Esta novela es como un viaje al fondo de los sentimientos humanos: intenso, lleno de matices y con un trasfondo de traición que te deja con una sensación rara, como si estuvieras husmeando en las emociones más íntimas de los personajes. Mariana Mayoral nos presenta una historia que, sin ser explosiva, tiene esa fuerza tranquila que te atrapa porque sientes que estás leyendo algo tremendamente real, casi incómodo por momentos.
El tema de la traición está tratado de una forma muy sutil, nada de golpes dramáticos ni giros de guión. Es una traición que se cocina a fuego lento, tejida entre gestos, silencios y esos pequeños detalles que a veces cuentan más que las palabras. Lo bonito, o más bien lo inquietante, es cómo la Autora no juzga a sus personajes. No hay buenos ni malos absolutos, solo gente que toma decisiones, a veces erradas, pero siempre humanas.
En cuanto al estilo, escribe con una sencillez que engaña. Parece fácil de leer, pero hay capas y más capas si te detienes a pensarlo. Su prosa es como un susurro que, sin hacer mucho ruido, cala hondo. Y es que tiene una manera muy especial de describir emociones: no te las suelta de golpe, sino que te las deja caer, como quien no quiere la cosa, y de repente estás completamente metido en la piel del personaje.
Es una novela que habla de la fragilidad de las relaciones humanas, del peso de nuestras elecciones y de cómo incluso los lazos más fuertes pueden deshilacharse si tiramos demasiado de ellos. Con todo, es una historia que se disfruta despacio, sin prisas... 7/10