Obviamente me parece una de las obras maestras de nuestro teatro.
Tomar en consideración que fue estrenada en el año 1949 y que se supone que ha llovido mucho desde entonces. Lo singular de esta última afirmación, es que la realidad nos indica que quizá no hemos cambiado tanto y eso da mucho qué pensar.
El lenguaje de Buero no lo voy a descubrir yo aquí ahora, así como la profundidad de las ideas que deja encima de la mesa con frases y reflexiones lanzadas al aire como el que no quiere la cosa, pero que tienen una carga de profundidad inteligente que te deja perplejo.
Me encandila la maestria de estos autores que una época difícil, sometida a la implacable guadaña de la censura, con unos medios mucho más exiguos de los que disponemos a día de hoy nosotros, se las apañaban tan bien para hacer de su inteligencia y preparación bandera dejándonos joyas como esta historia en tres actos, breve, intensa, emocionante y directa.
La historia de un barrio normal, en una ciudad normal, de unas personas normales, en una escalera normal, con diez años de diferencia entre acto y acto.
Nada cambia pero, a su vez, todo cambia.