Buscar una razón que sea más fuerte que el azar de vivir es para Fogwill una razón narrativa. HORACIO GONZALEZ
La de Fogwill es una inteligencia 'superior', y por lo tanto un poco inhumana: como si se tratara de la inteligencia de una divinidad o de un alienígena, siempre un poco mas allá de la capacidad de comprensión del común de los mortales. DANIEL LINK
Como los grandes narradores de ficciones políticas del siglo XX Pynchon, De Lillo o Gadda, Fogwill documenta su paranoia con dudosas teorías sobre la infancia, datos de encuestas imaginarias, supuestas transcripciones de servicios de inteligencia, catálogos de modas, usos y costumbres, observaciones culturales y sociales. CARLOS SCHILLING
Esta es una antología de media docena de autores muy distintos que tienen un solo nombre de marca: Fogwill. Y que permite la entrada por cualquier extensión, por cualquier tono, por cualquier estructura, escondiendo bajo su eficiente capacidad de entretener, de fascinar; e incluso de asustar; que contiene seis o siete de los mejores cuentos de la literatura argentina. ELVIO E. GANDOLFO
Rodolfo Enrique Fogwill (born in Buenos Aires in 1941), who normally goes by just his surname, Fogwill, was an Argentine sociologist, short story writer, and novelist.
Fogwill was full professor at the University of Buenos Aires< publisher of a legendary poetry book collection, essayist, and specialized columnist in communication subjects, literature and cultural politics. The success of his story "Muchacha punk" (Punk girl), which received the first prize in an important literary contest in 1980, made him leave his job as a businessman, and begin, according to his words, "a plot of misunderstandings and misfortunes" that took him to his present occupation as a writer. Some of his texts have made their way into diverse anthologies published in the United States, Cuba, Mexico, and Spain. He is perhaps particularly notable for his short novel Los pichiciegos (translated as Malvinas Requiem), which was one of the very first narratives to deal with the Falklands War between Argentina and the United Kingdom.
Smogwill es un buen escritor, pero desgraciadamente no un gran. Esta complicación completa de sus cuentos creo que expone de manera clara sus limitaciones, hasta dónde puede llegar y no. Por ejemplo, hay cinco cuentos que jugarían siempre en mi equipo titular: “La chica de tul…”, “La larga risa…”, “Muchacha punk” (sigue siendo imbatible), “Los pasajeros del tren…” y “Camino, campo…”. Los demás están bien, pero no sobresalen, no descollan. De hecho hay un par que ni siquiera terminé, me los salteé por aburridos. Sacando este pequeño corpus de cuentos, más otro texto suyo imbatible como “Los pichiciegos”, Smogwill es bastante irregular. Intuyo que su obra crítica o periodística entra en lo mejor de su producción, pero no la leí, y no sé tampoco si estoy interesado. Sé que nadie me preguntó, pero si llegaran a hacerlo no sabría qué responder a la pregunta de si hay que leer este libro. Lean lo que quieran, no me gusta recomendar ni me interesa.
Nunca había leído de un tirón un volumen de "Cuentos completos" y debo decir que no es lo recomendable. Sobre todo en autores como Fogwill que se caracterizan por su variedad de estilos o, como dice Elvio Gandolfo en su Prólogo, se trata de cuatro o cinco escritores bajo un solo nombre. Si me pusieras una antología anónima y atemporal de grandes cuentos, "Japonés" estaría al lado de los clásicos del género: Poe, Hawthorne, Hemingway. Pero si supiera que fueron escritos en las inmediaciones de la dictadura y en la Argentina, los mejores son "La larga risa de todos estos años", "La cola" y "Camino, campo, lo que sucede, gente". Son, siguiendo con Gandolfo, obras maestras sencillamente fogwilleanas. Hay muchas marcas, descripciones minuciosas del mundo del cual se trata el cuento: la navegación, la publicidad, la alta sociedad dandy porteña-puntadelestina. Un autor con miradas sagaces, una prosa afilada, por momentos cínica, pero que rinde más en su atención que en su deriva lisérgica.
Salgo de este libro cansado y un poco decepcionado. Creo que Fogwill es un escritor bastante bueno, pero tampoco me parece el genio que dicen que es (aunque no me sorprendería que él hubiera sido el primero en creerlo).
