"Tiempo hay siempre para demostrar una inocencia, pero jamás lo hay para resucitar a un muerto."
Después de mi buena experiencia con la trilogía de "Tuareg" y de haber pasado un buen rato con "Bora Bora" tenía ganas de volver a este autor, pues para mí era sinónimo de aventuras. Y si bien este libro también cumple con esa premisa, debo decir que me ha decepcionado un poco. La idea en sí no está mal, pero a mi modo de ver está mal ejecutada. Dando demasiadas vueltas y apoyándose demasiado en la parte mística-espiritual de Yaiza, cosa que a mí personalmente no me ha gustado nada y me ha sacado mucho de la historia.
"Sospecho que los jueces deben estar siempre más de parte del muerto que del vivo. Ningún muerto necesita que le castiguen más de lo que ya lo está."
Como resultado, me he encontrado ante un libro que no era muy largo y que a priori, y basándome en el género, debería haber sido un pasapáginas, y para nada, ha sido una decepción y a medida que avanzaba más cuesta arriba se me hacía.
Evidentemente no voy a seguir con esta trilogía.
"Las guerras no se cuentan, hijo. Las guerras se hacen y se olvidan."