginas.