«José Carlos Ruiz es una vacuna filosófica contra el agobio y la tontuna posmoderna.» Carles Francino La presión por destacar en una sociedad donde «el infierno de lo igual » se presenta como una fosa de la que nos exhortan a salir. La necesidad autoimpuesta de las check-list como rituales de obligada ejecución para alcanzar la felicidad. La «ideología de la personalidad» que se manifiesta en forma de bulimia emocional, donde acumulamos y acumulamos experiencias para vomitarlas ipso facto en las redes sociales. La dolorosa brecha, que se agranda por momentos, entre el yo real y el yo virtual. La tensión de exigirle al tiempo libre una realización y productividad plenas, bloqueando así la posibilidad de disfrute… Todos estos elementos, si no se analizan bajo la lógica del pensamiento crítico, se encargarán de configurar una personalidad abocada a experimentar un desánimo crónico. Y ante esto, pocos fármacos son más eficaces que la filosofía. El nuevo ensayo de José Carlos Ruiz disecciona con mirada quirúrgica nuestra época para mostrarnos las costuras de un mundo cada vez más complejo. «No hay género difícil si hay un buen divulgador. Y aquí es donde creo que debemos aplaudir a José Carlos Ruiz. Me parece que la labor que hace es inmensa.» Andreu Buenafuente «Una filosofía explicada de forma muy cercana que puede aplicarse a nuestras vidas.» Anne Igartiburu
Este libro me ha gustado menos que el arte de pensar. Quizás porque lo he encontrado más desigual. Hay partes que me han gustado mucho y otras que me han parecido pesadas. Aún así, lo que menos me ha gustado es la falta de referentes mujeres, sobre todo en su primera mitad. Creo que el libro mejoraría mucho si se tuviese en cuenta ese otro punto de vista.
Este libro ofrece una muy buena reflexión sobre la sociedad actual. A veces es neceseario echar un paso atrás y observar esta nueva realidad que hemos creado. Muy necesario en estos tiempos.
En la crítica-reseña de "El arte de pensar", de José Carlos Ruiz, filósofo paisano al que alguna vez escucho en el espacio en que habla en el programa "La ventana" de la Cadena Ser, ya anuncié que me acercaría con toda seguridad a algún otro libro suyo en el futuro. El título de este no me animaba precisamente a afrontarlo a priori con ánimo por el tufillo a autoayuda que desprendía (alguien tendría que asesorarlo mejor a la hora de escoger los títulos; o, precisamente, quién sabe, José Carlos Ruiz está muy bien asesorado para que, a modo de 'clickbait' bibliográfico, el ejemplar pueda venderse más fácilmente gracias a esta asociación que a mí, en un principio, me ha provocado más un rechazo que otra cosa), pero en verdad los temas que aborda aquí su autor son de lo más variado (la identidad, el amor, la amistad, la edad, el entretenimiento, la ignorancia, el dolor, el placer, el pensamiento y el relato), y siempre con la filosofía y el pensamiento crítico como motor central que ayude a explicar nuestro tiempo presente (dominado por la turbotemporalidad, la hiperrealidad, etc.). Ha resultado una lectura especialmente estimulante por este motivo, porque es de esa clase de libros que, por un lado, te animan a pensar que la filosofía no es solo de gran utilidad sino también necesaria, y que, por otro, te permiten comprender mejor el mundo que te rodea y te concede estrategias o herramientas para mejorarlo. Muy recomendable.
Pese a que ha habido momentos en los que se me ha hecho un poco bola, me ha encantado. Trata temas actuales y gira entorno a ideas a las que perfectamente has podido llegar por ti mismo, pero les aporta puntos de vista y explicaciones que han conseguido abrirme todavía más los ojos. Recomendado para la gente que suele leer no ficción.
Un buen libro que analiza la era digital desde una perspectiva filosófica, estableciendo conexiones entre hábitos que hemos adquirido y sus consecuencias en nuestra forma de vivir, con la consiguiente huella mental que esto ha dejado. La mayor parte del libro se centra en aspectos negativos de las nuevas tecnologías, algo que es coherente con el título del libro, pues trata aquellas que fomentan el desánimo en el estilo de vida actual. Pero tal concentración de críticas frente a la evolución tecnológica deja muy poco margen para resaltar aquellos aspectos positivos que la tecnología aporta a nuestras vidas. Quizá me habría gustado un poco más de equilibrio en ese sentido. También habría sido interesante plantear cómo las distintas corrientes filosóficas habrían afrontado o usado la tecnología actual. ¿Cómo se enfrentaría un epicúreo a Instagram? ¿Qué opinaría Sócrates de Facebook? Podría ser un ejercicio de imaginación y estudio de lo más interesante. El libro merece la pena, sus aportes y planteamientos hacen pensar y replantear hábitos que tenemos demasiado interiorizados y de los que no somos conscientes. Creo que el escritor podría haber sido un poco más ambicioso o creativo con su planteamiento, pero eso no quita mérito alguno al gran trabajo que ha hecho. Sin duda es un libro muy necesario en estos tiempos. Si estás pensando leerlo, hazlo.
