Nunca olvidamos del todo al joven que un día habitó en nosotros...
Un libro de relatos sorprendentes, vivos, escritos por uno de los narradores de más éxito de nuestras letras, Lorenzo Silva, siempre ameno, literario, profundo y sutil. Sus relatos nos hablan de gentes que cuentan las historias de amor más hermosas o más duras, historias urbanas en las que un forastero responde al reclamo de una cita a ciegas o un filósofo fiel a su rebeldía juvenil ve cómo se tuerce su destino sin intentar impedirlo...
Conjunto de relatos de Lorenzo Silva, de muy fácil digestión que dejan un reposo agradable al consumirlos sin ninguna necesidad de ir de prisa. La mayoría de ellos tienen como punto en común cómo se traduce en actos la energía intrínseca de la juventud. Es mi primera aproximación a este autor y me ha sorprendido mucho su estilo, queda bien demostrada su popularidad. Comentaré aquellos que más me han gustado: - El sabor del aire: en Marrakech, un misterioso hombre acaba confesando al otro el poso amago que le dejó el recuerdo de su mujer fallecida. - Un ingeniero para Jalima: un joven se dirige todas las mañanas a su empleo en metro, y siempre se fija en una magrebí que despierta poderosamente su atención. ¿Por qué no hablarle un día? - Liberty City: un recién llegado a Nueva York se cita con una atractiva y enigmática chica con sólo la pretensión de conocerla un poco más. - El déspota adolescente: el relato que da título al volumen es también el que lo cierra. No trata de nada en concreto, sino del viaje de un muchacho durante su adolescencia y de lo que de ella espera y acaba aprendiendo. Es un texto muy potente por el lenguaje que emplea, merece ser enmarcado.
Esta serie de relatos de Lorenzo Silva no me han terminado de convencer. Excepto dos: La herencia del vencido y Operación Termopilas. Son los más “extensos “ y los que al autor le da tiempo a narrar con algo de coherencia y sobriedad temas como la vida tras la guerra civil o los excesos de los nuevos ricos. El resto de pequeños cuentos no merecen para nada la pena, y no abandoné el libro esperando que saliese a la luz el Lorenzo Silva que nos tiene acostumbrado. Mucha paja filosófica que no lleva a ninguna parte. A veces parece que “ se le va la pinza “ y aburre sobremanera. Si no es por esos dos relatos, el libro, en mi opinión, no vale nada.
Lo cogí con ganas porque me encantan los relatos y, además, el título prometía. El prólogo, tan simpático, me predispuso aún más a que me gustara el libro, pero no ha sido así: aunque hay algunos cuentos buenos, hay otros que son totalmente incomprensibles. Para rematar, la gran mayoría les confiere a las mujeres el mismo valor que a un trapo de cocina. Me han gustado un poco más el del canónigo, el de la maleta y el del exmilitar.
Siendo Silva una persona ajena a mi, de otra generación, de otro sexo, seguramente también de otra ideología, consigue que conecte con él y con su arte como ningún otro autor.