Ramón de la Cruz supo aportar nueva savia, en la segunda mitad del siglo XVIII, a un género de larga tradición en el teatro español, apuntando en varios de sus sainetes una crítica de costumbres dirigida contra algunos vicios y costumbres de la sociedad de su tiempo. Los textos escogidos para esta edición responden a un criterio de diversidad y representatividad. Junto a sainetes muy conocidos, aparecen otros que lo son menos e incluso uno de los que todavía permanecen inéditos. Treinta años del quehacer dramático del autor se pasean por plazuelas y calles, patios de vecindad, tiendas, salones burgueses, interiores de teatro, e incluso el palacio de un sultán y una isla imaginaria.
Don Ramón de la Cruz Cano y Olmedilla fue un dramaturgo español, considerado como uno de los definidores del casticismo madrileño en el contexto del «arte nuevo de hacer comedias» expresado en forma de sainete o entremés. Fuera de su periodo inicial en que escribió traducciones, imitaciones y adaptaciones de trágicos franceses e italianos (Racine, Voltaire, Ducis, Beaumarchais, Metastasio y Apostolo Zeno), escribió también comedias (Marta abandonada) y zarzuelas (El tutor enamorado; Las segadoras de Vallecas, 1768; Las labradoras de Murcia, 1769; Las foncarraleras, 1772; El licenciado Farfulla, 1776, etc.), si bien es sobre todo conocido por su obra de la última época, los más de 300 sainetes que escribió (pequeños apuntes costumbristas de asunto humorístico, llenos de música y canciones, compuestos con agilidad y gracia en verso), en los que trata y retrata al Madrid de su tiempo. El más famoso es seguramente Manolo, donde se parodian las comedias heroicas que eran pasto habitual de los teatros de ese tiempo, describiendo con lenguaje arrabalero y propio de los bajos fondos el regreso de un hampón recién salido de la cárcel a Madrid desde un presidio africano, ambientes que Ramón de la Cruz conocía bien (fue funcionario de prisiones y vivió en Ceuta) y parodiando las situaciones trágicas de dichas comedias.