Si se intentara armar una historia de la escritura a partir de la influencia de los maestros en la literatura rioplatense la lista sería larga, pero son pocos los escritores creadores que dedicaron gran parte de su tiempo y de sus vidas a la enseñanza directa de la escritura a través de talleres. Abelardo Castillo, Liliana Heker, Hebe Uhart, María Esther Gilio, Mario Levrero, Alberto Laiseca, Alicia Steimberg y Leila Guerriero son los maestros y maestras que con sus talleres ya legendarios han hecho escuela, los que ayudaron a encontrar el rumbo a nuevas generaciones de escritores, cronistas y periodistas. A partir de innumerables entrevistas y de una investigación sobre el origen de los talleres, que surgieron a fines de los sesenta del siglo xx, se exponen en este libro los diferentes procesos de enseñanza de la escritura resumidos en ocho extensos capítulos. "Una y otra vez debo constatar la suerte que tuve de haber contado —no solo en la escritura— con maestros y maestras que me acompañaron en mis procesos de aprendizaje y supieron 'soltarme' en el momento preciso. No sabría decir cuánto de lo que soy les debo a ellos y a ellas".
Liliana Villanueva, arquitecta y periodista, empezó a ir al taller de escritura de Hebe Uhart en febrero de 2003, y desde entonces hasta ahora se ha convertido en una de sus más fervientes discípulas.
Un retrato sobre el maravilloso mundo de los talleres en Buenos Aires. Cada capítulo está dedicado a un maestro/a y con los dos primeros, Abelardo Castillo y Liliana Heker, no sólo queda en evidencia sus modos particulares de dar talleres (bastante similares, claro) sino también cómo fue que surgió esto de los talleres de escritura. Esos dos capítulos resultan muy interesantes además porque son dos escritores que tienen el oficio muy marcado. Después, con Hebe Uhart, estamos ante una especie de expansión de Las clases de Hebe Uhart, aunque siempre es un placer. Hay una especie de corte con María Esther Gilio porque ya no estamos ante un taller literario, sino que ella se dedica a dar entrevistas así que la escritura que concierne a su trabajo tiene que ver con escribir entrevistas, desde las preguntas y desde la hora de volcarlas al papel. Luego, con Mario Levrero, al único que Villanueva nunca llega a entrevistar, estamos ante otro tipo de taller, que estimulan la creatividad desde un lado más lúdico. Eso nos abre paso al que sigue: el querido Alberto Laiseca. Su capítulo es el más hermoso pero también algo amargo. Mientras ella lo entrevista en un geriátrico, donde se siente olvidado y ya sin las ganas de escribir que lo han salvado, sale a flote su modo de dar taller, guiando a cada uno de sus alumnos (muchos escritores publicados hoy en día) desde un lado amoroso. El capítulo que le sigue es el más curioso, con Alicia Steimberg como centro. Quizás la función de que esté sea demostrar que no todo taller sirve para todas las personas pero lo cierto es que Villanueva no la deja muy bien parada. Y por último, la gran Leila Guerriero, ya con otro tipo de enseñanzas propias para el periodismo narrativo, las crónicas. Una mujer muy consciente de su oficio y profesional.
A grandes rasgos, un libro interesante no para aprender a escribir (¿es algo que se puede enseñar?, esa pregunta aparece todo el tiempo), aunque sí hay consignas y máximas de cada uno de los maestros, pero que funciona más que nada como retrato de los talleres en nuestro país. Y cada taller, es un mundo.
Si les interesa la literatura pero también el proceso de creación deberían leerlo.
Hace un par de semanas leí otro libro de la misma autora sobre las clases de Hebe Uhart. Acá suma a otros escritores ilustres rioplatenses que además coordinaron talleres: Abelardo Castillo, Liliana Heker, Mario Levrero y Alberto Laiseca entre otros (estos fueron los que leí con atención por mi interés en ellos). Combina información levantada de sus libros, testimonios de alumnos y en algunos casos entrevistas a los protagonistas.
Al igual que en el libro de Hebe, el texto resulta algo entrecortado y por momentos es fácil perderse sin saber si está hablando la autora, el escritor, o un alumno. Igualmente aparecen las repeticiones que por el formato tipo collage pueden ser interesantes como mantras (cuando se reiteran en voces distintas) pero tal vez redundantes en un mismo capítulo.
Quizá la parte de Laiseca me resultó la más cercana, la más real por la conexión que logró (o que al menos nos transmite). Uno ve a ese gigante -que a muchos nos quedó asociado para siempre a ese narrador de cuentos de terror- en su ocaso casi anónimo en un geriátrico de Flores, mendigando cigarrillos a la autora. Ese retrato íntimo del último abandono me resultó el punto más alto del libro.
