¡Bueno! Menudo viaje. He terminado esta novela en tandas excesivamente largas y excesivamente cortas, y, aunque no considero que la capacidad de "enganche" de un libro sea condición sine qua non para catalogarlo/etiquetarlo/calificarlo como 'bueno' sí que pienso que ésta revela una relación del lector con la prosa y con el estilo del autor más que con la trama, la forma o las contingencias que sucedan en la página pertinente. En este caso y deteniéndonos particularmente en esto (¡si es que se puede separar aquello que llamamos estilo del resto de aspectos del conjunto!), la prosa de Torné es complicada. No diré compleja porque no considero que sea difícil de entender o que requiera girar el libro demasiadas veces para pillar el tono, pero sí que puede ser un escollo que soslayar para poder acceder a la Historia™, ¡principalmente porque se sostienen mutuamente!
El narrador, Joan-Marc Miró-Puig, habla en una carta sobre su matrimonio fallido y, a través de este, nos presenta, en bloques diferenciados y a través de varios saltos temporales (unidos con una habilidad muy particular), toda su vida: la relación con sus padres y su hermana, la visión de su pasado personificados en Eloise y Pedro-María y toda una perspectiva de las relaciones sociales, el sexo y el mundo muy particulares (y quizá moralmente reprobables).
Ahora bien, nuestro querido e intenso y excesivo Joan-Marc hace todo esto a través de un monólogo continuo, a veces verborreico y a veces de una precisión asombrosa («a tu lado creí que por ser joven y estar enamorado podía salir airoso», un fragmento más apropiado sería excesivamente largo, si leen la novela lo entenderán), pero ineludible y continuo en un ejercicio espléndido de sostenimiento casi atlántico.
Quitando todas estas movidas técnicas —que son una especie de explicación para mí mismo acerca de por qué me ha fascinado esta novela—, está la movida de la personalidad del Juan-Marcos de marras: un burgués perspicaz, de una ironía excesivamente incisiva y elocuente y una distancia moral que sitúa lo suficientemente lejos como para saberse con el conocimiento del mundo pero no tanto como para que se pueda notar su sentimiento de superioridad construido en base a haberse sabido guapo e inteligentísimo durante toda su vida. En resumen: un tío perturbadísimo que en base a una percepción particular del mundo ha construido un entramado moral prejuicioso, categorizador y lleno de distancias que puede lograr que hasta el más perseverante de los lectores se canse, hastíe y le mande a paseo con menos velocidad que con la que el propio Joan-Marc hacía volar el dinero.
En resumen del resumen: si os cuesta leer a peña que os cae mal y este tío os cae mal, mucha suerte, ¡no se calla durante todo el texto!
Pese a esto, que os puede parecer razón suficiente para no dar el paso de ir a comprar el libro o de pedirlo en la biblioteca de turno, es una novela maravillosa llena de reflexiones interesantísimas, de una retórica de-ida-y-vuelta pero hiper-precisa (a veces en las continuas enumeraciones Joan-Marc parece un poeta rebuscando en una interioridad vasta, rica, expansiva y profunda) y de un final (ya alejado del tono irónico y 'cáustico' que atraviesa todo el libro) que creo que logra con creces su objetivo reflexivo y sobrecogedor.
En resumen (otra vez ya, qué pesado): ¡lean a Torné!
P.D.: me gustaría también hablar (aunque sea un poco un intento de explicación de algo que quizá quieran leer ustedes primero así que pueden parar aquí) de cómo todo, todo, todo, incluso los diálogos y las intervenciones externas se sitúan en el texto a través de los ojos de Joan-Marc: incluso Helen, la otra gran personalidad del libro, se aparece a veces como un fantasma creado a partir de las intervenciones irónicas de él. Nadie se escapa de su retorcida interioridad, todos están mediados a partir suya. Quizá la única que se salva sea aquella segunda esposa a la que va dirigida la carta y que sobrevuela todo el libro y se va haciendo cada vez más presente hacia el final, coincidiendo con la caída del tono y carácter de Joan-Marc.