el mejor libro que leí este año. pienso extenderme.
Cesare Pavese es impresionante, eso ya lo sabía, pero este diario es una joya irrepetible de la literatura.
Está lleno de reflexiones sobre la poesía de una lucidez implacable, en un idioma frío, justo, seco.
Tuve yo mismo que comentar pasajes enteros en mi propio diario sobre este diario.
Pavese dice cosas que yo no vi escritas en ningún otro lado porque escribe con honor, como si lo que está diciendo, escribiendo en ese papel realmente fuera de una trascendencia crucial -de hecho lo es- y se plantea todos los temas con una profundidad que de veras es necesaria, con esto quiero decir, y hacer hincapié, que Pavese hace necesaria la escritura, verbaliza sus pensamientos y los lleva hasta el paroxismo, sin pudores.
Es asombroso además, ver sus propias revisiones de sí mismo, Pavese no deja pasar nada, vuelve y vuelve a lo que ya dijo corrigiéndose o repitiéndose, es un obstinado y sobre todo un riguroso, y da gusto su rigor, es realmente placentera su capacidad de atención sobre lo que dice.
Es una escritura fragmentaria, obviamente no escribe todos los días, no llega inspirado a la página, simplemente quiere decir algo, le urge hacer necesaria la escritura, y nos hace con ella ver el paso de sus días, de sus años, de su tiempo, tiempo-dolor como dice en alguna parte.
Su nivel a la hora de operar con la escritura lo pone en los niveles más altos, es simplemente glorioso cuando alguien utiliza así las palabras, las hace bailar, les da nuevos nombres, las resalta, las aclara, las amansa.
Otra cosa digna de ver o decir es su fascinación con el inglés, se me ocurrió que esto debe venir de primeramente un encantamiento con cierta literatura norteamericana -Faulkner, Hemingway, entre otros- pero también de cierta relación con el cine que de todas formas se menciona solo de forma velada.
Cito: 'esto ya no es estética, son lamentos. Quería fijar los pequeños recuerdos pero solo recuerdo los espasmos. (...) Así debe ser un poema. Este sufrimiento es atroz.'
Con esta fuerza se escribe este diario. Por eso digo que es crucial, acá el sufrimiento no viene en forma de quejita, de bobera, es un dolor que aparece como atrocidad y es ineludible, pétreo.
Una virilidad majestuosa recorre estas páginas que cierra a perfección en el final, es en las últimas páginas y su vertiginosidad donde este trabajo se consuma, alcanza su más alta expresión. Son páginas que mezclan optimismo, vitalidad, pasión, pensamiento, rudeza, crudeza, rabia, obsesión, destreza, sanción.
Qué mejor que citar: 'el único modo de escapar al abismo es mirarlo, medirlo, sondearlo y descender a él'.
'No sólo un poco de culpa, sino toda la culpa, no hay salvación. Siempre.'
Rajen los lectores de autoayuda, acá reina un esteticismo determinante plagado de justicia y terquedad, literaria, que es una terquedad a mi gusto más... iba a decir sana pero no es sana, aunque algo más es.
Y Pavese lidia con la nada, con el desamor, el vacío, con su dolor que jamás para, para reconocer lo trivial y darle nueva forma, reordenarlo cuestionándolo todo para terminar por reordenarse a sí.
Cesare relajate, le podríamos decir, pero él nos zamparía una cachetada, Pavese no vino a la vida a gozar. ¿Tiene razón? Muy probablemente no, pero expuso a perfección sus razones, y eso es suficiente para removerme, y hacerme cuestionar a mí también.
Cito: 'La compensación de haber sufrido tanto consiste en que luego morimos como perros'. De su moralidad se desprende esta crudeza.
Después su supuesta misoginia, chúpenme la pija, el otro día escuché decir a el Pelado Cordera que es un librepensador, sálvame Dios mío, Cesare Pavese es un librepensador, un liberal, un atravesado y quizá su forma de entender la femineidad fuera polémica pero jamás perdió su centro, su justicia.
Cito: 'En amor solo cuenta tener a la mujer en la cama y en casa'. Me arrodillo ante esta afirmación, el mismo que dice: 'Pensamiento de amor: te quiero tanto que deseo haber nacido hermano tuyo o haberte traído yo mismo al mundo'.
Su total rechazo al altruismo, su fatalismo, sus nociones de individualidad, su autopercepción de genio, su herencia de Baudelaire, sus sueños, sus miedos, sus lecturas, sus dudas, sus obsesiones, sus convicciones, los lugares que lo maravillaron, las tetas que amó, su desconfianza en el sexo, su vanidad, todo eso aparece sin pudor, desnudo en estas páginas.
No sé, me cierra el kiosko y tengo que comprar unas cervezas para festejar el cumpleaños de mi amigo Facu, quizá después la siga y la postee en algún blog, pero si alguien me lee, por favor, lea este libro.