Al igual que el libro de Uhart cada capítulo cierra con un compilado con las Máximas y Consejos de escritura de cada uno donde la autora condensa lo más rico, evitándonos el ripio. Recomendable para leer a quien le interese tener a mano una síntesis de la visión y los consejos de grandes escritores con experiencia en un solo lugar.
Está bien, pero la obligación de poner un decálogo al final de cada capítulo o algunas máximas resulta reiterativo. Algunos de los entrevistados son estirados elitistas, otros graciosos, otros ladrones sin patente y Laiseca resulta ante todo, tierno. Me fui preguntando sobre qué talleres me servirían y cuales no, sobre el gusto que tiene alguna gente por el maltrato, quién sabe. Si no lo tenés, no hay taller que lo vaya a arreglar. Lo puede empeorar porque la escritura verdadera es siempre muy íntima.
Una magistral clase sobre maestros de la escritura (Abelardo Castillo, Liliana Hanker, Hebe Uhart, María Esther Gilio, Mario Levrero, Alberto Laiseca, Alicia Strindberg y Leila Guerriero) y los los diferentes procesos de sus talleres de escritura.
Excelente libro sobre el oficio de escritor. Liliana Villanueva maneja una voz propia muy fluida y, pese a ser un libro de entrevistas, investigación y tips de escritura, en todo el libro no deja de tener una voz retórica muy atractiva y carismática. El libro aborda la escritura literaria de ficción y no ficción desde la práctica de taller.
Las voces de los autores acá presentes vuelven este libro un trabajo honesto, sincero, y sin pretensiones de grandeza. Todos los autores vuelven este libro un material muy heterogéneo, pero a estos 8 autores los une algo muy importante, la pulsión de escribir, la pasión y la dedicación que le ponen a ese trabajo único que es el de componer artefactos narrativos. Un trabajo que se sufre, que hay que dedicarle un tiempo valiosísimo, corregir y reescribir hasta la desmesura y el hartazgo, pero todo para llegar a ese lugar maravilloso que es encontrar el punto ideal donde eso que queremos contar realmente apareció en su máximo esplendor. O como mejor lo dice Liliana Heker: corregir es encontrar al Moisés en el mármol.
Entre todos los libros que se han escrito sobre la escritura, este es uno de esos que realmente sirve. Es una pasada fugaz a ese lugar íntimo de los talleres literarios de escritores argentinos, pero lo suficientemente concreto y conciso para entender los métodos y el pensamiento de cada uno de estos escritores, en la medida en que nos es necesario.
Recomendado más que nada para aquellos que les (nos) gusta escribir.
Hay libros que nos llegan adelantados, cuando todavía no estamos preparados para leerlos; otros nos vienen atrasados, cuando ya no sentimos las cosas que nos quieren transmitir; pero hay una tercera categoría, improbable y mágica, que es la de los libros que caen en nuestras manos en el momento justo de nuestras vidas. Este libro fue, para mí, eso último. Llegó cuando más lo necesitaba, lo llevé de acá para allá incesantemente, repetí la lectura de párrafos y segmentos una y otra vez, me obsesioné y lo amé y estoy seguro de que lo volveré a leer entero varias veces más. El libro, un trabajo admirable de la escritora, periodista y cronista Liliana Villanueva, nos abre las puertas a la cabeza y las mentes de ocho escritores fascinantes del Río de la Plata que, con sus diferentes modalidades y formas, dictaron célebres talleres literarios y/o de escritura. De esta forma Villanueva nos permite meternos en la intimidad de la escritura, en los mecanismos de producción de textos, en los consejos y las prácticas de autores como Abelardo Castillo, Liliana Heker, María Esther Gilio, Hebe Uhart, Mario Levrero, Alberto Laiseca, Alicia Steimberg y Leila Guerriero. Pura genialidad.
Maestros de la escritura fue publicado en el 2020 por Ediciones Godot. En este libro, Liliana Villanueva nos presenta a ocho escritores argentinos y uruguayos que fueron -y son- parte de la historia de los talleres de escritura. En Argentina, durante la última dictadura cívico militar, las reuniones de café en las que se debatía sobre literatura se convirtieron en una actividad peligrosa y tuvieron que pasar al ámbito de lo privado. Por este motivo, y por el factor económico, se crean los talleres de escritura. En estos "pequeños reductos de resistencia", como diría Heker, grandes escritores/creadores se convirtieron en maestros y guías de aquellas personas interesadas en escribir. Liliana va a realizar un trabajo de investigación y va a entrevistar a gran parte de estos escritores, y a algunos de sus alumnos, para presentarnos los distintos estilos, métodos y estrategias que se utilizaban en cada taller. Eso sí, hay ciertas premisas con las que todos coincidían: a escribir se aprende escribiendo; la literatura es un arte y saber escribir no nos hace escritores; y que antes que escritor se debe ser lector. Este es el libro ideal para aquellos que quieren dedicarse a la escritura, pero también para los que, como yo, queremos seguir conociendo a nuestros escritores de cabecera. Debo confesar que los capítulos dedicados a Abelardo Castillo, a Mario Levrero, a Leila Guerriero y a Liliana Heker fueron los que más me gustaron, y con el de Alberto Laiseca lloré por lo conmovedor que fue.