Este libro se siente como un graaaan rant contra la modernidad (lo que el autor llama la hipermodernidad).
Me gustó por partes en las que de verdad enseña algo de filosofía, pero la mayoría se siente como una profunda queja sobre todas las cosas que ahora hacemos como sociedad, sin de verdad presentar mejores opciones. El mensaje de fondo es muy parecido al de "La Sociedad del Cansancio" de Byung-Chul Han: necesitamos una sociedad con más ganas de estar cansadas.
Si fuera por las parte en las que se la pasa quejándose de la sociedad moderna, este libro tendría 1 estrella, pero como aprendí de etimología, algo de filosofía y me hizo reflexionar en algunas cosas subió enormemente su calificación. Es decir, las partes que valen la pena, valen mucho la pena.
Me dejó reflexionando sobre la comparación entre el placer y el deseo, y cómo en el presente los confundimos. Además me puso a pensar en que no es necesario desear siempre más, siempre ser mejores, siempre estar adelante. También es posible decir: "no puedo", "no quiero", "estoy satisfecho".
Brillante reflexión de la sociedad, su infantilismo, la pérdida de identidad, el consumismo, las redes sociales...
Subscribo cada una de sus palabras ¿Le estaré dando la máxima puntuación por estar de acuerdo con sus ideas? Puede que sí, pero es que además tiene un estilo estupendo y aporta referencias a las teorías filosóficas de los grandes pensadores que ha tenido la humanidad.
El lenguaje sencillo con el que introduce pensamientos complejos le delata como profesor, lo que favorece la lectura y la comprensión.
Si este libro no te hace reflexionar, plantéate que igual eres un cibor.
Un libro que es hijo de su tiempo. Creo que muchos lectores y lectoras se verán reflejados en él. Para mí ha sido un excelente análisis de la hipermodernidad, lo que esta provoca y de dónde viene, pero, sobre todo, de cómo podemos evitar que nos devore. En definitiva, es un libro que te invita a seguir leyendo, y eso es algo que personalmente necesitaba en este momento. Así que, desde aquí, mi agradecimiento al autor.
Me ha encantado. Aborda muchos aspectos que influyen en el desánimo y los trata al detalle y desde distintos puntos de vista de la historia de la filosofía. Hay párrafos para enmarcar y seguramente caerá la relectura de algunos apartados. Una joya.
Nos vemos sumergidos y sumergidas a la constante presión del capitalismo: producción, tiempo de ocio productivo, ideas fijas (ideologías), noticias falsas, tener un relato; una biografía digna de ser contada. A eso y muchas cosas es que intenta hincar el diente José Carlos Ruíz, este autor argentino, doctor en filosofía. Desmenuzando y ejemplificando con las y los autores de la antigüedad intenta responder las preguntas que hoy nos agobian: porqué no hay tantos likes, la imagen que proyectamos, usar de manera productiva todo nuestro tiempo (las famosas check list que sólo nos agobian y nos dan endorfina por cortos espacios de tiempo), el amor y cómo nos vendemos hoy al mejor y mejora postora. Es una lectura didáctica para intentar enmendar el rumbo de una autopista de alta velocidad que no permite detenerse por escasos segundos. Agradable lectura para comprender desde dónde queremos mirar el mundo y nuestra acción en él.
Un gran ensayo filosófico de José Carlos Ruiz, que analiza los grandes problemas que acontecen en la sociedad actual, implicando grandes temas como las relaciones interpersonales, el goce del placer, o el fortalecimiento de nuestra identidad, ensalzando cuestiones como el pensamiento crítico, la contemplación y el reposo o incluso el paseo como rebeldía ante la estigmatizacion de lo virtual.
El éxito en la vida se puede lograr a los dieciocho años, a los veinticinco, a los treinta, a los cuarenta, a los cincuenta, incluso a los sesenta años, porque la idea es que el éxito no entiende de edades sino de identidades.
