El Interior es un país enorme, el octavo del mundo en extensión. Martín Caparrós decidió aceptar el reto de contar ese país y para ello recorrió, durante meses, solo y despacio, cada uno de sus rincones. Quería saber si, como creen muchos porteños, El Interior es la chacarera, la pobreza, el feudalismo, la pachorra, la inmensidad vacía. Si es cierto que es el lugar de las raíces, la Argentina verdadera. Si hay rasgos que nos hacen argentinos, que nos reúnen en una sola idea, una sola cultura. En El Interior, el autor nos vuelve a deslumbrar por su capacidad para escuchar, registrar y seleccionar lo que verdaderamente cuenta. Con la actitud del cazador y el talento del narrador, Caparrós ha logrado escribir la gran crónica de la Argentina contemporánea.
Martín Caparrós es un periodista y escritor argentino. Comenzó su carrera periodística en el diario Noticias en 1973, en la sección policial, a cargo de Rodolfo Walsh. En la dictadura, abandonó el país y se exilió en Europa: se licenció en Historia en la Universidad de París; más tarde vivió en Madrid, hasta 1983. Tras el retorno de la democracia a Argentina, regresó a Buenos Aires. Vive en España y publica sus columnas en El País de Madrid y el New York Times.
Si me siguen saben que hace rato estoy obsessed con Martín Caparrós y quiero leerme todos sus libros -tiene muchos libros. Sus crónicas son mis favoritas; cuando las leo siento que viajo con él, incluso muchas veces se siente como estar viendo un vlog de Youtube de un intelectual que recorre el mundo en la década del noventa. Sus palabras son como una camarita que retiene acentos, detalles inquietantes, paisajes imponentes y miserables.
Este fue prioridad desde que ojeándolo en Yenny vi que incluía crónicas de dos de mis hogares: Concepción del Uruguay y Córdoba. La primera al principio del libro, la otra, el último capítulo. El resto fue repasar ciudades que había visitado y conocer muchas nuevas más. Creo que es un libro con puntos muy fuertes, interesantes de leer, pero otros en los que se vuelve un poco monótono y al igual que Martín uno se pregunta ¿qué estoy haciendo acá? Supongo que ahí hay otra respuesta para la gran incógnita que define el libro: ¿qué es el interior?
Mirada miserabilista, carente de análisis y de respeto por lo que ve. Para colmo, el autor odia a los perros: en su relato alguna vez atropella alguno y siempre que alguno se cruce en su camino se debate si atropellarlo o no. No sorprende, entonces, que las personas que entrevista son tratadas con sorna y soberbia. Les pregunta cosas para que sus respuestas exhiban su ignorancia. Caparrós no tiene interés en entablar una conversación. Las chicas jóvenes son invariablemente descriptas como putitas, aunque tengan 12 años. Los hombres y muchachos son inútiles y abandónicos: sólo piensan en una cosa, porque todos se creen padrillos. Sin excepción, todo el Interior está poblado de burros, fracasados y vagos.
Y mejor no hablar de la vulgaridad de la prosa de Caparrós.
Tierra vendita (mezcla de bendecida y vendida a decir de un cartel que vio el autor en Tucumán) y en la que cabe todo: la única iglesia con baños, la chica golpeada por su marido, el abogado que violó a una niña de 8 años, ovnis, culebras, camisetas de Boca, imágenes del Che Guevara, niños que lloran, piqueteros, jefes y jefas, campos de soya, vacas, carpinchos, el monumento a Caperucita Roja, muchachos de cincuenta, flacos de ciento veinte kilos, gente que afirma con rotundidad para despejar cualquier duda sobre su estupidez y el clásico recurso a la enumeración larga, la cual, luego de dos o máximo tres líneas, ningún lector seguirá con atención.
