Advertencia: debido a que todavía estoy enferma y a que llevar demasiados días sin poder librarme de la maldita enfermedad me ha puesto de un humor extraordinariamente malo, esta cosa posiblemente va a ser un desastre infinitamente peor que el anterior. Yo avisé.
No, el libro no tiene la culpa. Este, si ignoramos la falta de descripciones sangrientas (lo cual no es nada nuevo, en realidad), es interesante y hasta posee partes atrapantes.
Escenas y demás:
*Silano, enterándose del embarazo y de la infidelidad de su esposa: me pregunto qué afectó más al pobre: ¿recibir las noticias por boca de la propia Servilia o ver la compostura y racionalidad con la que esta manejó la situación?
*El intento de veto menos exitoso que he visto: o cómo intentar vetar la lex Gabinia de piratis persequendis, ser derrotado gracias a muchos votos sucesivos y, finalmente, verse obligado a retirar el veto.
*Pompeyo, danto órdenes claras, precisas y completamente incuestionables:
"—No puede ocurrir lo mismo que en Arausio —aseguró gravemente en la tienda de mando, en una reunión con los legados—. Si a uno de vosotros se le ocurre siquiera tirarse un pedo en una dirección que previamente no haya establecido yo en persona como la dirección correcta para tirarse pedos, le cortaré las pelotas y lo enviaré a los mercados de eunucos de Alejandría —dijo; y lo decía en serio—. Mi imperio es maius, y eso significa que puedo hacer lo que me plazca. Desde el primero hasta el último de vosotros recibirá órdenes escritas tan detalladas y completas que ni siquiera tendréis que decidir por vosotros mismos qué cenaréis pasado mañana. Vosotros haréis lo que se os diga. Si alguno no está dispuesto a obedecer, que hable ahora. De lo contrario cantará como una soprano en la corte del rey Ptolomeo. ¿Entendido?"
incuestionables, digo.
*El asesinato de Quinto Servilio Cepión: él parecía ser un tipo agradable y, honestamente, no creo que mereciera morir de ese modo y hacerlo solo, sin la compañía de amigos o familiares; además —y aunque su hermano no me cae nada bien—, el dolor experimentado por Marco Porcio Catón ante tal acontecimiento es un sentimiento que únicamente le desearía a mi peor enemigo.
*El obstáculo formado por rocas con bordes afilados… rocas manchadas de liquen color rojo sangre: lindo. Me asustan. Miedo.
...Dioses en el cielo, ¿por qué eso existe?
*Lo que llamaré, con especial regocijo, "la venganza de los árabes".
*El triunfo de Marco Porcio Catón en la gran guerra del Tesoro: ¿qué dice de mí que no me alegre la victoria de alguien a quien llaman "incorruptible"?
*La incansable (no bromeo: es incansable) lucha de Cicerón contra Catilina que acaba por convertirse en una persecución.
Vamos gente, es innegable que en un determinado momento eso pasa a ser una persecución en toda regla y no podrán convencerme de lo contrario.
Una persecución aparentemente justificada, sí, pero persecución al fin y al cabo.
*El discurso de Catón —el cual parece principalmente dirigido a atacar ferozmente a César— que es interrumpido por la entrega de una nota con contenido… no adecuado para ser discutido en una sesión senatorial, sí.
*César, deteniendo lo que casi se convierte en una revuelta ciudadana fuera de control con el uso magistral del cariño ganado durante años y de un discurso de aproximadamente una hora: cuando los ciudadanos te aman, te aman.
*El día de la votación de la lex Iulia agraria: no tanto por el acto mismo, sino por el ataque que reciben Catón, Bíbulo y sus lictores a manos de la muchedumbre. Ese es un acontecimiento memorable, oh sí.
"En el momento en que a los hombres de la tribu Cornelia se les llamó a votar en primer lugar, los boni atacaron. Con los lictores que portaban las fasces precediéndole, Bíbulo se abrió paso entre la masa de hombres que rodeaban la plataforma acompañado de Catón, Ahenobarbo, Cayo Pisón, Favonio y los cuatro tribunos de la plebe que controlaba, con Metelo Escipión en cabeza. Los lictores se detuvieron al pie de los escalones de la parte de Pólux; Bíbulo se abrió paso entre ellos y se puso en pie en el primer escalón de abajo.
—¡Cayo Julio César, tú no posees las fasces! ¡Esta asamblea queda invalidada porque yo, el cónsul que ostenta el cargo este mes, no he dado mi consentimiento para que se celebre! ¡Disuélvela o haré que te procesen!
Apenas había salido de su boca la última palabra cuando la multitud bramó y arremetió hacia adelante, con demasiada rapidez como para que ninguno de los cuatro tribunos de la plebe pudiera interponer el veto, o quizás voceando tan fuerte que hizo imposible que se oyera veto alguno. Como Bíbulo era un blanco perfecto por el lugar donde se encontraba, recibió una verdadera lluvia de inmundicia, y cuando sus lictores avanzaron para protegerlo, sus sagradas personas fueron sujetadas; magullados y apaleados, tuvieron que contemplar cómo sus fasces eran aplastadas y hechas pedazos por cien pares de brazos desnudos y manos fornidas. Luego esas mismas manos se volvieron para arremeter contra Bíbulo y abofetearlo en vez de darle puñetazos, y Catón recibió el mismo tratamiento, mientras que el resto se batió en retirada. Después de lo cual alguien vació un enorme cesto de inmundicia sobre la cabeza de Bíbulo, aunque guardó un poco para Catón. Mientras la muchedumbre aullaba de risa, Bíbulo, Catón y los lictores se retiraron."
"¡El Senado no es nada! ¡Los boni no son nada! ¡Pompeyo Magnus no es nada! ¡Yo voy a llegar tan lejos como tenga que llegar para convertirme en el Primer Hombre de Roma durante el resto de mi vida! ¡Y después de mi muerte, seré considerado el romano más grande que jamás haya existido! ¡Nada ni nadie me detendrá! ¡Lo juro por todos mis antepasados, hasta la diosa Venus!"
Tras concluir con sus deberes como cuestor, Cayo Julio César vuelve a Roma completamente dispuesto a promover cambios que cree tremendamente necesarios; sin embargo, es muy consciente de que para alcanzar sus objetivos deberá quedarse durante un largo periodo en la ciudad ganando poder, influencia, clientes y haciendo propaganda. Permanecer en un lugar durante años, sabe, es el sacrificio que ha de hacer si quiere llegar a ejercer un cargo de mando militar y, desde ahí, convertirse no solo en el líder de su propio grupo, sino también en el "Primer Hombre de Roma"… y ese título será suyo, vaya que sí. Lo será, y nada ni nadie le impedirá obtenerlo. Después de todo, él posee antepasados lo suficientemente ilustres como para que dicho nombramiento sea prácticamente algo que le pertenece por derecho y, por eso, César está decidido a dominar a quienes no son sus iguales.
Desafortunadamente para él, no faltarán quienes intenten provocar su caída en desgracia valiéndose de cualquier medio disponible… y desafortunadamente para sus enemigos venideros, César es vengativo, astuto e inteligente… y el tiempo irá volviéndolo despiadado…
Servilia podrá ser la esposa de Décimo Junio Silano, pero también es una mujer inteligente y quien se encarga de sus propios asuntos, a pesar de la ley y de su mismísimo marido… y uno de esos "asuntos" es Marco Junio Bruto, hijo que tuviera en su matrimonio anterior. Así, es ella la que organiza una reunión con Cayo Julio César con el fin de discutir las intenciones que Bruto tiene hacia la hija de este; no obstante y después del segundo encuentro que ambos tienen a solas, esa deja de ser —rápidamente. muy, muy rápidamente— la única razón que la motiva a acercarse al hombre.
Lamentablemente para ella, su aventura extramatrimonial le traerá —además de sensaciones nuevas y desconocidas— dificultades imprevistas y no pocas decepciones… porque amar a Cayo Julio César no está destinado a ser fácil y sencillo…
Esto es algo innegable: Cneo Pompeyo Magnus odia al Senado. Ellos no le enviaron ni los suficientes recursos económicos ni los refuerzos necesarios cuando estuvo en Hispania. Para vengarse, los obligó —con la ayuda de otros dos aliados y de los ejércitos tanto de Marco Craso como suyo— a permitirle presentarse como candidato a cónsul aun sin haber sido senador previamente… y obtuvo el puesto. Se convirtió en cónsul senior, de hecho… y, tras un exitoso año en el cargo, eligió retirarse a la vida privada.
Ahora, Pompeyo desea volver al ojo público… y tiene aliados y planes. Planes como, por ejemplo, obtener otros mandos militares especiales para luchar contra los piratas y contra los reyes Mitrídates y Tigranes…
Aunque Marco Porcio Catón nunca haya dejado de ser extremadamente conservador y un fiel seguidor de los valores impuestos y practicados por Catón el Censor —su prominente bisabuelo—, su hermano jamás, jamás, lo abandonó, no. Quinto Servilio Cepión fue, para el hombre duro y estoico, su roca, su lugar seguro y aquel a quien se permitió amar sin límites… y, entonces, lo perdió de forma repentina… y algo en Catón comenzó a extinguirse, a desaparecer.
Regresar a Roma solo para enterarse de que su esposa le era infiel con el detestable aristócrata Cayo Julio César solamente convirtió la desaparición de ese "algo" en una cosa definitiva e irrevocable y transformó a Catón en alguien más duro e inflexible de lo que ya era… y, desgraciadamente para ciertos romanos que acabarán convirtiéndose en adversarios suyos, el cambio experimentado por él les afectará personalmente…
Al haber sido consentido por sus hermanos mayores mientras crecía, Publio Clodio empezó a acostumbrarse a siempre, siempre, salirse con la suya en todo. Por eso, cuando puso los ojos en una virgen vestal creyó, con total seguridad, que podría conquistarla fácilmente… y falló y por eso, cuando trató de llevar a juicio a dicha vestal y a otras personas acusándolas de impureza pensó, sin duda alguna, que saldría vencedor… y perdió.
Tras ese fracaso rotundo, Publio Clodio fue abandonado por amigos y familiares, se la pasó de taberna en taberna y recibió el desprecio de Roma. De eso han pasado ya cuatro años y, sintiéndose aburrido de llevar una vida sin propósito alguno, el sujeto opta por emprender viaje al Este con el fin de unirse al personal de su cuñado Lucio Licinio Lúculo. Después de todo, sabe que a Lúculo le gustan las comodidades y, si está a su lado, seguramente logrará disfrutar de estas y se le presentarán nuevas oportunidades.
Desafortunadamente para él, viajar con su queridísimo cuñado será todo menos feliz y cómodo, los acontecimientos futuros no le serán favorables y su lista de gente de la que necesita vengarse está por incluir a personas nada apacibles pronto…