Por su forma, su estética y su contenido Castilla (1912) representa la quintaesencia de la obra de Azorín: la contemplación del paisaje o del pueblo como "pequeña" historia transida por el tiempo, buscando, además, en la literatura una expresión del espíritu nacional. Supone Azorín, como explicó Ortega y Gasset, una "nueva manera de ver el mundo": la que sabe captar "los primores de lo vulgar" y adivinar en ellos el alma de las cosas. Al paso de la lectura vamos descubriendo la resignación y el dolorido sentir de los españoles, la sumisión a la fuerza de los hechos y la idea abrumadora de la muerte. Pero todo lo redime una prosa genial que convierte al libro en uno de los más hermosos de nuestra literatura. Inman Fox, uno de los primeros especialistas azorinianos, ofrece aquí una edición depuradísima y rescata textos claves para la mejor comprensión de la obra.
Spanish poet and writer José Augusto Trinidad Martínez Ruíz wrote most of his literary works under the pseudonym Azorín.
The eldest of nine brothers, he studied law at the University of Valencia, then worked as a journalist in Madrid. He later emigrated to Paris.
He also wrote under the names Fray José (in "The Catholic Education of Petrer") and and Juan of Lily (in "The Defender of Yecla").
He was an anarchist in his youth, but grew more conservative as he aged and supported Franco when the General came to power in Spain (although the author remained in France).
This meditation on central Spain so perfectly blends all the different forms of literature that it becomes its own form. It is essayistic in how it takes apart different aspects of Castilla and examines them, one by one. It has the texture of poetry in its structure, language and motifs, and how it relates the different aspects of the portrait to each other. It is adorned throughout with apropos references and citations like the best kind of academic treatment. It has inward and very personal musings. But, most remarkably to me, is how Azorín suddenly projects fictional characters into the scenes, too. Magically, the two mythical figures of Callisto and Melibea appear in one scene and participate in a way that seems real. And then later a very minor character from an episode of Quixote comes to life, but as an older, living version of herself. Then a figure from an El Greco painting comes alive in a scene, described as a living being who is influencing the writer.
This is a book to be read in a room full of Casper David Friedrich paintings. The mood is one of melancholy mixed with nostalgia, but without ever going ripe. A longing. Repeated is the image of a lone man sitting and pondering, elbow on knee, cheek in hand. We feel throughout the bittersweetness of the human experience – of being aware you are a part of the beauty of the universe, but also aware you are only alive to witness and engage with that beauty very briefly. Azorín takes this land that he knows so intimately and feels such overwhelming affection for and makes of it a metaphor for the universe and the human being’s ephemeral place within the universe.
This is a transcendent piece of literature. It is hard to imagine a writer repeating or besting this kind of exquisite personal triumph. But Azorín was very prolific so I will try another noted work by him with hopes such a feat is possible. Probably the most original idea I gleaned from Castilla is that any given place is essentially a medium through which the universe and the eternal is expressed.
Un libro de crónicas, de composiciones en las que Azorín reflexiona sobre los temas que le interesaban más: Castilla, el paso del tiempo, las pequeñas historias, a través de los edificios, las personas y las costumbres del pueblo.
En el encantador estilo de Azorín, que parece tener el secreto para escribir textos atemporales, que podrían haber sido escritos ayer, o hace veinte siglos. Una delicia, para disfrutarla con calma y escuchar a un señor contándonos lo que ama, ofreciéndonos su sabiduría.
Un libro exquisito y bello, de descripciones al más puro estilo azoriniano para insertarte en la estética castellana de la época y conocer mejor sus pueblos y paisajes. Compuesto de relatos sueltos y sin relación, me han sorprendido los primeros capítulos, evocando sentimientos y recuerdos y sorprendiendo en la conexión entre inicio y final. En la parte final, el libro se me hace un poco más repetitivo. Me quedo con el relato "Las nubes" que Antonio Buero Vallejo tomó como inspiración de su "Historia de una escalera". Dejo esta cita:
"No tiene Calisto nada que sentir del pasado; pasado y presente están para él al mismo rasero de bienaventuranzas. Nada puede conturbarle ni entristecerle. Y, sin embargo, Calisto, puesta en la mano la mejilla, mira pasar a lo lejos, sobre el cielo azul, las nubes".
Me ha acompañado a lo largo de todo el día de hoy. Me ha sorprendido mucho su mirada atenta a la vida, al tiempo, a la historia y a la literatura, por no hablar de su sencillez y su ternura elegante. Me lo he leído en una sentada y me ha dejado con ganas de seguir leyendo mucho más de su autor.
No le doy las cinco estrellas porque los cuatro primeros "capítulos" me parecieron tediosos a más no poder. Si fuera por el resto del libro, se las llevaba sí o sí.
La versión que he manjeado es la de "Anaquel", magistralmente comentada por el Doctor José Luis Molina.