En general, en sus historias no ocurre gran cosa (excepto por “Memoria de paso”), pero tampoco tienen esa profundidad que se agita bajo la superficie de algunas tramas pequeñas. Su prosa no es nada del otro mundo (no es tan interesante o innovadora —salvo por algunos momentos de “Muchacha Punk”— ni mucho menos hermosa) e incluso resulta verborrágica y vueltera (como si la idea de recortar el texto lo indignara). Sus estructuras digresivas, como mucho, dan la impresión de ser impredecibles (porque no suelen llevar a nada) y no tienen grandes giros —salvo por “La larga risa de todos estos años”—. De nuevo, con esto no quiero decir que Fogwill sea un mal escritor; al contrario, se nota que es un autor inteligente (quizás demasiado consciente de serlo) y fiel a su voluntad (o a su ego).
Quizás el problema soy yo como lector, quizás me falta la capacidad de ver o apreciar eso que hace que se lo considere un genio. Quizás mis expectativas eran demasiado altas. O quizás lo leí demasiado tarde, cuando otros libros ya opacaron eso que Fogwill pudo tener de novedoso en algún momento.
En el prólogo de esta edición, Gandolfo dice que entre estos veintiún cuentos están “seis o siete de los mejores cuentos de la literatura argentina”. Me parece una declaración excesiva y, en todo caso, no sé cuáles serían esos seis o siete cuentos, pero los que más me gustaron fueron “Los pasajeros del tren de la noche”, “Memoria de paso”, “La larga risa de todos estos años” y “Japonés”.
En su última entrevista antes de morir, Philip Roth le mostró al periodista del New York Times un pesado libro que le habían mandado con sus novelas traducidas al italiano "¿Quién lee estos libracos hoy en día?" se/le preguntó. Estos cuentos completos de Fogwill no llegan a las 500 páginas pero entra en la categoría "libraco". A mí me llevó casi tres años terminar de leerlos y, en parte porque ya tengo 45, la verdad que no me acuerdo de muchos cuentos que leí en mayo del 2017. Obviamente los leí muy espaciados, un cuento entre novelas.
Fogwill más que escritor para mí es una onda. Es un tipo súper interesante que te hace creer que siempre sabe algo que nadie más sabe. Tal vez porque fue sociólogo cuando la carrera ni existía (era parte de Filosofía). Al leerlo hoy percibo la sensación de adelantado a su época, aunque la inflación, los constantes cambios de moneda en Argentina y la tecnología le conspire en contra - en un cuento por ejemplo el narrador se entera de la muerte de la madre por un telegrama - pero tiene un estilo que hoy suena formal pero es súpercoloquial, como un amigo que te cuenta algo en la mesa de un bar.
Si tengo que elegir algunos me quedo con el clásico Muchacha Punk, La Cola, La larga risa de todos estos años; Camino, campo, lo que sucede, gente y, mi favorito, Sobre el arte de la novela.
Justamente, tendría que leer más novelas de él; solo leí la genial "Los Pichiciegos"
A Fogwill le guardo especial cariño porque cuando me iniciaba en el periodismo me dio un reportaje y fue súpercreativo. Era un gran entrevistado.
Cada vez que dije Mother make me a big grey cloud no me refería a esta tormenta. No puede ser que cada 3 o 4 meses me agarra un ataque que incluye una migraña fuertísima, no dormir, mucha fiebre y una alucinación. Aproveché para leerlo porque contemplaba comprarlo. Me quedan leer sus novelas pero por lo pronto siento que "Help a él" es lo mejor que escribió. Hay mucha literalidad en estos relatos, linealidad. Se nota que no es alguien que viene de Letras, para bien y para mal. La pifia sobre todo en tercera persona —la persona real para escritura— como que no se entiende bien qué narra, y cuando lo hace en primera siempre parece ser la misma voz medio vivaracha, qué pecado, pero siento que es inevitable —voy a rechequear las obras de Charlotte Brontë a ver qué tantas diferencias hay en sus narradoras. También, en sus mejores cuentos es muy evidente un uso del lenguaje muy Osvaldo Lamborghini, una sintaxis que un incapaz llamaría enrarecida; y una búsqueda intensa por lo desconocido, lispectoriano. Igual lo amo desesperadamente. Puse sus entrevistas de fondo y cuenta que escribe como herramienta de poder, uno no podría esperar menos de una subjetividad tan fuerte. "Leer bien es leer como se escribió". Ahhhh quiero que seamos amigos. And I'm thrashing at the line somewhere between desperate and divine
No andés cambiando de cueva, hacé las que hace el ratón— conservate en el rincón en que empesó tu esistencia— vaca que cambia querencia, se atrasa en la parición
Hay un par que son un joya, clasicos instantaneos de la literatura argentina, otros son medio pelo, pero el balance general es que son cuentasos (algunos incluso son nouvelles). ''Cantos de marineros en las pampas'' o ''Memoria de paso'': de esas cosas que uno hubiese deseado escribir.
