Fogwill no es sencillo de leer. Al menos no en esta antología. Es una pena que en muchos de sus cuentos abuse del recurso de la divagación, la reflexión como ensoñación o pensamientos desordenados que brotan descontrolados (buen recurso, pero a veces cansa). Es una pena porque luego, cuando narra situaciones y le da ritmo a los eventos contados, su prosa es clara y atrapante. El mejor ejemplo de este contraste es "Sobre el arte de la novela". En conjunto, como antología de cuentos -algunos de ellos novelitas muy breves- este libro es varios libros en uno solo. Y en el caso de Fogwill, autor multifacético, este rasgo se acentúa. Si hay algo común que puede encontrarse como hilo conductor es el contexto y algunos de los temas que tocan a los personajes. Salvo algunas excepciones ("Cantos de marineros..." y algún otro) los cuentos narran de una forma u otra la decadencia, y el vivir de esa pequeña burguesía porteña o esa aristocracia rioplatense concheta en los 70, 80 y 90 del siglo XX. Ese ideario de clase está ahí... el consumo de drogas y sus estados (magistralmente retratados en varios cuentos, ver la escritura onírico-alcaloide de "Restos diurnos"), así como los consumos culturales, sus posiciones politicas, su arrogancia porteña y sus (des)amores ("Help a él", "Japonés", incluso el famoso "Muchacha Punk"), los viajes, las chacras, los caballos, las infidelidades, los autos costosos y los dobles apellidos. Esta es la materia prima sobre la que Fogwill retrata la frivolidad y la ¿crisis existencial? de su época. El desarrollo y nacimiento del neoliberalismo y la posmodernidad entre esos porteños "bian". No todos los cuentos encajan allí, pero sí la mayoría. Varios son piezas exquisitas: "La larga risa de todos estos años" y "Japonés" que sorprenden al lector. "Memorias de paso" es otra joya. Es un libro recomendable, quizás algo dificil. Para leer despacio (o espaciando sus cuentos).