Marcel Brion (1895, Marseille - 1984, Paris) was a French essayist, literary critic, novelist, and historian.
The son of a lawyer, Brion was classmates in Thiers with Marcel Pagnol and Albert Cohen. After completing his secondary education in Champittet, Switzerland, he studied law at the Faculty of Aix-en-Provence. Counsel to the bar of Marseille between 1920 and 1924, he abandoned his legal career to turn to literature.
Brion wrote nearly a hundred books in his career, ranging from historical biography to examinations of Italian and German art, and turning later in life to novels. His most famous collection of stories is the 1942 Les Escales de la Haute Nuit (The Shore Leaves Of The Deepest Night). An essay of Brion appears in Our Exagmination Round His Factification for Incamination of Work in Progress, the important 1929 critical appreciation of James Joyce's Finnegans Wake.
He was a friend of the philosopher Xavier Tilliette.
In 1964, Brion was elected to the French Academy chair 33, replacing his friend Jean-Louis Vaudoyer. Other distinctions include membership in the Légion d'honneur, the Croix de guerre 1914-1918, a Grand Officer in the French Ordre national du Mérite, and an Officer of the Ordre des Arts et des Lettres.
His son, Patrick Brion, critic and film historian, is the "voice" of Cinema midnight on France 3.
Todavía, después de los ejemplos de Altamira y Lascaux, se oye hablar del arrumbado mito del progreso en la sensibilidad y, por consecuencia, en el arte. Aun quedan rezagados para quienes el primitivo es un ser de otra contextura, más cercano de lo irracional que de lo humano. En La Tabla Ronde (junio, 1951) Gaétan Picon refiere una anécdota que tal vez ayude a convencer a los reacios. «Uno de los exploradores -dice que recientemente recorrieron, entre el Orinoco y el Amazonas, porciones de selva virgen en donde ningún blanco había penetrado aún, cuenta que, para ganar el respeto y la confianza de los indios, tuvieron la idea de hacerles oír los discos que llevaban consigo. Música negra, música occidental de baile... En vano. Arriesgándose, decidieron poner la 26 Sinfonía de Mozart, y al oírla los indios no volvieron a dudar de su poder. Hemos podido ver la fotografía de un hombre de la edad de piedra, escuchando, mientras daba vueltas el disco de cera en que se hallaba depositado el producto más puro, el más sutil de la cultura occidental. Y era un rostro lleno de emoción.» El primitivo, y precisamente por su primitivismo, por no estar contaminado de la barbarie vulgarizadora, conserva la pureza de espíritu necesaria para reconocer sin vacilación la grandeza del mensaje de Mozart. El salvaje, el negado de la espiritualidad y la emoción, no hay que buscarlo en la cuenca del Amazonas. Está bastante más cerca de nosotros. No hay tal Prehistoria, declaraba d'Ors no hace mucho. Y cada día su afirmación resulta más evidente.
RICARDO GULLÓN, Mozart y el caníbal. Biblioteca Virtual Cervantes, 2006.