He aquí un nuevo nombre para añadir a mi listado de escritoras favoritas.
Estos poemas son de dolor, hacia el maltrato y la indiferencia del hombre ante el amor en él depositado. Son una petición de "ámame, pero déjame libre, no intentes poseerme", y también de "acógeme, resguárdame, poséeme, por favor". Son una carta de amor a Cuba, son una carta de amor hacia la grandeza de la naturaleza, que en su vientre nos acoge; son nostalgia; son angustia; son poderío. Son amor. Sobre todo, son amor. Son un alma llena de amor para entregar a la vida, un amor que se enfría, se silencia, se llena de polvo y se congela, ante el rechazo, o la imposibilidad, de ser acogido por otra alma. Hay un poema sobre la esterilidad, y luego sobre el abandono emocional, y prácticamente físico, del hijo concebido. Hay poemas sobre la muerte, sobre la muerte en vida, sobre la disposición a la muerte. Poemas, en diferentes formatos; un cuento breve; ensoñaciones; miedos; deseos; lamentos; clamos al universo; a la naturaleza; al amor; a la muerte... Todo ello lo hace Dulce. Todo ello.
He soñado con la personalidad de esta mujer. Me he sentido identificada. Se me ha encogido el corazoncito. Se me ha engrandecido de comprensión. Antes de llegar a mitad del libro, ya la sentía más cercana a mí de lo que nunca sentí a las personas a las que solía llamar amigas. Y eso que, si nos hubiésemos conocido, sospecho que habríamos sido políticamente incompatibles, en nuestra visión de nuestra amada tierra cubana. Y aún así.
La he sentido, la sigo sintiendo, TAN cercana a mí.