La asonada del 7 de julio de 1822. La Guardia Real se subleva contra el orden establecido, representado por el Congreso de los Diputados y el Gobierno, con el propósito de volver a la monarquía absoluta. Estamos en pleno trineo liberal, con un gobierno y parlamento liberales (o progresistas, como diríamos ahora) al que los absolutistas torpedean continuamente; el problema es que existen graves diferencias entre los propios liberales hay diversas facciones que se resumen en dos bandos, moderados y extremistas, difícilmente conciliables.
Magnífica descripción del ambiente en Madrid en aquellas fechas, de las intrigas, de los preparativos del golpe de estado propiciado desde Palacio y, al fin, de las luchas callejeras entre la Guardia Real y la Milicia Nacional. En ambos bandos, héroes y villanos.
Personajes soberbiamente trazados, humanos, algunos inolvidables como el de Solita. El protagonista, nuevamente Salvador Monsalud, es un héroe con debilidades humanas. Un gran coro de personas secundarias con sus ideales y sus miserias dan vida a uno de los mejores episodios de la gran obra.
Extraordinario ejemplo de novela histórica, donde los acontecimientos reales se entrometen en las vidas y los afanes de las personas corrientes.