Nova muerta, tal como la profecía decía, tal como ellos ya sabían que iba a pasar… y aun así, están todos desesperados, peleándose entre sí, discutiendo decisiones que tomaron—o no tomaron—y portándose como si esto los hubiera sorprendido. Literalmente habían repetido mil veces que el Phoenix renace, pero bueno, en este libro todos funcionan como si tuvieran selectiva memoria emocional. Están destruidos, divididos, amargados, casi a punto de abandonar Phoenix Falls. Y ahí estaba yo, leyendo y pensando: “¿pero no eran ustedes los destinados? ¿no se suponía que estaban preparados?”. No. En absoluto.
Encima, entre todo ese caos, recuperan a Nico, que revive convertido en una especie de perro demonio al servicio de Eve, la bruja mala. Un giro raro, pero bueno, ya veníamos mal desde el libro 4. Sam, que todavía no sabe quién es en esta vida, tiene que adaptarse a que su hermano ahora viene literalmente con cola.
Con todos deprimidos, Rev—que ya directamente hace de niñera emocional del grupo—los obliga a hacer un velorio simbólico por Nova en el lago. Habían pasado tres semanas, no tres años. Pero bueno, van. Están llorando, vacíos, dudando incluso si seguir juntos como grupo…
Y ahí, obvio, pasa: Nova revive del agua como un Phoenix literal, súper poderosa, súper brillante, súper infalible, súper todo. Y sin una sola explicación real sobre por qué ahora sabe hacer absolutamente cualquier cosa mágica. Sale del lago y es básicamente una diosa omnipotente: visiones, poder ilimitado, fuerza descomunal, todo lo que antes no podía… ahora sí. Sin entrenamiento, sin proceso, sin transición. Nada. Encima, apenas revive, lo primero que hace es acostarse con los cinco a la vez. Sí, apenas vuelve del infierno y ¡pum! escena múltiple épica. No sé si emocionalmente reconfortante o un ataque de epilepsia literaria, pero está ahí.
Después de eso, se supone que tienen que ser discretos porque no quieren que el diablo sepa que Nova volvió. Ella lo dice. Todos están de acuerdo. ¿Y qué hace Nova? Ve a una humana siendo atacada por un demonio y la salva mágicamente. Obvio, automáticamente el diablo se entera. Fin de ese plan.
Ahí llega el giro que más me sacó:
sí, Nico era uno de sus predestinados. Sam no.
O sea, toda la incomodidad, la orgía rara, los mil conflictos… ¿para qué? Sam entra en crisis por tres segundos, se recupera mágicamente y ya.
Todos toman la sangre de Nova, convirtiéndose en versiones turbo de sí mismos, recontra potenciados. Todos salvo Nico, que mágicamente queda afuera del vínculo profundo… y termina enamorándose de Rev. ¡REV! El mismo tipo que no es parte del quinteto, que no estaba predestinado, que no tendría nada que ver con la profecía. Pero no, Nico decide que su alma gemela es él. Y es como… ¿por qué? ¿para qué? ¿qué necesidad? Me arruinó la parte final del libro.
Avanzando con el caos: Nico tiene que matar a Eve haciéndose pasar por perro demonio para bajar sus defensas. Lo hace. Y lo hace bien. Y después, en la batalla final, los cinco predestinados —turboalimentados con la sangre de Nova— luchan contra el diablo. Nico interfiere para matar a Eve; Sam y él juntos matan al padre.
Nova, mientras tanto, desata su máximo poder: revive a todas las brujas ancestrales que habían muerto ahí hace siglos, incluyendo a Ava y a sus cinco destinados, los originales que aparecían en las visiones. Con todos ellos unidos, destruyen definitivamente al diablo.
Los espíritus se van como estrellas fugaces, incluyendo Elena, la madre de Sam, que lo abraza antes de desaparecer. Sam queda medio destruido pero bueno, en esta saga nadie tiene tiempo de procesar nada.
Después de la gran batalla, todo se normaliza mágicamente rápido: organizan la ciudad, reconstruyen el caos, los que eran policías recuperan su trabajo como si nada hubiera pasado, y tres meses después están festejando el cumpleaños de Mack. Y sí, Mack ahora está en un cuerpo nuevo separado de Snow, otro invento que apenas explican.
Y acá llega la puñalada final: NICO VA AL CUMPLEAÑOS CON REV.
El predestinado. El que tendría que estar unido a Nova. El que se supone que debía cerrar el círculo. Y no. Llega con Rev como si fueran pareja oficial. Ahí se murió lo último que me quedaba de paciencia.
Termina así. Caótico, exagerado, apresurado, lleno de decisiones rarísimas que no respetan la lógica interna de la saga. Hay cosas buenas, sí, pero la estructura explota en mil lugares y sentís que la autora quiso cerrar diez tramas al mismo tiempo sin aire ni coherencia. Me dio bronca, me bloqueó, y terminé la saga más por necesidad de cerrarla que por disfrute.
Igual, como una masoquista literaria coherente, sé que voy a leer los tres libros que siguen… pero cuando se me pase el enojo. Porque esta saga me dio una montaña rusa emocional y, honestamente, ya estaba mareada.