Hablar de identidad es hablar de máscaras y es muy importante tener en cuenta que cuantas más máscaras, mejor, principalmente porque tienen una doble utilidad. Por una parte, está la de poder socializarnos cambiando de máscara dependiendo del ambiente. Pero, por otra, también se halla la función de protección ante los demás.
Amar implica activar la voluntad de saber sin prejuicios, de querer profundizar en el otro, de tratar de comprender su fondo. Pero si el amor ha sido un capricho, un deseo colmado, entonces, la muerte del ser querido, su desaparición, su huida, se percibirá como una pérdida, no como una falta.
La saturación no favorece el recuerdo.
El sexo no implica necesariamente singularidad, sino más bien destreza, de ahí que sea reemplazable.
Las rupturas se hacen más insoportables no porque vivamos el amor con más intensidad, sino porque tenemos el umbral del dolor muy debilitado.
El nivel de tolerancia a la imperfección del otro es tan irritable que, a la primera decepción, el resto de las facetas rápidamente decae.
Admirar a la persona que se ama implica respetarla en su totalidad y ver su beldad (tanto externa como interna).
Aprender a amar es aprender a vivir.
Cada uno ama como sabe, y el problema surge cuando queremos ser amados de la misma manera en la que amamos.
Aprendemos a amar amando.
Anhelamos que nos entreguen su atención, pero que lo hagan solo cuando nosotros lo deseamos; aspiramos a que nos cuiden, pero no sabemos dejarnos cuidar; pretendemos que se anticipen a nuestros pensamientos y sentimientos, pero no ofrecemos las claves necesarias para que aprendan a conocernos.
«teta y sopa no caben en la boca».
¡Quien tiene amigos, no tiene amigo!
En las relaciones débiles abundan los aduladores y los interesados.
Puede pasar tiempo en soledad porque su intelecto es capaz de abastecerle de tantos nutrientes que no necesita estímulos externos. Esto implica poseer la suficiente inteligencia para darse cuenta de que una buena amistad te hace mejor persona.
¿A qué amistades se refiere? Un personaje vanidoso, presumido, impiedoso, poco empático, altanero, al que podríamos describir como ególatra, ¿qué clase de amistades puede tener?
La vida es dura en todas las etapas de la vida.
A veces sometemos a crítica a los demás dando por sentado que «el otro» ha tenido la misma capacidad y la misma posibilidad de llegar a las mismas conclusiones vitales que nosotros. Olvidamos que, si bien el tiempo pasa para todos por igual, sin embargo, no pasa igual «en todos».
El entretenimiento que enriquece es aquel que olvida al yo y se centra en lo externo.
La paciencia es la capacidad de saber sufrir sin grandes aspavientos, lo que implica que el impaciente no sabe sufrir (al menos en silencio).
El mérito no está en la capacidad de saber sufrir (estoicamente) o de aguantar, sino en postergar ese momento lo máximo posible.
El impaciente es intolerante con lo que acontece, carece de estoicismo. Los estoicos eran guerreros mentales que se entrenaban para los momentos de dolor.
Saber sufrir pacientemente implica aceptar la tragedia, esa mezcla desigual de drama y comedia.
La persona tolerante es la persona que aguanta.
La vida solo cobra sentido cuando se mira hacia atrás, pero se tiene que vivir hacia delante.
Buscamos soluciones ligeras para problemas profundos.
Cuando uno empieza a cumplir años lo primero que percibe es la realidad del tiempo.
Es una locura concebir largas esperanzas cuando el mañana es incierto.
El que vive de la esperanza tiene miedo a la muerte, pero es preferible morir que consumirse en la tortura.
Levantarte cada mañana y asumir toda la retahíla de mensajes de autoayuda: determinación, perseverancia, resiliencia... No es que sean malas palabras, el problema se presenta cuando son las únicas que nos permitimos decirnos, y evitamos aceptar de manera natural palabras como contemplación, reposo, distensión, desconexión, dilatación, error, cansancio...
Cada persona tiene un punto de vista sobre la vida, pero ni la realidad ni la verdad se pueden limitar a este. La suma de puntos de vista es lo que nos enriquece, la suma de perspectivas.
El problema puede aparecer cuando no somos realistas en cuanto a nuestras capacidades.
Lo que es absurdo es pensar que hay un paisaje ideal, porque no es así. El ideal, como su propio nombre indica, no es real.
