Interesantísima novela histórica, en forma de biografía, de la Emperatriz Elisabeth de Austria-Hungría.
El libro te atrapa desde el inicio, pues va desgranando cómo es Sissi, en qué cree, qué le gusta, qué le disgusta… y su evolución a lo largo de los años.
El personaje es apasionante, como lo son todos los inadaptados, personas que no encajan en su mundo, como lo fue Sissi. Loca, o cuerda, persevera en seguir sus instintos, contrariando al mundo, buscando ser libre.
Me queda la duda, por mi desconocimiento del personaje, de cuán fielmente la describe. Ojalá que mucho, porque esta Sissi perdurará en mi mente para siempre como la real, y todo lo que lea a posteriori sobre ella que no encaje en esa imagen que tengo, me parecerá falsa. Tras terminar el libro siento estar dentro de su cabeza, empatizar con ella y comprender plenamente todo lo que hace o dice y por qué.
Tan solo en algunos momentos de la última parte se me hace la historia algo tortuosa, pues se recrea demasiado en las muertes y añoranzas, algo repetitivas, de las personas que desaparecen de su vida.
Otro rasgo del libro que me deja dudas es que siempre anticipa en las reflexiones de Sissi hechos que van a ocurrir… quizá reflexiones de la autora que pone en su boca. También sus constantes pesadillas me resultan un poco reiterativas y tediosas. ¿Eran ciertoa?
Sissi, qué interesante fue tu vida, qué original tu personalidad y qué estimulante tus ansias de libertad. Eras una mujer adelantada a tu tiempo más de un siglo: te gustaba viajar, te gustaba hacer deporte, aprender idiomas, comer frugalmente… Y a pesar de ello, qué hipócrita eras, porque eras condescendiente con el odio de las clases bajas por mantener una monarquía que vivía en la opulencia con su esfuerzo… pero no abandonaste esa vida de disfrute, de despilfarro en cacerías o levantando palacios en Hungría o Grecia.
Y una última decepción de su personalidad: la aceptación de las relaciones extraconyugales de Francisco I es enternecedor, pero muy poco progresista y revolucionario, pues ella no se permitió hacer lo propio con sus impulsos afectivos… cuando hubiera sido más fiel a su personalidad.