El recorrido parte de Buenos Aires y recorre innumerables pueblos y ciudades del norte y centro del país, es decir, la grandeza queda chica porque ni siquiera alcanza a todo el territorio (no se describe nada del sur, por ejemplo), solo acompañado por su auto (Erre) y sus comentarios, reflexiones, observaciones; muchas graciosas, inteligentes, algunas demasiado insistentes en su ateísmo y su obsesión con consignar la cantidad de gente rubia/ no rubia que hay en cada región.
Su estilo es desmesurado y algo repetitivo, pero quizás hay que repetir varias veces las cosas para ver si aprendemos o entendemos algo, a ver si así lo recordamos.
Caparrós ya ha visitado antes estas zonas y coloca algunos de los textos que publicó antes, además de diversos poemas o intentos de. Yo también al leerlo, no puedo dejar de pensar en mi viaje desde Jujuy a Buenos Aires y leer esto es parte de ir recordando el recorrido o recorriendo los recuerdos.
Al final, la idea de la patria está ahí, pero es difícil de aprehender y no en vano en los lugares limítrofes parece que se desvanece o al menos se condiciona. Por eso hay tanta comparación o similitud entre Misiones y Brasil, Formosa y Paraguay, Jujuy y Bolivia o Mendoza y Chile. Tal vez, recorrer el interior de un país sirva también para conocer otros y ver que todas esas diferencias no tienen mucho sentido.
Tres puntos sobre este libro: Primero, el contenido, el material son muy interesantes para leer. La idea de que la ciudad de Buenos Aires forma el límite entre el interior del país y el exterior, y como fuera de él estamos en otro mundo (tanto para un lado como el otro), y contar Argentina es un viaje es atractiva. Pero, segundo, el autor tiene una forma muy particular de escribir y de contar historias. Cuesta adaptarse a su estilo y con ello se pierde un poco la gracia de la lectura de este título. Además, y tercero, es imposible atravesar el texto sin pasar por el tamiz del pensamiento político de Martín Caparrós, muchas veces de crítica y pesimista.
Una crónica eficaz para entender las desventuras de la Argentina. Escrito en 2005-2006, en muchos párrafos me parecía que nada había cambiado: infraestructura deficiente, pobreza rampante, corrupción, desidia. Hay fragmentos que leídos desde hoy chocan por su incorrección política, especialmente los que rezuman un machirulismo light que hace veinte años seguro no quedaba tan en evidencia. Pero dedicarle tantas páginas por ejemplo a un prostíbulo de Rosario... hoy ya no sería admitido por un editor más o menos ubicado en tiempo y espacio. Ya un clásico del siglo XXI.
Amé este viaje transformado en libro. Viajar por la Argentina es descubrir sus mitos, sus costumbres, su historia: el familiar de los ingenios de Catamarca, los inmigrantes engañados en santa fe, la corrupción de los políticos, la violencia y prepotencia de los militares, los hijos abandonados, los hijos vendidos, el neoliberalismo atroz que vendió medio país y cerró todas las industrias posibles para dejar tendadas de desempleados que ahora solo pueden vivir de asistencia social, la pobreza. Y también: la tranquilidad, el valorar lo que se tiene incluso cuando es una miseria absoluta, las pocas preocupaciones por lo banal que a veces nos quita el sueño en Bs. As.
Una crónica super interesante que te da una visión del interior mucho menos romántica de lo que uno se imagina. Sus relatos reflejan mucho del imaginario colectivo argentino.
Interesante viaje por el interior argentino, cubriendo toda la mitad norte del país. Más allá que Caparrós no deja de hacer, en algunos pasajes, comentarios con tintes ideológicos, es altamente recomendable, para todo aquel que le interese ver las diferencias culturales, sociales, etc, que puede haber entre un pueblo y otro, entre otra provincia y otra.
Hay vida más allá de Buenos Aires. Caparros nos la cuenta en este libro donde aparece todo tipo de gente y lugares de las provincias de Argentina. Está escrito de una forma peculiar, pero es muy bueno.
Este libro fue largo. En momentos me aburrió. Pero sigue siendo un libro de cinco estrellas. Caparrós enseña a notar cuando se viaja, para luego resumir con reflexiones profundas.