En esto consiste el perspectivismo, en con-vivir, en vivir-con las múltiples circunstancias que se presentan en la vida, en la nuestra y en la ajena.
Tanta preocupación por la imagen de uno, por el potencial de uno, por los sueños de uno, por la carrera de uno, por el futuro de uno, que terminamos olvidando que, para constituirnos en uno, existe la condición necesaria del otro. Este obsesionarse «solo por uno mismo» es lo que los antiguos griegos calificaban como idiota.
la isonomía, que es la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley; la isegoría, que es el derecho a que todo el mundo pueda tomar la palabra en la Asamblea, y la parresía, que es la nobleza de hablar francamente, sin presiones, sin necesidad de reservar nada.
El idiota hipermoderno no necesita contrastar informaciones porque se somete a su sesgo de confirmación, y tachará de conspiración, manipulación o falsedad cualquier evidencia que pudiera negar o poner en duda aquello de lo que está convencido.
Como buen idiota, ha perdido la capacidad de escuchar al otro, de leer al otro (a aquel que piensa de manera diferente a él), de prestar atención al otro, y se sume en la soberbia del ego.
Un idiota es un idiota, dos idiotas son dos idiotas, diez mil idiotas son un partido político
Por un lado, está oculta en las cadenas de los esclavos. Al llevar toda la vida encadenados, han naturalizado las cadenas hasta el extremo de no percibirse atados.
No podemos olvidar que, en la evolución del ser humano, los que sobrevivían no eran los más fuertes, sino aquellos que mejor se adaptaban al ambiente.
Los hoteles usan las mejores opiniones de los clientes para describir la experiencia de uso, los museos facilitan las visitas con 3D y audio para anticipar lo que te puedes encontrar si te acercas a visitarlos, los restaurantes publicitan las recomendaciones personalizadas de sus comensales, que cuentan las maravillosas experiencias que han tenido, las grandes compañías de tecnología realizan presentaciones en streaming donde exponen todas las ventajas maravillosas que poseen sus nuevos aparatos, y lo hacen en tiempo real...
Adquirir un bolso de Carolina Herrera son gestos satisfactorios que no tienen por qué condicionar nuestro criterio de felicidad.
Hasta hace poco, las relaciones sexuales eran el resultado final de un proceso de seducción que conllevaba elementos de cortejo.
Peripatéticos, nombre que se les atribuyó porque caminaban alrededor del patio mientras impartían clase.
Lo sustancial no son los años que pasan sino la experiencia de vida que se atesora.
Clío era la musa de la historia.
La suerte no entiende de justicia.
Los hombres que son tachados de sabios (líderes) son aquellos que toman conciencia de los tiempos verbales: pasado, presente y futuro.
La verdadera felicidad requiere exigencia, enfrentamiento y autosuperación.
Interesante reflexión sobre la modernización de la vida, la hiperconectividad a la que nos vemos abocados… poniendo de manifiesto la necesidad imperiosa de frenar el ritmo, de analizar de forma crítica lo que nos rodea, de aprender a recoger velas y sentirnos en paz con ello.
A los dos tercios del libro aparece un capítulo dedicado a “El dolor”. Dentro de este capítulo en la página 210 hay una sección que se titula: “La Violencia y las Mujeres”. Algunas personas del Club de Ensayo cuestionamos que se inserte en este capítulo el tema de la Violencia y las Mujeres.
La Violencia y las Mujeres. No opta por títulos alternativos como “La Violencia sobre las mujeres” o “La Violencia de género”. El título que propone Ruiz me parece menos comprometido con la causa, se muestra más aséptico.
El título, tal y como lo plantea, deja abierto cualquier enfoque, incluso el que defiende VOX, claro. Yo hablaría mejor de violencias machistas. O violencias contra o sobre las mujeres. Ruiz parece que no tiene enfoque feminista en lo que hace, escribe y dice. En el Club de Ensayo nos extraña que alguien que ha sido profesor de Secundaria tenga tan pocos conocimientos del tema.
Luego ya en el cuerpo del texto sí lo dice: “Todas mis amigas han sufrido violencia de género”.
Da la impresión de que Ruiz sigue poco los medios de comunicación y tiene que recurrir a testimonios cercanos para enterarse del problema de la violencia de género, para tener una epifanía en este tema. Reconoce el autor primeramente que no conoce el tema a pesar de las decenas de años que lleva enquistado en la sociedad contemporánea.
