Celtas, romanos, Antigüedad, druidas, cabezas cercenadas, miembros mutilados y cuerpos atravesados por lanzas en sangrientas batallas: era casi una obligación leerlo. Los celtas me encantan, son una cultura que me intriga mucho y de la cual siempre he sentido ganas de saber más (porque lo poco que sé es eso, muy poco). Y los romanos también tienen lo suyo. Cuando vi el libro, desde el título llamó la atención, y el sumario fue un sí a comprarlo.
Quizá la historia sea un poco lenta al principio, pero me agrada cómo se desarrolla. Es interesante leer desde que Corisio piensa en ser un druida celta, cuando se encuentra con César y cómo termina convirtiéndose en su druida (el druida del César). Me gustó leer sobre los pensamientos de Corisio sobre el mismo César, sus cambios de opinión respecto a él, cómo lo analiza, lo observa, y más adelante, cuando ya no sabe si admira a César, si lo respeta, si lo odia o si lo aborrece por lo que hace. Creo que esas partes donde ni él mismo sabe lo que piensa sobre César fueron las que más me gustaron.
Claro, no falta la historia de amor, que también es interesante, y la presencia de un amigo fiel que si bien aparece pocas veces a lo largo de la novela, cuando lo hace para quedarse te enamoras del personaje. Al menos así me sucedió a mí. El final me dejó con ganas de más; de hecho no sabía que había llegado al final porque aún había varias páginas en el libro, pero eran el apéndice, el glosario de términos y los agradecimientos.