Barcelona. 19 cm. 217 p. Encuadernación en tapa blanda de editorial ilustrada. Colección 'Contemporánea', numero coleccion(355/2). Et nunc manet in te. Traducción de Santiago Rocangliolo ; edición a cargo de Enrique Redel. Homosexualidad. Gide, André. 1869-1951. Corydon. Biblioteca André Gide. numero coleccion( 2). Contemporánea (Barcelona). 355/2 .. Este libro es de segunda mano y tiene o puede tener marcas y señales de su anterior propietario. 8497932919
Diaries and novels, such as The Immoralist (1902) and Lafcadio's Adventures (1914), of noted French writer André Gide examine alienation and the drive for individuality in an often disapproving society; he won the Nobel Prize of 1947 for literature.
André Paul Guillaume Gide authored books. From beginnings in the symbolist movement, career of Gide ranged to anticolonialism between the two World Wars.
Known for his fiction as well as his autobiographical works, Gide exposes the conflict and eventual reconciliation to public view between the two sides of his personality; a straight-laced education and a narrow social moralism split apart these sides. One can see work of Gide as an investigation of freedom and empowerment in the face of moralistic and puritan constraints, and it gravitates around his continuous effort to achieve intellectual honesty. His self-exploratory texts reflect his search of full self, even to the point of owning sexual nature without betraying values at the same time. After his voyage of 1936 to the Union of Soviet Socialist Republics, the same ethos informs his political activity, as his repudiation of Communism suggests.
Estas dos obras son interesantes más por lo que habla del autor y de su pensamiento que por su calidad. Gide es un provocador, aunque tenga mucho de provocador de monedero falso... Tiene esa falsa impostura de neoromántico, de (pequeño) burgués elevado a las alturas, que mira la corrupción de la sociedad. Tiene más calidad en sus Alimentos Terrenales, por ejemplo.
La primera obra es un diario que, en principio, empieza como un bello alegato, doloroso, a su esposa recientemente fallecida, y se transforma al poco en un ataque o, cuanto menos, una crítica descarnada a su mujer, como si casi la tuviera al lado. -Sí, tiene mucho de desahogo, una de esas crisis que se tienen y se tiene que expulsar...-. Aquí se observa de manera sútil lo que mostrará en el alegato de Corydon: su homosexualidad. Encontramos las cuestiones de su alcoba y de los conflictos matrimoniales, más de cama que de otra cosa... Es repulsivo en ocasiones sus ataques a su mujer, de cuerpo presente hacía poco. Esto se va entendiendo con sus palabras en Corydon, con su defensa uranista de la homosexualidad (similar a nuestra actuales tendencias de algunos homosexuales contra la pluma, una homosexualidad viril o ultra virilizada, frente a la afeminizada homosexualidad que ha caricaturizado el estereotipo). El enfrentamiento de carácter deja entrever su tensión sexual y de falta de amor al final de su vida; más se ve una rencilla por la pérdida del amor que explota a la muerte... Es una mezcla de rencor y cariño, pero no amor que odia; no, no; tiene más una defensa de sí mismo y verborrea.
La segunda obra es un claro alegato por la homosexualidad, pero que se pierde hacia la vieja práctica de la pederastia (adolescente) de los griegos. Es curioso que esto nace alentado por las palabras de Leon Blum, presidente de Francia y socialista, judío (es importante, por los comentarios antisemitas de Gide, también marxista): hace un alegato a la libertad sexual masculina y que habla de que los jóvenes se desahoguen con las jóvenes. Gide, tomando a los griegos, lo torna a voltear el alegato (con antisemitismos de por medio y alegato latinista) hacia: un alegato a la pederastia. Esta defensa, como hipócrita protestantes, lo hace por "la virtud femenina", como la de su mujer... -Quizás de ahí que diga que tenía ciertos complejos de tocar a su mujer por su profundo amor, afirma en el primer libro; pero, todo ello, parece una simple excusa mala, porque es evidente que no sentía deseo por ella, llevándola por un quebradero de cabeza y seguramente alentando una neurosis propia más de la paranoia pecaminosa del catolicismo y el cristianismo en general... Admito que sí, debió de sufrir la pobre mujer, a pesar de que fuera de un carácter, cuanto menos, fuerte o, en los peores casos como dice él, insufrible...
Estas obras, dan algo de asco y curiosidad. Es curioso y hasta positiva su reinterpretación de la homosexualidad a una valoración no pecaminosa y no ligando sodomía a antinatural (cristiana), pero la idea disparatada de la pederastia y la pureza de la mujer... Solamente me parece una locura que esconde su semioculto deseo homosexual y un cierto desprecio a las mujeres, como su mujer, egoísta, con un uranismo ultramasculino que se acerca más a una heterodoxia de la imagen masculina que defendía el patriarcado heterosexual. Solamente le da una imagen de tolerancia a la homosexualidad en el sistema patriarcal, que había castigado estas prácticas por culpa del pecado de sodomia del cristianismo, aunque no siempre... Es una vuelta al pasado y a la biología para justificar su timorata salida de armario sin escabullirse del todo del esquema machista y del patriarcado. Sigue siendo un hombre, incluso más, porque el uranismo, basado en los soldados tebanos, reclama una mayor virilidad en un espejo del hombre con otro hombre, un cuasionanismo de la idea del hombre mismo... No hay una mirada al otro, sino más bien una idea idealizada del enamorado, es decir, platónica. Esa idea de homosexualidad y misoginia tiene ese hado de las S.A. de Rohm o Mishima. Se refleja un cierto aire de represión y de odio similar al incel que reclama el amor de la mujer, aunque en este caso la del respeto de sus prácticas y amores fuera de lo dictado por la norma con una reafirmación en el viejo modelo. Evidentemente, es muy positivo la defensa hacia las víctimas de la sociedad por su organización social o cultural, pero no con el atentado de otros. O en este caso, sin tener en cuenta a otros, como las mujeres, que tienen deseo y lo muestra con ejemplos de su homosexualidad también, pero con distancia. Parece haber una dualidad hacia la mujer, quizás debida a su relación marital y con otras mujeres. Y es que tenemos la idea de ser sinceros al escribir, pero en realidad lo hacemos entrelíneas.
Siempre en defensa de los débiles o los subyugados, pero no atacando a otros que también lo están; siempre contra el fuerte, siempre con el débil... En este caso, quizás hay quien ataca en demasía a Gide (posiblemente yo también, sobre todo tras la lectura de cierto artículo que me ha influido, casualmente de alguien a quien no puedo estar muy de acuerdo en ciertas posturas y hasta me asquean), pero no se puede olvidar a la que calla. Igual que hoy defendemos lo trans, ayer hacia los homosexuales, sin olvidar a ninguno.