Por tanto para el autor es mejor “dirigir al lector a toda la literatura específica sobre el tema” antes que comprometerse.
Por fin cita una experiencia personal de su vida, su paso por el Instituto Ángel de Saavedra. Su epifanía tiene lugar en este IES cuando una alumna del Máster de Profesorado haciendo las prácticas con él ejecuta una unidad didáctica en torno al piropo.
De pronto José Carlos desciende a la realidad y narra las situaciones que en torno al piropo contaron sus alumnas. Según cita: “está logrando reeducarse, no sin esfuerzo, debido a la educación clásica recibida”. “Y lo que es más doloroso es lo que la sociedad obvia el asunto.” No comprendo esta última observación pues jamás ha estado tan presente antes este tema en el debate social. ¿Vive Ruiz en la cueva de Sócrates?
Desde que uno empieza a leer las primeras páginas de Filosofía ante el Desánimo, percibe con claridad que no se encuentra ante un manual denso y dogmático sobre filosofía en tiempos modernos, sino más bien ante una conversación creada desde el afán de aliviar nuestro paso por este mundo complicado, hiper-globalizado, hiperconectado, y en más ocasiones de las que nos gustaría reconocer, profundamente individualista. El lenguaje utilizado es directo, transparente, sencillo, aunque sin dejar de lado ese aura intelectual que se le exige a un escrito con aspiraciones formativas. A lo largo de 9 bloques temáticos, cada uno de ellos relacionados con un aspecto vital en la historia de todo ser humano (amor, amistad, dolor...), el autor desglosa una serie de puntos clave que marcan el ritmo de nuestra sociedad hoy en día, de nuestra forma de enfrentarnos a la realidad que nos rodea. Tras una capa muy fina pero perfectamente legible, critica y procura comprender, con cierta fiereza comedida y vocación por la ternura, una actualidad basada en el culto a la imagen, fruto de inseguridades de las que cada vez parece más complicado escapar, y la consecuente ruptura con nuestra intimidad, nuestra conexión profunda como seres humanos. La obra expone con belleza, y a la vez cierta resignación, que hemos sucumbido a una pérdida progresiva de nuestros rituales ancestrales, nuestra curiosidad primigenia, arrastrados por el boom de la cultura del escaparate, las redes sociales y la inmediatez. Y qué despropósito sería recordarnos todo eso sin aportarnos después lo que nos aporta: pequeños grandes consejos que nos ayuden a lidiar con esa certeza, aceptarla, y nadar a contracorriente para poder desarrollar un pensamiento más fuerte, una identidad potente y crítica, y por tanto volver a ese centro que todos, dentro de esta vorágine imparable de lo impersonal, parecemos haber perdido.
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Este libro tiene un cúmulo de ideas tan diversas, que no se me hubiera ocurrido que el hilo conductor de todos los temas fuera el desánimo ante la época que nos tocó vivir. En mi opinión, hay muy buenas reflexiones aquí, junto a otras ideas que son debatibles. Hay hechos y, también sesgos. Hay posiciones serias y, a la vez, comentarios que más bien parecen slóganes que el autor quería usar pese a ser generalizaciones fáciles con propósito comercial.
Ahora, mi opinión tiene tintes sociológicos (sí, aquella disciplina que según sus seguidores se desprende de la filosofía para acercarse a la ciencia). Así que me causa cierta disonancia cuando se describen "hechos sociales" solo cualitativamente, sin datos que respalden los enunciados. Ahora, no deja de ser un buen conjunto de ensayos, que invitan a la necesaria reflexión al ritmo de una buena caminata (por cierto, muy buena esa sección sobre "el peregrino").
Me ha gustado el método divulgativo del autor, y la invitación a la reflexión en cada uno de los apartados que desarrolla en el libro.
Me quedo con la mención constante a la idea del secuestro de la atención a la que se refiere a lo largo del libro, no solo como consecuencia sino como objetivo de la hiperconectividad e hiperestimulación constante que vivimos.
La atención, y con ello, nuestro tiempo, son de las cosas más valiosas que tenemos y que hacen que la rueda siga girando. Cuanto más tiempo pasemos (delante de la pantalla) consumiendo contenido, más generaremos, más información estaremos dando y más tiempo estaremos regalando, eso sí, con pequeños chutes de dopamina como recompensa, atrapándonos (más) en sus redes(sociales); pero alterando, al mismo tiempo, nuestra relación con la amistad, los recuerdos, el amor, el disfrute del ocio, el aburrimiento, la (im)paciencia....
