La emocionante memoria en blanco y negro de una infancia singular «Conozco el bosque de memoria. En inglés, diría que me lo sé de corazón». Este libro es el viaje a una infancia vivida en Mantua, bosque cercano a Washington, D.C. y también la crónica de la lenta recuperación de los recuerdos de May, madre del narrador, perdidos en el bosque de la amnesia. La memoria de cada árbol saldrá como palabra o nombre, idioma español del pasado materno traducido al inglés de la niñez del autor. Jorge F. Hernández vuelve al bosque de su infancia y deja testimonio de la maestra que le acompaña en sus primeras letras y lecturas, del amigo infalible con el que conquista todos los senderos entre árboles y arbustos, allí donde el sueño americano también se puede convertir en pesadilla... Páginas de vida que no merecen el olvido. La crítica ha «¿Novela biográfica o autoficción? No sabría decirles. Lo que es seguro es que es una excelente historia llena de amor, amistad y malteadas». Élmer Mendoza, El Universal «Un ajuste de cuentas con la memoria y la infancia desde la literatura». Canal 22 (México) «En cada página se conjura al olvido y se llenan nuestros días de palabras y silencios». Nuevo Día «Junto al asombro deja ya un renovado gusto por el ejercicio de la memoria». Milenio «Una novela prodigiosa, es una bocanada de aire fresco que llega en el momento justo, en el que tanta falta hace respirar a fondo ». Periodismo hoy
Un libro muy personal, por lo tanto, muy especial.
“A floating forest, un bosque flotante que oscilaba siempre por encima del tiempo.”
“Escucha. Escucha que todo el bosque es música y no te marea la síncopa ni aturde polifonía ni enreda melodías la memoria que se va poblando de tonos y semitonos como colores de un mural que entra por los oídos para que tu mente cante a través del tiempo lo que te ayuda a no perderte por el bosque del olvido.”
“Escucha. Escucha que todo el bosque es música y no te marea la síncopa ni aturde polifonía ni enreda melodías la memoria que se va poblando de tonos y semitonos como colores de un mural que entra por los oídos para que tu mente cante a través del tiempo lo que te ayuda a no perderte por el bosque del olvido.”
“Lo que sabíamos ambos era que la novela que yo tenía que escribir se debatía delicadamente entre lo que en inglés llaman fiction y non-fiction, porque no era la crónica fidedigna de nuestras vidas ni la historia clínica y minuciosa de la amnesia de mi madre, sino la yuxtaposición de lo que el tiempo mismo había trastocado. Cada quien su bosque, como cada cual cultiva su memoria.”
"Vuelvo en sueños y despierto con los ojos cerrados; si volviera hoy mismo hay maneras de confirmar que el bosque que llevo en el recuerdo es el mismo que ha cambiado al paso de medio siglo"
Un libro muy íntimo y personal del autor sobre su época de infanta en Mantua, y en donde los acontecimientos que vivió tanto familiares, personales e históricos lo llevaron a escribir esta novela.
Un libro que habla del pasado, los recuerdos, un secreto, números, muy bien narrado, una historia que me hizo sentir sus momentos, sentimientos, amor y amistad. Lo recomiendo totalmente
“Conozco el bosque de memoria. En inglés, diría que me lo sé de corazón.”
Jorge F. Hernández nos lleva de viaje a su infancia, en el bosque de Mantua muy cerca de Washington, D.C. Este es un libro que recupera las memorias de Jorge y de su familia, especialmente las de su madre, May, a quien por muchos años la vida le arrebató los recuerdos a causa de un episodio de salud.
“A la fecha, escribo de madrugada quizá en espera de que todos los días vuelva mi padre.”
La maravillosa infancia de Jorge, repleta de paseos en bicicleta y juegos con sus amigos en medio del bosque, incluye las referencias a los muy [re]conocidos personajes de la época que Jorge y su padre conocen en el camino.