Creo que es un libro ideal para aquellos que están interesados en la escritura. ¿Por qué? Porque la diversidad de testimonios deja una cosa en claro: no hay un camino establecido, las posibilidades son muchas; de hecho, uno de los autores mencionados dice “no hay nada que se parezca tanto a la escritura como un sendero”, depende de uno de qué forma decida recorrerlo. A prueba y error, la única manera de encontrar nuestra voz y estilo, en efecto, escribiendo.
El capítulo sobre Laiseca es lo mejor. Destaco también el capítulo con Leila Guerreiro. Por momentos la escritura de Liliana se me hace pesada y algo extensa. Eso o que uno ya quiere leer sobre los autores de los que habla el libro. Como libro de consulta es excelente! En una relectura iría por Laiseca completo, un par de veces, algo de Guerreiro y después consultas pasando por el índice. Otro consejo sería, lectura veloz, por arriba a todo lo que acota Liliana y después toda la atención a lo que dicen los Maestros.
Interesante posibilidad de husmear en los talleres de estas personalidades de la literatura. Ver qué piensan, cómo asumen su rol de talleristas y como es su visión de la literatura, con el agregado de explorar parte de su intimidad como lectores. Muy recomendable para docentes y escritores.
Un libro interesante y ameno. Muy bien escrito, la calidez de la autora me acompañó a lo largo de toda la obra. Un trabajo de investigación bien llevado a cabo. Tips interesantes y anécdotas enriquecedoras.
Me gustaron mucho las secciones de Liliana Heker, Hebe Uhart y Leila Guerriero. Me dieron muchas ganas de querer ser parte de algún club de escritura o de lectura en voz alta. Me llevo una lista larga de autores argentinos y uruguayos que quiero leer.
Un hermoso recorrido por varios de los maestros de escritura más relevantes de Argentina. Una buena síntesis del sistema de trabajo de cada uno de ellos. Un libro que fluye y se disfruta.
Es un muy buen libro para personas que tienen intereses en escribir. Se agradecen las máximas al final de cada maestro/a. Me gusta la intimidad que logra Liliana Villanueva con sus entrevistados.
El libro es la recopilación que hizo Liliana Villanueva, su autora, de distintos escritores argentinos y uruguayos (si no me equivoco) que mantienen o mantuvieron talleres literarios. Maestros que influyeron enormemente en futuros escritores y son grandes conocedores de la literatura y lo que conlleva: lectura, escritura, corrección, estilo, texto, lenguaje, recursos retóricos, etc.
El libro aborda lecciones para escribir narrativa (cuentos, novela), crónicas de viaje y hay dos capítulos dedicados a la entrevista y la labor de entrevistar y transcribir (esos dos capítulos fueron los menos interesantes para mí ya que mi interés no va por ahí).
En general, son muy pocos los libros que he leído que abordan la escritura desde la visión de quien enseña esta labor o artesanía, como mencionan algunos escritores citados en el libro. Muchas de las citas que marqué y anoté las tengo muy presentes porque son aspectos que utilizo en mis propios procesos escriturales y me hacen sentido.
Creo que lo que más rescato del libro es la importancia que le da al proceso de corrección. Elaborar, reelaborar, leer y volver a leer, rayar, hacer anotaciones y reescribir son parte importante de la escritura tanto de ficción como de no ficción y requieren de mucho trabajo y sobre todo tiempo, darle el tiempo necesario para que el texto repose y luego retomarlo para editarlo y quedar más conforme con el trabajo hecho.
Recomiendo mucho este tipo de libros para quienes estén pasando por un estado de bloqueo. El texto es muy fácil de leer y no es pesado así que puede ser un buen compañero en esos momentos.
Leí casi todo lo que ha escrito Liliana Villanueva en formato libro. Puedo decir que el ojo que pone a la hora de escribir estos perfiles de talleres literarios en el Río de la Plata, es indispensable para poder lograr tener un campo visual amplio a la hora de escribir.