Pretendo hacer una descripción más exhaustiva en tiempos venideros, cuando mi prioridad no sea la de ilustrarme con nuevos textos ignorados por mis aún vírgenes neuronas, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de comentar lo experimentado, ahora que está tierna en mí la sensación que me ha dejado Azorín.
Le doy un 10 a esta obra, a pesar de que no es una novela ni existe un hilo conductor en el libro en sí. Pero es tanto lo que me ha maravillado, que se desbordan en mí los sentimientos generados. Es curioso que no es la primera vez que leo algo así. Pero sí es la primera vez que leo lo supremo de esta quinta esencia.
Tengo un amigo escritor que idolatra a Azorín. Mi amigo escribe con una riqueza brutal de vocabulario (ahora entiendo el origen), y he podido ver con clarividencia, de dónde surgieron dos de sus relatos: el de la luz del tren y el de las dos personas que vuelven enlutadas a la estación.
Me maravilla que Azorín imagine cómo pudieron continuar obras clásicas, como la Celestina (me pregunto si fue pionero en esto).
Y, para terminar este primer esbozo de crítica, quisiera resaltar la explosión de sabores en mi cerebro que ha supuesto la concatenación de palabras castellanas, pero absolutamente ignoradas por mí. Imagino que Azorín manejaba un registro de vocablos que introducía en sus escritos de manera forzada, como el que mete palabras en las rimas.
De todas formas, recomiendo la versión del Doctor José Luis Molina, sin sobrecargar los pie de página, y dando una agradecida traducción a esos innumerables vocablos que, y esto es un secreto, se me ha ocurrido una manera original de usarlos...
No es un libro de crónicas, ni cerca de ello, no hay un orden cronológico, vamos de siglo en siglo con Azorin viendo como el tiempo no ha cambiado para los pueblos de España.
Lo que inició Larra un siglo antes encuentra un retoño en Azorín.
Hay múltiples retratos, escritos para el lector del diario, el lector español que sabe de poetas, de carlistas, de la Celestina, de Gongora, del Lazarillo, de derrotas, de la España que se murió y sigue viva.
España, la España de Carlos V moría en terrible agonía en 1898. Ante el cadaver solo queda preguntar ¿y qué era España?
Azorin se lanza a responder la pregunta, y no quiere responder hablando de la corona, de Dios, la patria y el rey. Famélica, la celestina ya vieja aparece buscando a sus amos. Los trenes, el símbolo del progreso Europeo, como el proyecto al que España no se quiere unir porque quizás Francia, la desordenada, la pecadora, quiera volver a reclamar lo que nunca fue suyo.
El anarquismo está presente en sus retratos. ¿Para qué necesita un rey un hidalgo que cuida solo su tierra? Los pueblos de Castilla se cuidan solos, viven de lo que producen y en viejas casas encuentran espacios para sentarse a estar solos.
Es un homenaje al localismo, no al nacionalismo, no a los linajes antiguos, no a las razas. Es un homenaje al que vive en su pueblo , cuida su huerta, muere en completo olvido, pueblos que jamás crecieron, que no quieren crecer, donde las mareas del progreso no llegan, donde lo mejor no ha matado lo bueno.
Castilla (1912) representa la quinta esencia de la obra de Azorín: la contemplación del paisaje o del pueblo como pequeña historia transida por el tiempo, buscando, además, en la literatura una expresión del espíritu nacional. Supone Azorín, como explicó Ortega y Gasset, una nueva manera de ver el mundo: la que sabe captar los primores de lo vulgar y adivinar en ellos el alma de las cosas. Al paso de la lectura vamos descubriendo la resignación y el dolorido sentir de los españoles, la sumisión a la fuerza de los hechos y la idea abrumadora de la muerte. Me he decidido a volver a leer este libro pues fue uno de los que tuve que leer de pequeño en el colegio. Grandiosa prosa y amor por las cosas pequeñas y que te marcan, la descripción de los paisajes como si pintase un cuadro con palabras, recreándose en los pequeños detalles y dibujándonos la sociedad de épocas pasadas con sus luces y sus sombras.
4 estrellas por los primeros capitulos. Tiene cuentos que presentan gran calidad literaria y ademas de ser interesantes de leer generan sentimientos al ser leidos.
Obra pilar para se entender o pensamento azoriniano e do modernismo espanhol como um todo, no que tange à paisagem e sentimento patriótico. Grande Azorín!
el libro q diría que leo por gusto si estuviera secuestrada (he de decir que si te explican la estructura, referencias, conexiones y el resto de movidas de Azorín no es tan aburrido)
Sin saberlo, es el libro que estaba esperando leer durante los últimos 5 años. Trata de forma magistral la idiosincrasia castellana, sus paisajes, sus gentes, sus pueblos, sus mentalidades... El paso del tiempo en cada uno de estos ítems es el "leitmotiv" del libro. Sin duda alguna, Azorín consigue producir una obra atemporal.