Biografía, autobiografía, relación histórica, crónica, homenaje, saga familiar, reflexión metaliteraria, esta dura y entrañable novela da cuenta de la migración asturiana a México en la segunda mitad del siglo XIX en contraste con el posterior exilio español republicano; del tránsito de la pobreza del inmigrante a la consolidación de su fortuna, y de ahí, a la dilapidación que de ella hacen los herederos, abismados en el alcohol, el juego y la farándula; de las vicisitudes de una familia que pasa, de la paz porfiriana, a la Decena Trágica revolucionaria. Migraciones de ida y vuelta —España, México, Estados Unidos, Cuba, Nicaragua—, miserias y bonanzas, usurpaciones, latrocinios, extradiciones arbitrarias, enamoramientos controvertidos, traiciones, venganzas, muertes inútiles que podrían pasar por heroicas, misiones diplomáticas ocultas, excéntricos afrancesamientos en medio del desierto… y en última instancia, la contradicción como único signo de coherencia. Todo esto plantea una terrible la recuperación de la memoria histórica —familiar y colectiva; reivindicatoria—, que inevitablemente acabará perdiéndose en la desmemoria individual de quien ha respondido al imperativo de averiguarla.
Empecé a leer el metal y la escoria a partir de un discurso que vi en instagram de su majestad (viva el rey! Jeje, no crean) Don Felipe quien le otorgó a su autor un premio--digamos el premio Cervantes, no estoy seguro. El rey dió un muy buen discurso, Gonzalo Celorio no tanto. Pero la noción es que los Celorio, a quienes yo solo conocía como los herederos del inventor de la máquina para hacer tortillas, incluyen a otra familia de la cdmx, la del autor, y que esta familia, por razones que no me quedan claras del todo, sigue interesada en saber algo de la parte de España de donde salieron hace más de un siglo--Asturias. No lo entiendo porque mi familia, quienes van y vienen de Gipuzkoa para aquí y para allá a cada rato, como que les importa muy poco donde tenían su casa original. El punto es ser feliz donde estás, no donde estuviste.
El Metal y La Escoria tiene su buen arte; por ejemplo, la trama entera es fácil de comprender ya que aun cuando brinca de fechas y añade personajes, todos están ligados a la misma familia y aparecen, poco a poco, verosímiles, a través de una prosa muy bien organizada que asemeja al chisme de una familia sobre sí misma que involucra a grandes nombres mexicanos, como Alfonso Reyes. Este método tiñe a la novela entera con un matiz histórico pero muy ameno.
Celorio usa muchas palabras que yo raramente escucho y que dudo sean parte del vernacular de la CDMX. También presenta etimologías interesantes, el nombre Benito, por ejemplo, quiere decir bendecido, bene dictus, equivalente a Benedict en Inglés. Parte de lo que yo busco en un buen escritor son nociones de cómo comprenderme o comprender a otros de un modo mejor; Celorio presenta varias, como: “Mentirosa hasta la falsificación y veraz hasta la llaga. Es decir, fue coherente con las polaridades entre las cuales el ser humano se debate.”
No estoy seguro de si voy o no a leer más del Sr. Celorio; pero esta etnografia en forma de novela me agradó