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Una hostia con la mano abierta. Así lo definiría yo, o al menos así es como me he sentido leyendo cada uno de los capítulos. Más que ante el desánimo, yo lo habría llamado filosofía para el desánimo, si no fuera porque después de dejarte emocionalmente por el suelo al menos te da claves para que empieces a salir del bucle hiperindividualista en el que estás atrapado. Super bien referenciado además en grandes ejemplos de la filosofía clásica, que claramente olvidaré de aquí a dos semanas... pero lo importante: chicxs hoy empieza mi nueva era (ya no soy la misma persona que fui antes de comenzar a leer este libro).
Muy, muy bueno. Al principio me pareció distinto a su otro libro que también me fascinó: El arte de pensar. Y sí, es distinto pero no por ello peor. Me ha recordado a los libros de Byung-Chul Han -al que cita en varias ocasiones- pero con un estilo más accesible y menos farragoso. Uno de esos libros que realmente incitan a reflexionar sobre el modo de vida que llevamos y que nos es impuesto desde fuera. Un modo de vida basado en lo externo, en la velocidad y alienante. Para leer y releer, algo que haré año tras año, como con su anterior libro.
El libro genera reflexiones muy interesantes con muy pocas herramientas para gestionarlas. Se siente más como una crítica fatalista al estilo de vida moderno, como una queja, como si tu abuelo te estuviera diciendo con palabras bonitas que todo tiempo pasado fue mejor. No ayuda mucho a tener una perspectiva práctica ante el desánimo, por el contrario pudo sentirse un tanto abrumador.
Rescato que aprendí datos interesantes y saqué referencias de otros libros que me generaron curiosidad.
Aterriza muy bien ciertas ideas, en ocasiones puede ser un poco pesado, sobre todo en algunos capítulos cerca del final. Pero creo que es una lectura necesaria y confrontativa sobre la modernidad y hacia donde vamos, sobre un sistema que ha normalizado nuestro cansancio y un uso desmedido de las identidades en redes sociales.
Muy interesante, y como ya mencioné, creo que es necesario este tipo de lecturas. Entender que es lo que pasa en nuestro exterior para poder entendernos a nosotros mismos.
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He durat 50 pàgines forçant-me a llegir des de la 5. Em fa l'efecte que està escrit per gent que se sent per sobre de la típica autoajuda per tots els públics amb frases fàcil d'entendre, i necessiten diferenciar-se llegint llibres més complicats. No obstant, m'ha semblat més aviat pedant, amb frases i idees més complexes que encertades. És clar que també podria ser que jo no tingués el nivell intel·lectual suficent. En qualsevol cas, no té gaire sentit que me'l segueixi llegint.
Me ha resultado más interesante que "El arte de pensar", me parece mucho más profundo y maduro. Es un libro que me ha provocado muchas reflexiones sobre mi propia vida. Lo tengo muy subrayado y voy a volver a leerlo porque tiene análisis brillantes y originales a lo largo de todo el libro, por lo que se terminan olvidando y no quiero olvidarlos. Muy recomendable, especialmente el capítulo del amor, me ha parecido maravilloso.
El libro es ameno y el autor ha hecho un resumen de las múltiples críticas de la sociedad actual, aunque habla mucho de la filosofía y recurre a muchas referencias filosóficas (me divirtió mucho las referencias a la mitología griega), realmente es poco práctico, llega un momento en que más parece que el autor se desahoga con la realidad actual (smartphones, globalización, etc.) y es por eso que pondría una valoración de 3,5.
Una crítica a la sociedad moderna desde la perspectiva de un filósofo, conducida por un lenguaje accesible para todos los públicos. El autor plasma una reflexión profunda sobre diferentes aspectos en relación al ser humano y su papel en el entorno que le rodea, así como el impacto que el sistema ejerce sobre el mismo individuo y la sociedad en su conjunto, con la lupa puesta en las tecnologización y las redes sociales. ¡¡100% recomendable!!
Reflexión sobre mucho del comportamiento humano en la actualidad influido por la tecnología, capitalismo e inmediatez, tomando en cuenta las bases de la filosofía. No terminé de comprender el por qué de refutar el "conócete a ti mismo" y tampoco sentí concluyente el libro al hacer crítica del comportamiento humano actual pero no sentir que ha caído en el, todo el tiempo pasado fue mejor. Aun así ño considero necesario para la reflexión de como nos sentimos muchos actualmente.