En este libro-entrevista, Albert Hofmann, el científico que descubrió el LSD, evoca la historia de la popular droga psicodélica, que en la década de 1960 se convirtió en emblema de la contracultura y de la contestación juvenil. Gracias a su extraordinario testimonio, desfilan los años de la América o n the road , los protagonistas que encarnaron la libertad y el anticonformismo, de Allen Ginsberg a William Burroughs, y los que, como Aldous Huxley y Timothy Leary, vieron en la profundidad del sueño psicodélico una vía capaz de iluminar y ensanchar la conciencia. Para todos ellos, Hofmann fue un punto de referencia, al igual que para él lo fue Ernst Jünger, citado a menudo en este libro. Es raro que un científico logre derribar el muro de su especialidad y nos hable, como Hofmann sabe hacer, con enorme sencillez, de las cosas del mundo y de Dios, del hombre en la era de la globalización, del destino de Occidente y de la riqueza espiritual que Oriente puede aportarnos.
🖼️ : Albert Hofmann on his Way Home, Andrei Krisanov, 2011.
Agréables entretiens avec Hofmann, j'ai particulièrement apprécié les moments où il s'agissait de contre-culture, de littérature-LSD et enfin, d'Ernst Jünger. ❤️
La fugacidad del texto no impide que la lúcida mente de Hofmann brille para el lector. En estas dos conversaciones, el científico suizo nos habla no solo del ácido lisérgico, si no de su relación con el tiempo en que fue creado/descubierto y de cómo es una herramienta útil en las manos correctas (y su definición de "correctas", a pesar de ser amplia, no deja lugares a duda), así como de su visión filosófica, sófica y metafísica del mundo y la construcción de las estructuras mentales. Hofmann fue una bendición para la humanidad.
Entrevista al grano con Albert Hofmann, descubridor del LSD. Descubridor o redescubridor de la pócima dada en Eleusis a los iniciados durante dos mil años en Grecia, entre ellos se encuentran Platón , Sófocles o Marco Aurelio , algunos de los pilares de la sociedad occidental. De aquello Cicerón declaró que aprendió como vivir. La conversación con el químico de noventa y dos años y habitual consumidor de LSD concluye con una preocupación extrema por el sistema global que supone una programación directa del desastre ecológico.
El hombre que desencadenó una de las revoluciones culturales más importantes del siglo XX – el movimiento psicodélico-, no imaginó en un principio las consecuencias que ocasionaría un descubrimiento accidental al que llegó como químico mientras trabajaba con el cornezuelo del centeno, buscando una sustancia que actuara activamente sobre la matriz de las mujeres.
El nombre de ese personaje es Albert Hofmann. El LSD, su descubrimiento.
En El Dios de los ácidos, conversaciones con Albert Hofmann, Antonio Gnoli y Franco Volpi se encuentran con un Hoffmann de más de noventa años de edad -con lucidez plena-, para realizarle un par de entrevistas. Y mientras uno podría imaginarse que Albert podría contar su historia desde el asiento de un químico que habla aislado en su rincón del mundo con la complejidad propia del lenguaje científico, Hoffman devela aquí con una claridad sorprendente, el funcionamiento de los engranajes detrás de la contracultura, movimiento que nace en el seno de una de las décadas más convulsas en la historia de la humanidad: los años sesenta.
Desde las primeras páginas, Hoffman revela que su interés al estudiar química fue resolver un problema en esencia filosófico: “saber qué se esconde detrás del mundo visible, descubrir de qué está compuesta la realidad en la riqueza y la variedad de sus aspectos y de sus colores”. En su destino estaba darle al mundo una sustancia que modifica justamente la percepción de la realidad y amplifica el potencial de los sentidos que empleamos para entrar en contacto con ella.
A través del libro los autores se olvidan de caer en dilemas reduccionistas sobre la moralidad implicada en el problema del consumo de drogas, centrándose en descubrir la importancia de Hoffman como personaje histórico, una intención que forzosamente tenía que llevar a situarlo en relación con su época.
La narración de Hoffman va entretejiendo el legado de personajes que detonaron y promovieron la experiencia sicodélica, como Aldous Huxley -quien buscaba métodos accesibles para todo aquel interesado en hacer de su propia vida una experiencia trascendente y los compartía en su obra literaria-, Timoty Leary -provocador cultural y uno de los artífices de una contracultura que se erguía en los años sesenta como resistencia frente al sistema-, Ernst Jünger -pensador alemán y gran amigo de Albert, quien no pudo mantener su obra indiferente al fenómeno del LSD tras su primer experiencia con éste-. Y ¿por qué no? Cary Grant como uno de los primeros en hacer publicidad positiva al LSD.
Desde un lugar central y con postura analítica, Hoffman relata los primeros días de su descubrimiento, el uso de éste en la psiquiatría y el punto en que se le negó al LSD la posibilidad de continuar siendo explorado como auxiliar en el psicoanálisis y la psicoterapia al mismo tiempo que el ejército norteamericano y la CIA realizaban experimentos con éste, administrándolo lo mismo en soldados que en población civil -a veces con resultados funestos. Hofman se cuestiona si la prohibición del ácido fue un intento por controlar la resistencia política propia de la juventud de los años sesenta o el resultado de una genuina preocupación por la salud pública. Todo esto en un momento en que contracultura y nueva izquierda -pese a sus numerosas diferencias- hacían un frente común ante el sistema.
El Dios de los ácidos, conversaciones con Albert Hofmann, con su lectura breve y fluída, se vuelve una referencia importante para cualquiera que busque entender un momento en el tiempo que aún resuena en nuestros días y que cambió la manera en que entendemos el mundo y vivimos la vida.
Gnoli, Antonio y Franco Volpi El Dios de los ácidos, conversaciones con Albert Hofmann Ediciones Siruela España, 2008