“Lo que intento con la novela es entender yo mismo la diferencia de los mundos, las variantes todas de la cambiante cultura norteamericana con las vidas diferentes que se me fueron abriendo con la cultura mexicana, la cultura en español y más ahora, en un Madrid tan ajeno al idioma inglés…”
La historia del gran a amor que su padre —piloto, locutor/imitador de voces y diplomático— tenía por su esposa May, es una de esas grandes historias de amor que existen fuera de las páginas de los libros, pero que muy pocos llegamos a conocer. Jorge habla del amor que vive en su hogar, con sus padres, su familia de Guanajuato que los seguía por el mundo, tratando de ayudar a May a encontrar su camino de vuelta a casa, y sus hermanas y hermanos, de sangre y por elección.
“Llevo años convencido de que las coincidencias no son más que pura agua de azar.”
Un escritor no nace, se hace, y Jorge nos deja ver cómo las letras se le presentan a través de una gran maestra, una familia en la que el Quijote y la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España son las lecturas en voz alta y un periodista del Washington Post que motiva a un par de niños a hacerse las preguntas adecuadas y a encontrar siempre la nota y una serie de historias que se van construyendo desde la infancia.
“…en el mural de una infancia vivida en el bosque de la memoria…”
Pero no todas las historias de la niñez son de color de rosa y Jorge nos cuenta uno de los episodios más aterradores que lo marca para siempre y que lo lleva a cargar con una culpa durante años. Los niños conocen la maldad cara a cara y esa pérdida de la de la inocencia los lleva por caminos lejanos al bosque de su infancia.
“Léela despacio. Lee a solas. Lee en voz alta y luego, si quieres, que la lea alguien…”
Entre letras maravillosas y el soundtrack de una vida (yo leí el capítulo Listen al menos 10 veces para encontrar las melodías), Jorge nos enseña que todos podemos encontrar nuestro camino de vuelta a casa, que los mejores amigos lo serán para siempre, que las memorias que llevamos en el corazón pueden resultar engañosas, que cada recuerdo tiene su idioma y que hay hechos reales que superan a la ficción.
“Cada quien su bosque, como cada cual cultiva su memoria.”
Podría ser que soy rebelde y leo a veces la obra de los autores de tal manera que no sigo el orden en cómo publican, empecé con Cochabamba y me gustó, ahora con un bosque flotante confirmo que me gusta cómo está escrita la novela, que me hizo imaginar la niñez del autor en Washington, su adolescencia en Guanajuato, me dolió la amnesia de May, me indignó y se me hizo nudo el estómago con el enigma del mal y uff ese final me dejó congelada.
Me encantan esos momentos que nos regala el autor desde su memoria, su bosque propio, encuadres, cristales en el tiempo, atmósferas, sonidos.
"Una novela no existe del todo hasta que es publicada y leída; no es que no tome en cuenta la lectura que hacen del manuscrito los amigos o los editores o los miembros del jurado para un premio, pero tengo para mí que la novela en realidad cuaja cuando es leída por alguien que la compra, que la recibe de regalo o que le cae en las manos en el inesperado vagón del tren de la vida. Entonces sí, todo lo que ha vertido el escritor —todo aquello que ya quedó aparentemente inamovible en tinta— empieza a moverse en la mente de un Otro. La tinta se vuelve palpable, los nombres toman cuerpo, las cosas se ven o se miden precisamente porque el que lee las confirma para hacerlas suyas".
No conocia ningún libro de Jorge Hernández, me encantó la manera en que narra su infancia, el juego que debe existir entre la ficcion y la no ficción. Es un libro hermoso que me hizo desear haber crecido en la época en que lo hicieron mis padres. que recierdos tan hermosos. El final me dejo sin palabras...
Una interesante novela biográfica que te inserta en dos lenguajes, inglés y español. Quizá por eso sea difícil conectar con ella. La prosa es muy descriptiva, con la gran detalle, con un estilo muy pulido pero con pocas frases memorables
Me pareció una linda manera de compartir su historia personal. Un lindo relato lleno de emociones, de esas que solo uno siente cuando es muy joven y que se quedan en el corazón.