En menor o mayor medida, me gustaron todos los cuentos. Aunque había leído algunas novelas suyas, estos cuentos no dejaron de sorprenderme. Son muy distintos y varios realmente magistrales. Mi podio: La larga risa de todos estos años Help a él Restos diurnos
Pero podría ir y mencionar casi todos. Alucinante.
Me parece que estos cuentos no van a resistir el paso del tiempo, que no serán apreciados como lo fueron y lo son. Dicho eso y considerando que tengo la edad y viví en el lugar apropiado, que estoy en condiciones de apreciarlos, debo decir que son muy buenos y que Japonés fue el que más me gustó y el que menos Help a él.
Fogwill tiene altibajos. Por momentos es absoluto y por momentos se cae. No quedan dudas que es un gran narrador. Hay cuentos impresionantes en este libro, tremendos, estremecedores, geniales. No puedo hacer una reseña que vaya cuento por cuento o màs bien no quiero, pero lo que sè es que a pesar de no ser excelente, sin dudas recomiendo este libro y este autor.
Fogwill no es sencillo de leer. Al menos no en esta antología. Es una pena que en muchos de sus cuentos abuse del recurso de la divagación, la reflexión como ensoñación o pensamientos desordenados que brotan descontrolados (buen recurso, pero a veces cansa). Es una pena porque luego, cuando narra situaciones y le da ritmo a los eventos contados, su prosa es clara y atrapante. El mejor ejemplo de este contraste es "Sobre el arte de la novela". En conjunto, como antología de cuentos -algunos de ellos novelitas muy breves- este libro es varios libros en uno solo. Y en el caso de Fogwill, autor multifacético, este rasgo se acentúa. Si hay algo común que puede encontrarse como hilo conductor es el contexto y algunos de los temas que tocan a los personajes. Salvo algunas excepciones ("Cantos de marineros..." y algún otro) los cuentos narran de una forma u otra la decadencia, y el vivir de esa pequeña burguesía porteña o esa aristocracia rioplatense concheta en los 70, 80 y 90 del siglo XX. Ese ideario de clase está ahí... el consumo de drogas y sus estados (magistralmente retratados en varios cuentos, ver la escritura onírico-alcaloide de "Restos diurnos"), así como los consumos culturales, sus posiciones politicas, su arrogancia porteña y sus (des)amores ("Help a él", "Japonés", incluso el famoso "Muchacha Punk"), los viajes, las chacras, los caballos, las infidelidades, los autos costosos y los dobles apellidos. Esta es la materia prima sobre la que Fogwill retrata la frivolidad y la ¿crisis existencial? de su época. El desarrollo y nacimiento del neoliberalismo y la posmodernidad entre esos porteños "bian". No todos los cuentos encajan allí, pero sí la mayoría. Varios son piezas exquisitas: "La larga risa de todos estos años" y "Japonés" que sorprenden al lector. "Memorias de paso" es otra joya. Es un libro recomendable, quizás algo dificil. Para leer despacio (o espaciando sus cuentos).
Lo que más me gusta de Fogwill es que escribe como si supiera de todos los temas que toca en cada cuento: ajedrez, política, embarcaciones, argentina rosista, drogas, la cárcel. Como lector no podés hacer más que caer rendido ante la precisión de las palabras y la credibilidad de los detalles.
