La teoría-ficción, o «filosofía-ficción», como se ha dado en llamar en alguna ocasión, toma el desvío de las convenciones académicas para adentrarse en el afuera proscrito, por los canales subterráneos de la ocultura. En este territorio se mueven los ensayos de la australiana Amy Ireland, la sacerdotisa-cíborg de Babalon que nos ha deslumbrado con una obra poblada de IAs insurrectas, hechicería temporal, replicantes y agitación xeno. El trabajo de Ireland bebe de las vanguardias modernistas, del aceleracionismo y el ciberfeminismo, el ocultismo y la cibernética, conspirando con el canon de la literatura y el cine Sci-Fi (William Gibson y los hermanos Strugatski, entre otros) y con el pensamiento extremo de autores como Sadie Plant, Reza Negarestani o Bataille. Como una Madre de Abominaciones, Ireland entreteje la historia oculta de las máquinas para mostrarnos un futuro turbador e inhumano, aunque no por ello exento de esperanza; una alquimia de elementos catalíticos donde confluyen el espíritu renovador del avant-garde, las pesadillas autocumplidas de la tecnología, los sueños proféticos de la ciencia-ficción y el inframundo de la filosofía.
'Filosofía-ficción', textos claves para entender las especulaciones de la xenopoética hasta las últimas consecuencias. A pregunta a ChatGPT, esta me ha respondido:
La xenopoética es un término acuñado por el escritor de ciencia ficción Bruce Sterling en la década de 1980 para referirse al arte de crear especies alienígenas y mundos imaginarios. Es un término que se utiliza en la ciencia ficción, la fantasía y otros géneros relacionados con la creación de mundos imaginarios.
En la práctica, la xenopoética implica la creación de criaturas, culturas y ecosistemas que son diferentes a cualquier cosa que exista en la Tierra. Los artistas y escritores que se dedican a la xenopoética se inspiran en la biología, la antropología, la historia y otras disciplinas para crear especies alienígenas y mundos que sean coherentes y verosímiles, pero que también sean sorprendentes y fascinantes.
Además de ser un medio para la expresión artística y la creación de entretenimiento, la xenopoética también se utiliza en la ciencia ficción como una herramienta para explorar temas científicos y filosóficos. Por ejemplo, al crear mundos y especies imaginarias, los escritores y artistas pueden examinar aspectos de la existencia humana, como la naturaleza de la realidad, la moralidad y la diversidad cultural, desde una perspectiva más amplia y libre de las limitaciones del mundo real.
Y sobre Amy Ireland:
El trabajo de Ireland se centra en la filosofía de la tecnología y la cultura digital, así como en la crítica del capitalismo y la política contemporánea. Sus escritos a menudo exploran la forma en que la tecnología y los medios digitales están transformando la sociedad y la política, y la forma en que estas transformaciones afectan a la vida cotidiana y la experiencia humana.
Además de su trabajo académico, Ireland es conocida por su trabajo en la creación y gestión de comunidades en línea, y ha sido una voz destacada en el debate sobre la ética y la política de las plataformas de redes sociales y la tecnología de la información en general. También ha colaborado en proyectos artísticos y literarios, y ha participado en varios eventos públicos y conferencias como oradora y panelista.
Algo si me ha gustado, este libro, pero no mucho. No llega a las alucinaciones ciberpoéticas de Nick Land, y a nivel teórico tampoco me ha parecido que aporte demasiado. Sin embargo, hay un puñado de ideas inspiradoras desperdigadas.
Me resulta sugerente la conclusión de *Catástrofe por defecto*: ¿y si la creación de inteligencias artificiales que nos superen y quizá extingan la humanidad es en realidad parte de un proceso evolutivo más amplio?; me gusta la mezcla de los conceptos de tejido (tejedoras), computación (inventada para las máquinas tejedoras), matemáticas, criptografía e inteligencia de *Antes de tener un rostro*; de *ruido* el programa de aplicar la cibernética a la fenomenología, descentrándola así de lo humano. De *La bahía de ventas infinita del universo* rescato la idea de que los *hábitos* no son algo exclusivo de los seres humanos, sino de toda entidad existente (patrones estabilizados de comportamiento), siendo los hábitos lo que organiza realmente la realidad y la hace inteligible. Captar la novedad es, así, desembarazarse de un hábito; esto implica desantropomorfizar la noción de agencia. De *Secesionismo temporal* la distinción entre ***nomos*** y ***logos***: el segundo es la distribución que nos viene dada, de origen demoníaco, el primero la división que operamos sobre esta distribución, de origen divino; también el paralelismo forzado entre medios calientes/fríos ([[McLuhan]]) y códigos secos húmedos ([[Nick Szabo]]) con la [[tetrasomia]] aristotélica. Las especulaciones sobre lo que una empatía oscura, asociada a la seducción y mimetización de la presa por el cazador, puede significar para el feminismo y, más allá, la relación humano-máquina, de *Empatía, guerra y mujeres*.
#aceleracionismo El resumen de las doctrinas aceleracionistas, en su versión más ortodoxa-alucinada, de *El poemameno* (p.133) es de los mejores que conozco.
"No es el artista quien rompe el arte, ni el guerrero quien declara la guerra, sino algo anterior a ambos. Un real que sueña siempre lo irreal, donde el arte y la guerra reclamarán sus victorias o sus derrotas irreparables."
"El modelo temporal de una sociedad le permite articularse en relación con la más abstracta de las leyes ontológicas, justificando su existencia o futura instalación en resonancia con lo absoluto. Una determinada percepción del tiempo puede prometer o inhibir una revolución, hacer que uno se sienta en casa y en sintonía con los ritmos de la tierra, o perdido y sin amarres en un universo vasto y complejo. Históricamente el tiempo ha sido el medium de inmensas apuestas simbólicas. El poder pasa por caja en la estandarización temporal. El imperialismo, ya sea político, religioso o tecnológico, requiere hegemonía temporal para funcionar."
Amy Ireland es una voz convulsa y excitante sobre nuestro tiempo y el tiempo porvenir. El libro está compuesto por ensayos de distintos temas poshumanistas, algunos más inextricables que otros (con jerga filosófica más especializada), pero me quedo especialmente con aquellos dedicados a las Inteligencias Artificiales. Nunca había leído algo tan esclarecedor (y tenebroso) en torno a las IA. La postura de Ireland es ambigua (y eso enriquece esta filosofía-ficción): por momentos teme ese tecno-capitalismo que puede prescindir de los seres humanos, pero por momentos lo reverencia como a un Dios (siguiendo la línea aceleracionista de su maestro Nick Land, a quien, de paso, lo vuelve más accesible al lector).
Una mirada poética y creativa sobre nuestra relación con lo xeno (extraño). El poder especulativo de la ficción y del arte para diseñar futuros posibles y deseables.