Dentro de la evolución de la literatura española, pocos periodos brillan con tanta intensidad y ofrecen tantas facetas en el ámbito de la poesía como el que va desde fines del siglo XIX hasta el final de la Guerra Civil. La presente "Antología de la poesía española (1890-1939)" es la más completa y actualizada de las que se han realizado hasta ahora sobre este periodo de nuestra historia literaria y reúne, junto a los autores más conocidos, cuya evolución creadora se resume mediante una amplia selección de su obra, a otros menos valorados aunque de reconocida importancia histórica (como algunas voces efímeras vinculadas a la vanguardia), o bien olvidados, por desidia o ignorancia, en las historias de la literatura. A través de la extensa y esclarecedora introducción inicial y de los estudios sobre la vida y la obra que acompañan a cada uno de estos escritores, Arturo Ramoneda (responsable asimismo de la selección) ofrece, paralelamente, una útil visión global de la poesía española de cada momento exenta de cualquier exclusivismo partidista.
(...) Mi voluntad se ha muerto una noche de luna en que era muy hermoso no pensar ni querer... Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna... De cuando en cuando, un beso y un nombre de mujer.
En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos...; y la rosa simbólica de mi única pasión es una flor que nace en tierras ignoradas y que no tiene aroma, ni forma, ni color.
Besos ¡pero no darlos! Gloria.... ¡la que me deben! ¡Que todo como un aura se venga para mí! ¡Que las olas me traigan y las olas me lleven, y que jamás me obliguen el camino a elegir!
¡Ambición! No la tengo. ¡Amor! No lo he sentido. No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud. Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido. Ni el vicio me seduce ni adoro la virtud.
(..) Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme, lo que hago por vosotros, hacer podéis por mí... ¡Que la vida se tome la pena de matarme, ya que yo no me tomo la pena de vivir! ...
Mi voluntad se ha muerto una noche de luna en que era muy hermoso no pensar ni querer... De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna. ¡El beso generoso que no he de devolver!
MOULIN ROUGE En el molino. Entremos. Ha cesado la danza. Señoritas borrachas y pintadas rameras. Mimí, que ya no tose, bebe con Sancho Panza. Risas. Champaña. Besos. Miradas embusteras.
Suena lejos la música. Con palabra mimosa, una niña me ofrece su carne de hospital: por un "luis" los tres sexos de la tuberculosa desojarán la rosa del pecado mortal.
Es ya tarde, las aspas del molino, girando lentamente, las horas del vicio van marcado con las cruces de fuego del humano dolor...
Y esta carne que vive para el vicio no advierte que las aspas de fuego ruedan hacia la muerte.