Los libros como este, que te hacen profundizar, en lo que tenemos y podemos perder, se llevan mis aplausos, porque la vida, es efímera y es allí donde valoramos aquellos pequeños detalles, que hacen grandes diferencias.
Gracias, Adriana Lozano, por regalarnos este buen libro, donde nos brindas grandes lecciones de resiliencia, lucha incansable, pérdida y ante todo esperanza para salir de los hoyos negros a los que nos toca enfrentarnos, como seres humanos, en el juego de la vida.
Me parece de gran riqueza el conocer del diagnóstico del tinnitus, del que no tenía mucha información. Adriana, pude sentir ese laberinto sin salida y cómo tu barco de la vida naufragaba en aguas obscuras y tenebrosas al enfrentar la condición tan difícil, esa que se volvió en parte de tus días, tus noches y de tu completo existir. El escuchar un zumbido que no se detiene nunca y que taladra tu vida inescrupulosamente, es en definitiva retador y motivo para luchar y por ende, sentir una profunda admiración por ti y tu proceso.
Como persona en situación de discapacidad, usuaria de silla de ruedas, mi empatía se agudiza, al toparme con casos en donde la discapacidad viene a dejar grandes enseñanzas. Lloré, la sufrí contigo y tuve ganas de buscarte y darte un abrazo que te consolara.
Resulta curioso cómo damos todo por sentado y no le ponemos atención a los cinco sentidos y su trascendencia tan vital. Resoné con la autora, porque como cantante y estudiante de las artes escénicas, no puedo imaginar, mi realidad sin el oído.
Un testimonio repleto de grandes sensibilidades, en donde la fe en Dios, resulta indispensable para fortalecerte y sí, caerte, pero levantarte y no quedarte vencido por la adversidad.
Sentí una afinidad especial por el aporte y sentir de Marianne Williamson y los demás exponentes que enriquecieron la experiencia vivida por Adriana.
Me hubiese gustado, saber, en la conclusión, cuál fue la evolución de la condición, después de tanta lucha e infortunio.
Un libro donde la adversidad y el aprendizaje, hacen mancuerna especial.
Gracias, Adriana por compartir tu historia, una que suma, impacta, enriquece y que nos inyecta fe y resiliencia para superar los estragos de la adversidad.