Dicho esto, también confieso que fue un libro que me costó terminar. No sé si es lo mejor leer a todo Fogwill de corrido. Los cuentos rompen constantemente los límites del marco narrativo y están llenos de disgresiones. En algunos casos el sentido del cuento parece ser esa misma disgresión. Echevarría lo dice mejor que yo acerca de sus novelas: “No vale la pena perder el tiempo tratando de resumir el argumento de las novelas de Fogwill, ya que apenas tienen argumentos, quizá porque vienen repletas -consiéntase la paradoja- de argumentos, no en un sentido narrativo, sino en el sentido más netamente crítico, filosófico, incluso ideológico.” (Ignacio Echevarría)
En casi todos los relatos aparece un alter ego de Fogwill: publicitario, escritor, vinculado al ámbito empresarial, a las empresas de cigarrillo, porteño, viajero, antiperonista, cínico.
Destacó especialmente: Dos hilitos de sangre, Japonés, Otra muerte del arte, Help a él.
De Fogwill sólo había leído "Vivir afuera" y "Los pichiciegos" (ambos, sobre todo el primero, muy disfrutados). Por recomendación de un librero conocido llegué a este volúmen, ya que, según él, es en los relatos donde Fogwill brilla realmente; y es innegable que luego de 3 o 4 relatos, uno descubre a un gran narrador y un erudito en varios aspectos ("Memoria de paso", el relato que cierra el libro es realmente impactante) Si bien una pequeña parte de esta selección no es tan buena (sólo me salteé 1 relato), el resto tiene un nivel literario muy alto y casi adictivo por momentos.
Mis preferidos: La cola, Japonés, Muchacha punk, Restos diurnos, Help a él, Luz mala y Memoria de paso)
Estuve estas dos o tres últimas semanas leyendo todos los cuentos y comentándolos con gente que me fui cruzando y 1) siempre admiré mucho a los que recuerdan los títulos de los cuentos (no me incluyo en ese grupo pero capaz tmb debería empezar por no saltearme los títulos) 2) dicho esto, help a él, el de los serenos, la reescritura de orlando, muchacha punk y el del japonés mis favoritos pero igual de todos los del libro tengo cosas para decir y todos tienen muchas frases geniales. (Y otra cosa sobre escenas de sexo, fogwill corrió para que daniel durand volara, o como se diga).
Lei el 60% y no pude terminarlo. Meses después lo encuentro entre mis pendientes de goodreads y no queda otra que eliminarlo de la lista sin marcarlo como leído, algo que me molesta profundamente hacer. Creo que envejeció mal. Por momentos me aburría y por momentos - varios y peores - me parecía estar leyendo las fantasias eroticas de un hombre con mal gusto. Quizás tendría que haber empezado por otra obra pero por ahora no voy a hacer el intento.
Lo leería una y mil veces más, sin embargo es uno de los libros que más he prestado, que más ha dormido vanamente en mesas de luz ajenas como ajenas me eran las personas a las que intenté llegar con el mismo. Todo esto para decir que compren esta edición y que la lean con la misma fruición, voracidad y melancolía con la que hoy lo estoy recordando.
Escuchado el audiocuento "Dos hilitos de sangre", donde un narrador, ya un obseso desapasionado, ya un medio para el recurso literario del extrañamiento, describe los dos episodios mellizos en los que se encontró mirando la nuca de taxistas y los hilitos de sangre que manaban por ellas.
Hace poco dije que en un libro de cuentos era casi imposible que todos fueran de pareja calidad. Bueno, en este caso eso no ocurre. O sí: uno mejor que el otro. La mayoría ya los había leído, algunos varias veces. Me atrevería a decir, sin ánimo de ser original, que "La larga risa de todos estos años" es uno de los mejores cuentos argentinos.
Algo así como veinte cuentos son los que hizo Fogwill. Algunos se sienten como experimentos fallidos, pero los que son buenos son sencillamente geniales. Digamos que si a partir de hoy tuviera que elegir mis cuentos favoritos de la literatura argentina sin dudas alguno(s) de estos tendría que estar ahí:
La Cola Memoria de paso Japonés La larga risa de todos estos años
Esos cuentos, junto a Los Pichiciegos (escritos todos en un lapso de apenas diez años), son la prueba del nivel que manejaba este tipo en esa década. Una cosa tremenda.